28.05.2011

Chinos veggie: el boom de las rotiserías chinas vegetarianas

Ofrecen comida rica, sana y barata, y son una opción cada vez más popular para los almuerzos de oficinistas en el microcentro.


No están en ninguna guía de restaurantes, no se las ubica fácilmente en los buscadores de Internet, ni hacen publicidad en las oficinas, pero se convirtieron en una de las primeras opciones para almorzar en el microcentro. Las rotiserías chinas vegetarianas son una máquina de captar oficinistas hambrientos, hartos de pagar $35 por milanesas refritas o $20 por tartas llenas de harina y queso de mala calidad. Muchos seguirán eligiendo cadenas de fast food o panchos callejeros, pero para quienes buscan una comida sana, a buen precio y sin tener que esperar una eternidad, la solución viene desde la China en bandejitas descartables.
 
Surgieron hace dos años ofreciendo algunos pocos platos dentro de los supermercados chinos, que aprovechaban su infraestructura y su personal. El negocio no tardó en prosperar y los arrolladitos primavera y el chow mien le hicieron lugar a más de cincuenta platos a base de soja, seitán, verduras, arroz y fideos, e incluso a algunos postres y dulces típicos orientales.

Pronto los mismos dueños de estos supermercados (en su gran mayoría integrantes de la CASRECH - Cámara de Autoservicios y Supermercados Propiedad de Residentes Chinos) comenzaron a abrir locales destinados exclusivamente a las rotiserías, muchas veces reformando un restaurante cerrado y poniéndolo en condiciones, otras adaptando los espacios de un local propio que ya funcionaba, y los más arriesgados, empezando de cero.

El modelo de negocio es sencillo: apuntan a la venta en volumen y a bajos precios en ubicaciones estratégicas. Hoy funcionan alrededor de 40, casi todas ubicadas en distintos puntos del centro porteño. Sólo en la zona que comprende las avenidas Carlos Pellegrini, Leandro Alem, Santa Fe y Rivadavia hay más de quince. El resto se distribuye en otros barrios como San Nicolás, Balvanera, Villa Crespo y hasta Recoleta.

Miguel Calvete, secretario general de la CASRECH, explica el secreto de su competitividad. Por un lado, la venta de comida por peso (un modelo importado de Brasil). Por otro, las compras de insumos en pool o grupales mediante redes y cooperativas que realizan la operación, sobre todo, de productos de alta rotación. “El pedido en conjunto permite negociar el precio”, explica. ¿El resultado? Todo más barato y los bolsillos agradecidos.

LUGAR FEO, COMIDA RICA, PRECIO BAJO
Con una decoración que roza lo kitsch, grandes vidrieras y marquesinas con fotos de platos superpuestos que harían llorar a un diseñador gráfico, estos lugarcitos nos recuerdan a los casi extintos tenedores libres chinos que décadas atrás nos deleitaban con sus generosas cordilleras de langostinos y palmitos por ocho pesos. La diferencia es que la crisis dejó su huella: los precios de la carne las obligaron a hacerla desaparecer (junto con las mesas del salón) y a subsistir vendiendo comida por kilo en bandejas descartables, que se llenan, se pesan y se cobran en pocos minutos.

Carlos Chen, dueño un restaurante, un supermercado y la rotisería Nuevo Siglo, abrió su local sobre la calle Maipú hace unos ocho meses. “La gente tiene menos plata y este tipo de comida resulta barata. Los platos los arma el cliente y elige si quiere comer mucho o poco. Tenemos un cocinero chino que hace platos chinos, japoneses y argentinos”, explica.

Los precios van desde $26 hasta $33 el kilo y no varían de acuerdo a la calidad de la comida, sino dependiendo de la ubicación del local y de los valores de alquiler en cada zona. En promedio un hombre come 400/500 gramos y una mujer ronda los 300, por lo que almorzar puede salir entre 9 y 15 pesos, muy lejos de los 25 a 45 que sale un menú ejecutivo o un plato del día en cualquier restaurante del centro. Además, la venta por peso permite comprar y pagar únicamente lo que se quiere comer, evitando desperdicios o tener que ponerse de acuerdo con compañeros para compartir un plato grande o una pizza.

BANDEJA LLENA, CORAZON CONTENTO
Otra ventaja de las rotiserías es que hay mucha variedad y uno no termina almorzando “todos los días lo mismo”. Las combinaciones van cambiando por temporada y se acomodan a los precios de las verduras. Los zapallitos desaparecen cuando suben a $15 el kilo, la calabaza emerge violentamente en invierno y el ají va y viene de los salteados de acuerdo a cuánto cotice en el mercado central. Los rotiseros se encargan de cocinar con productos de estación, cambiando de ingredientes.

La constante es el gran número de alternativas. Mientras que las mujeres suelen inclinarse por soufflés de brócoli, zanahorias o choclo; escalopes de seitán; verduras al vapor y ensaladas; los hombres, mucho más desconfiados y en general más voraces, se inclinan más por los clásicos chow fan, chow mien, salteados de vegetales, calamares fritos y arrolladitos primavera. En muchos lugares también hay sushi, pero teniendo tantas opciones baratas y con delivery sin cargo en la zona (SushiPop, SushiPhone, CheSushi), quizás no sea la mejor opción.

Si bien ninguno de estos locales está cerca de ser una sucursal del barrio chino, en algunos la reminiscencia oriental está presente. Happiness House (Rodríguez Peña 1026, Recoleta), por ejemplo, ofrece platos poco usuales para un almuerzo de semana, como huevos negros o preparaciones con algas. Muchas rotiserías venden también jugos en lata de sabores novedosos como jazmín, lychee o calabaza verde. Y, para el postre, a veces hay helados coreanos en palito marca Melona: un verdadero hit, especialmente el de mango.

Como sea, las preparaciones son siempre del día y basta ir con en horas pico a cualquiera de estos locales para ver cómo, haciéndose lugar entre la multitud, llegan constantemente bandejas humeantes repletas de comida recién hecha a reemplazar las ya vacías. Incluso, si uno presta atención, muchas veces se puede oír desde el salón el constante crujido de la cebolla salteándose en la cocina mientras decenas de oficinistas eligen su almuerzo.

TAMPOCO SON LA BOURGOGNE
Sin embargo, no todas son flores para los chinos. El horario, por ejemplo, es todo un tema. Si se te hizo tarde para bajar a comprar comida y pensabas zafar con una de estas bandejitas, olvidate. Las rotiserías abren promediando las 11, pero entre las 12 y las 13.30 un aluvión de termitas arrasa con lo que encuentra a su paso, agotando absolutamente todo lo que se preparó. Pasado este horario, con suerte vas a poder encontrar un poco arroz, la salsa con dos o tres pedacitos de cebolla que alguna vez fue un salteado y la ensalada mixta achicharrada en una esquina.

Por otro lado, si buscás variedad, las rotiserías instaladas en supermercados se quedan a mitad de camino. No ofrecen tantas opciones y, pese a tener frutería y verdulería en las góndolas próximas, las ensaladas no siempre están frescas y las frutas son de lata. De todos modos, los que están en Suipacha 121, Suipacha 935, Lavalle 130 y Tucumán 824 sirven para salir del paso.

El aroma tentador de los vegetales salteados tampoco es inocente y deja su marca. Algunas rotiserías tienen en el fondo unas pocas mesas para comer ahí mismo, aunque sólo es recomendable utilizarlas si no te preocupa pasar el resto de la tarde oliendo a chop suey.

Hay que estar atento, además, porque las frituras abundan, y si bien es cierto que son mejores que las de muchos restaurantes, con varias horas por delante hasta que termine la jornada laboral, un hígado quejoso o un estómago repleto de adoquines pueden hacer que la tarde se haga eterna. A menos que tengas una salita con sillones cómodos en un rincón de la oficina, mejor no abusar.

De todos modos, la honestidad gastronómica, los precios anti-inflación y la cercanía a casi cualquier oficina en el centro porteño hacen de estos prósperos lugares una elección cada vez más frecuente entre quienes trabajan en la zona. Y si estás tentado pero no solés cruzar la 9 de Julio, no te preocupes. Es probable que pronto tengas una en tu barrio.

Aquí, 4 recomendados:

1. Pekín
Una de las más grandes, concurridas y variadas del microcentro. Como no les alcanzan sus tres enormes islas con platinas, ponen platos y bandejas llenas sobre el vidrio que las protege. Parece imposible salir una vez adentro, pero la fila para pesar y pagar avanza a buen ritmo.
(M.T. de Alvear 430)

2. Rotisería Vegetariana Tucumán
Con más de 50 opciones para elegir, tiene platos vegetarianos que difícilmente encuentres en otros lados. Hay bebidas y dulces chinos y también un bizcochuelo sin huevo ni manteca. Además, tienen helados Melona.
(Tucumán 719)

3. Nuevo Siglo
Gran variedad de ensaladas que combinan colores y sabores a la perfección. Se puede elegir también entre una interesante variedad de platos chinos, japoneses y algo de argentinos. Paso obligado para los oficinistas de la zona.
(Maipú 349)

4. Zen y Ever Green
Apenas seis cuadras separan a Zen de Ever Green. Ubicados estratégicamente por el mismo dueño en Villa Crespo, ambos locales ofrecen también platos bajos en calorías, colesterol y sodio.
(Malabia 543 y Frias 378)

Por Maximiliano Kupferman

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