13.08.2014

Cocineros Argentinos: el programa de cocina más visto de la TV nacional

El magazine conducido por Guillermo Calabrese tiene la mayor audiencia de la televisión gastronómica local. Un suceso mediático que derriba el muro clasista del acceso a los fogones.


A fines de 2008, la firma Kapow delineó con los directivos de Canal 7 un proyecto de programa gastronómico cuyo contenido vinculara a todos los argentinos por igual. “Cuando la tendencia apuntaba a lo gourmet, nosotros quisimos rescatar la idiosincrasia. Una vuelta a la cocina clásica de todos los días”, rememora Agustín Sacanell, socio director de la productora del ciclo. “También nos dimos cuenta que existía una necesidad de servicio, de que el programa fuera útil y ese fue el gran atractivo para el público”.

La primera emisión de Cocineros Argentinos salió al aire el 5 de enero de 2009 y, desde entonces, se propone como una “crónica gastronómica federal”. El chef mediático Martiniano Molina fue el frontman desde la primera hornada hasta su abrupto paso a cuarteles de invierno. Ya con la batuta de Guillermo Calabrese, con sus pergaminos como director académico del Colegio de Gastronomía, formación clásica de escuela francesa y 40 años en el tinglado, el programa se mantuvo fiel al formato de magazine. Cada año innova con pequeños aggiornamientos para vehiculizar la fidelidad y asumir los retos de las plataformas digitales, cuyos números, ciertamente, apabullan. La página web (www.cocinerosargentinos.com) recibe 2 millones de visitas mensuales y la de Facebook apila 470.000 seguidores ávidos de pispear los platos del día.

PLENA VIGENCIA
En su sexta temporada, Cocineros Argentinos, que se emite de lunes a vienes a las 11 de la mañana y los domingos desde las 14 horas, agrega secciones y ensancha su menú, aunque las buenas nuevas refuerzan los mandamientos de la receta original, cosecha 2009: el rescate de los platos propios de cada región, sus costumbres y afinidades culinarias a ritmo de verbena desatada de domingo. Las marcas de la casa que convirtieron a la emisión en un fenómeno de masas.

En el espectro cada vez más amplio de programas de cocina en la grilla de TV abierta y por cable, el ciclo puede presumir de haberse convertido en un clásico de las mañanas y mediodías de la semana con una propuesta que reafirma año a año un cuño federal. Su zona de influencia es una hoja de ruta que atraviesa la General Paz hasta los confines del mapa, sin peajes de frontera ni pleitesías a las metrópolis. El interior es proveedor de historias, color y materia prima, y  la gastronomía es algo más que un pasatiempo burgués. Uno de los méritos de Cocineros Argentinos, niña de los ojos de la TV Pública, es su prédica por desentrañar las complejidades de este submundo a los televidentes del llano. Su target es la gente corriente, sean laburantes, sean Doñas Rosas o incluso foodies con libreta Moleskine que miran de reojo las proclamas encendidas de Calabrese, Juan Braceli, Ximena Sáenz, Juanito Ferrara y la troupe de 50 miembros de la producción en bastidores.
 
Con el humor como contraseña y en un ambiente distendido, el elenco apela a la fórmula del entretenimiento para desandar en cada emisión el vasto patrimonio de sabores autóctonos, ya sea desde el estudio o con móviles en directo desde todo el país. Cada plato puede alumbrar el relato que revele los secretos de una comarca y las razones que forjaron su paladar, apuesta que reivindica la cocina con denominación de origen con una ventana abierta a la posteridad. El acervo está ahí para escanearlo, ponerlo al día y traducirlo a las nuevas necesidades de la modernidad o adaptarlo al bolsillo, si así fuera necesario.

El exacto reverso, a fin de cuentas, de muchas de las ofertas televisivas al uso: los programas de postín con insumos a mil euros la onza o mobiliario de pedigrí, los concursos que domestican la pasión y exponen las miserias de potenciales déspotas con delantal. Cocineros Argentinos se apoltrona lejos del arquetipo del chef como acelerador de partículas y aún más de los berrinches endogámicos del sector, tan presto a mirar con caridad a los plebeyos de las ollas y sartenes.  

A contramano de ese imaginario arraigado en los últimos años, aquí la gastronomía es arte y oficio entrelazados. El contenedor de saberes acumulados por la especie en su derrotero por el mundo.



A VER ESAS PALMAS

Los maestros Guillermo Calabrese y Juan Braceli capitanean la caravana de la alegría sin necesidad de alardear de sus galones. Ximena Sáenz se revela pizpireta, Juanito Ferrara añade picardía y todos los demás acompañan en la misma frecuencia con el groove de fondo de una cumbia santafecina. A todos les sobra paño y carnaval para bailar mientras revuelven una cacerola. Alquimia asentada en las doce horas semanales de convivencia en vivo, en las que instruyen sobre las potencialidades de un azotillo, la fórmula de la tarantela, la historia del revuelto gramajo, los fundamentos de una buena pastafrola y unas cuantas verdades más que a fuerza de repetición se marcan a fuego en la memoria de los televidentes.

 

En cada reportaje de difusión, los conductores se encargan de declamar que el programa apunta a la familia, con un lenguaje directo e impermeable a cualquier tendencia de sofisticación. Incluso se entregan al juego de lucir ataviados como gauchos de la Pampa Húmeda. Sin embargo, mal que les pese, pueden jactarse de haber refinado el paladar y las dotes culinarias de gran parte de su público, al menos aquellos a quienes este cronista conoce de primera mano. Los platos, sencillos, muchas veces son sutilmente aderezados con toques contemporáneos, como para certificar que la cocina también es una entidad en transformación, un camino que boceta paso a paso la tradición de mañana.

 

Fieles al eslogan del programa, “Todos somos cocineros”, el set es un cortejo de chefs en grado de tentativa, amateurs y talentos vocacionales. De las hamburguesas caseras del humorista Fabio Alberti a la paella valenciana del secretario general del gremio de los taxistas, José Ibarra, muchos platos dan cuenta de las habilidades cultivadas por cualquier hijo de vecino, pruebas del legado de cientos de historias cocinadas a fuego lento en la última centuria. Los responsables de la producción abrevan de esa amalgama de sabores de barrio, depositarios de la mezcla de criollos, italianos, españoles, originarios, moros o judíos, reelaborados con gracia en la previa del almuerzo, como recordatorio de los que fuimos y comeremos.

 

TODOS LOS INGREDIENTES

Como esos restaurantes con menús de hojas sábanas, “Cocineros Argentinos” apuesta este año a una programación que cubre todos los frentes de la gastronomía a pie de calle. En 2014, el programa lanzó la segunda edición de su concurso “Buscando al Cocinero Argentino”, que recorre las 24 provincias argentinas en un random federal en procura de los mejores exponentes de la cocina del país. De esta convocatoria surgirá un representante de cada provincia que participará en un certamen televisado para convertirse en el Nuevo Cocinero Argentino. El año pasado, la jujeña Amancay Gaspar fue elegida ganadora a partir del voto del jurado y del público, en la final realizada en el Festival Raíz, el evento gastronómico con sede en Tecnópolis.

 

Más allá de invitados ilustres, anónimos y especialistas, este año el programa ofrece otras secciones: a tono con la semántica de las redes sociales, en “La receta dictada”  los televidentes pueden enviar preparaciones de sello propio y conversar vía Skype con los cocineros para delinear los platos. En “Receta en 140 caracteres”, se apela al envío de recetas vía Twitter. En “Platos en 5 pasos” se preparan recetas sencillas y rápidas; en “Esperando el fin de semana”, al comienzo de cada semana con intervalo de 15 días, se solicita al público que vote una opción entre tres platos, vía internet, y la ganadora se elabora el viernes junto a un cocinero invitado. Las celebridades comparecerán en el segmento “Le damos el gusto”, una excusa para cocinarles sus platos favoritos de la infancia. Para los que cortan clavos para llegar a fin de mes, la sección “Súperahorro” enseña cómo rebuscárselas con gangas de ocasión –y verduras de estación–. Los apurados y ansiosos tienen su momento con “10 minutos”, preparaciones relámpago con cuenta regresiva, y con “Recetas faciletas”, contribución de Juanito al ahorro de tiempo.

 

Las querencias continentales están presentes en la sección “Latinoamérica x cocineros” y las globales en “Cocina sin fronteras”. En ambos casos se remixan recetas con productos o sucedáneos que se encuentran en las góndolas argentinas. El toque sostenible no podía estar ausente y tiene su espacio en “Día de reciclado”, con platos hechos a partir de ingredientes que sobraron del día anterior. En “Alimentación y salud” y “Platos que ayudan” se ofrecen tips aquellos que padecen hipertensión, colesterol y celiaquía, entre otros achaques. Y en “La receta paralela”, el chef Pablo Martín brinda versiones light de platos portentosos. Como para que nadie se quede sin probar.  

 

TAMBIÉN EN PAPEL

Como suele ocurrir, un fenómeno de este talante disparó su versión impresa. El libro “Todos somos cocineros argentinos”, editado por Planeta, va por su segunda edición. Ya se vendieron 100.000 ejemplares de su formato original en librerías y de su variante reducida para supermercados. El volumen de recetas se posicionó en el top 5 en el rubro “no ficción” y en el tercer puesto del ranking de ventas de la editorial. Este año, además, el programa lanzó un suplemento de cocina que resume las mejores recetas del ciclo junto al Diario Popular de los viernes, con una tirada de 100.000 ejemplares y picos de venta para el periódico.

 

Por Aníbal Mendoza

 

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