01.08.2011

Burj Al Arab, el hotel más lujoso del mundo

Construido en una isla artificial, es un símbolo de la riqueza de Dubai. Cuenta con ocho restaurantes, uno de ellos bajo el agua. La suite real cuesta 28.000 dólares por noche. ¿Te tienta?


Quien haya pasado una noche en algún hotel cinco estrellas de una gran cadena como Hilton, Ritz-Carlton o Hyatt quizá esté convencido de que esa es la máxima elegancia a la que se puede aspirar. Semejante certeza quedó desmantelada el 1 de diciembre de 1999, cuando empezó a funcionar la torre Burj Al Arab, ni más ni menos que el hotel más lujoso del planeta.

Ubicado en el Emirato Arabe de Dubai, fue construido con la forma de un velero de 321 metros de altura, sobre una paradisíaca isla artificial. Paredes de oro, ocho restaurantes -uno de ellos submarino-, cuatro piscinas, un parque acuático propio y habitaciones de hasta 780 metros cuadrados, a un costo que arranca en los 1.700 dólares la noche, le valieron una categorización que revolucionó el sector turístico: con el Burj Al Arab nacieron los inalcanzables siete estrellas.

Para ubicarnos en el mapa, vale decir que Dubai es uno de los siete miembros federados de los Emiratos Árabes Unidos (EAU), el tercer mayor país exportador de petróleo del mundo. Sin embargo, a diferencia de Abu Dhabi, donde se concentra más del 90% de las reservas, las principales fuentes de ingreso de Dubai son el turismo y el sector de la construcción.

Se trata de uno de los países con mayor renta per cápita del mundo, con una tasa de desempleo oficial de 0%, y que en 2010 fue visitado por 15 millones de turistas. Este paraíso de negocios inmobiliarios tuvo como gran impulsor en los años 90 al jeque Mohamed bin Rashid, responsable personal de haber iniciado el desarrollo del Burj Al Arab, el cuarto hotel más alto del mundo (el primero es el Park Hyatt de Shanghai, con 492 metros de altura) y un ícono en sí mismo.

Sobre el mar del Golfo Pérsico, conectado a la playa de Jumeirah por una carretera de 300 metros, este hotel no sólo imita la figura de un dhow (un tipo de navío árabe), sino que desde un principio quiso simbolizar la transformación urbana de Dubai en las últimas dos décadas. Además, su locación específica fue elegida para que la torre no haga sombra sobre la costa, donde está emplazado un exclusivo balneario.

En verdad, el establecimiento fue catalogado como siete estrellas porque no había forma de “medir” tanto lujo. Todos los hoteles tienen una clasificación que va de una a cinco estrellas o “cinco estrellas superior” (también denominado seis estrellas). Lo cierto es que el Burj Al Arab inventó un nuevo casillero que pocos pudieron imitar, una categoría de excelencia nunca antes vista. Actualmente, son sólo cuatro los hospedajes en todo el mundo que pueden jactarse de tener siete estrellas.

LUJO ASIATICO, LITERALMENTE
Para imaginar cómo es un cuarto del Burj Al Arab, hay que olvidarse de todos los hoteles que uno haya conocido. Esta torre cuenta con 202 suites dobles en 27 pisos y la más pequeña tiene 169 metros cuadrados, o sea la superficie de un departamento de cuatro ambientes en Buenos Aires. En cambio, la más grande mide de 800 metros cuadrados.

Dentro de las suites, el hotel distingue entre 142 habitaciones de lujo, 18 suites panorámicas, 4 suites club, 28 suites dobles, 6 suites de tres camas, 2 presidenciales y dos reales. La mayoría de las unidades tiene cine privado, ascensor personal, notebook propia (decir que hay wi fi sería una obviedad imperdonable), tres televisores plasma de 42 pulgadas, 10 teléfonos, un jacuzzi del tamaño de una laguna y cinco mayordomos abocados al room service de cada cuarto.

La decoración interior del edificio estuvo a cargo de la diseñadora china Khuan Chew. Las instrucciones que el propio jeque de Dubai le dio a Chew para el diseño de las suites y el atrio eran “generar un impacto innovador nunca antes visto”. Para lograrlo, se utilizaron cantidades impensadas de mármol de Statutario (el mismo que empleó Miguel Angel para sus esculturas) en la recepción; mármol de Carrara para paredes y pisos, piedras preciosas del norte de Italia, mosaicos árabes, terciopelo, 8.000 metros cuadrados de láminas de oro de la India y unas 30.000 luces.

Siete meses antes de la inauguración, el jeque visitó el hotel para dar su veredicto. La majestuosidad de las suites cumplió sus expectativas de demostrar lujo real y grandeza, pero, al ver el atrio pintado completamente de blanco, se puso furioso con Khuan Chew. La decoradora tuvo que rediseñar el vestíbulo, añadir brillantes colores en el techo, fuentes de aguas danzantes, un espectáculo de luces multicolores y acuarios gigantes.

TV COLOR, FRIGOBAR Y ALGO MAS
Enumerar los servicios del Burj Al Arab es una misión imposible. Sólo podremos reseñar algunos de ellos. Diremos que posee ocho restaurantes y lounges, entre los que destacan el Al Mahara, ubicado bajo el mar, con una increíble vista subacuática a través de un vitral en forma de acuario, en el que curiosean peces de colores.

La especialidad en el salón -no podía ser de otra manera- son los pescados y mariscos; diariamente llega al restaurante el salmón de Escocia, además de champiñones de Francia y fresas de Japón. La especialidad es un excéntrico postre recubierto con láminas de oro. Una cena para dos personas en uno de los restaurantes del Burj Al Arab no baja de los 1.000 dólares (no incluye bebida, ni café).

En el último piso funciona otro de los restaurantes, el Al Muntaha, con una vista inigualable sobre Dubai, ya que está emplazado sobre una plataforma que se extiende 27 metros a cada lado del “mástil” de esta torre-velero. Sólo se tiene acceso al salón a través de un elevador panorámico.

Si hablamos de altura, hay una historia para contar. En teoría, este hotel había sido concebido para tener 320 metros, pero el arquitecto, Tom Wright, prefirió hacerlo de 321. Meses después de terminado el Burj Al Arab se conoció la existencia de un hotel en China que medía 320 metros. Por eso se dice que Wright se estiró “un metrito más”.

A BECKHAM LE GUSTO
Los huéspedes también cuentan con el Asawan Spa & Health Club, cuatro piscinas (dos interiores y dos exteriores), un parque acuático propio, cancha de golf, el Wild Wadi Water Park, y un balneario privado: la exclusiva playa de Jumeirah. El transporte no es un problema, ya que todo aquel que se aloje en el hotel tiene derecho a elegir entre un BMW, un Rolls Royce (aquí descansa la mayor flota de autos de esta marca en el mundo) o un helicóptero, que aterriza en la terraza misma del Burj Al Arab, en donde también hay una cancha de tenis. Hace unos años, Roger Federer y André Agassi filmaron allá arriba, a 321 metros de altura, un spot publicitario para promocionar el circuito tenístico profesional. La broma que hacían era quién buscaba la pelota si se iba afuera.

Por supuesto, el status de los clientes hace honor al lujo del establecimiento, ya que en su mayoría se trata de millonarios y celebridades de todo el mundo, entre ellas el ex presidente norteamericano, Bill Clinton. En 2009, David Beckham y su esposa descansaron cuatro días en la suite de u$s 28.000 la noche (¡saquen la cuenta!).

Pero, más allá de esta selecta clientela, el hotel intenta promocionar paquetes de dos o tres días, a precios no tan astronómicos (u$s 1.000 la noche para empezar a hablar), con el objetivo de atraer nuevos huéspedes de los cinco continentes. Quienes no puedan afrontar ese desembolso también tienen la opción de visitarlo, pagando los u$s 70 que cuesta el tour guiado.

Burj Al Arab pertenece al grupo Jumeirah, miembro del Dubai Holding, uno de los grupos empresariales más importantes de Emiratos Arabes Unidos y propiedad del mencionado Mohamed bin Rashid, cuyo patrimonio asciende a u$s 12.000 millones, según la revista Forbes. Además de este hotel en Dubai, Jumeirah es dueño de establecimientos de lujo en Nueva York, Frankfurt, Shanghai, Maldivas y Londres.


Por José Barki

 

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