18.06.2019

Comer en comunidad: las mejores propuestas de los centros y clubes de inmigrantes

Los clubes y centros culturales que se establecieron con la llegada de los inmigrantes son una excelente manera de descubrir la gastronomía de esos países; te contamos cuáles son los mejores.


Con la llegada de los inmigrantes de diferentes países del globo se instalaron en la ciudad de Buenos Aires clubes y centros culturales como punto de encuentro de las comunidades. Allí se practican deportes, se aprenden idiomas, se bailan danzas típicas y por supuesto se pueden disfrutar en sus restaurantes de recetas tradicionales (esas que trajeron bajo el brazo en un barco desde tierras muy lejanas) 

En esta nota armamos un recorrido especial con opciones de platos suculentos, con recetas de antaño y vistas privilegiadas para que puedas viajar con los sabores del mundo. 

Pintxos y sidra tirada en uno de los centros vascos más antiguos del mundo. 

En el barrio de Monserrat se encuentra el centro vasco Laurak Bat de Buenos Aires, el más antiguo del mundo fuera de su región. Fue fundado el 13 de marzo de 1877 como un lugar de encuentro de la comunidad vasca y aún hoy mantienen sus tradiciones bien arraigadas. “Buscamos transmitir y compartir nuestras tradiciones en todas sus facetas culturales: hay danzas vascas, euskera (el idioma vasco), un coro, una gran biblioteca (que es la biblioteca más importante de volúmenes vascos fuera del País Vasco) y cancha de pelota”, cuenta Arantxa Anitua, presidenta del Centro a Planeta Joy. La comida también está presente porque en la planta baja se encuentra el restaurante: Amalur (que significa “tierra madre” en euskera) en donde se pueden disfrutar de los sabores tradicionales de la cocina vasca con una vuelta de tuerca interesante. 

Las paredes del salón están pintadas de rojo intenso, hay obras del escultor Benjamín Solari Parravicini y en el centro del salón, custodiado con una vitrina de cristal, se encuentra un retoño del árbol de Guernica. 

Una de las grandes estrellas del lugar es la imponente barra repleta de pintxos de los más variados, tanto fríos como calientes, que se preparan con productos de estación como la txistorra, anchoas, queso de oveja o los vegetales en conserva. Los miércoles es el día ideal para ir porque desde las 19 hasta las 21 hay barra libre de pintxos por $250. 

El fuerte de la casa son los pescados y los mariscos. Para arrancar les aconsejamos pedir la cazuela de Txipirones (calamares pequeños) salteados en tomates y cebollas confitadas. Y acompañarlos con los hongos salteados en manteca y ajo que se coronan con una yema de huevo bien jugosa. (Es ideal para los que les guste romper la yema del huevo, porque traen pan para justamente hacerlo). La tortilla de papas tiene fama de ser una de las más sabrosas de Buenos Aires. 

Para el momento de los platos fuertes, un clásico es el arroz caldoso con txistorra, mariscos y pollo. Para beber tienen caña (cerveza) y sidra tirada y una gran variedad de gins nacionales e importadas (28 etiquetas) para preparar a elección del comensal su gin tonic preferido. Dentro de los cócteles les recomendamos el Ketua que trae Gin, Tónica, Vermut Ahumado, Angostura, Naranja. También es muy sabroso el Euskaldun con 120 Vermut seco y Rosso, Angostura, Maraschino, Limón. Para terminar el viaje por los sabores vascos no duden en pedirse la famosa tarta vasca, una tarta con masa de almendras rellena de crema pastelera al ron, acompañada con coulis de naranja

Amalur
Restaurante de cocina vasca del Centro Vasco Laurak Bat
Av. Belgrano 1144- Monserrat.

Películas argentinas y tortilla babé en Club Centro Montañés

El restaurante del Club Centro Montañés fue en más de una oportunidad set de programas de televisión y películas. Una de las más recordadas son las escenas del “El hijo de la novia” con Ricardo Darín en la que su personaje hereda un restaurante y tiene que hacer malabares para llevarlo adelante. El club fue fundado por inmigrantes españoles en el año 1923 y desde 1935 se trasladó a su actual edificio de piedra y con una gran puerta de madera que le dan su impronta de fortaleza al mejor estilo español. Aún hoy se puede practicar el pelota paleta y tiene un salón exclusivo para jugar a las cartas. Para algunas celebraciones se arman danzas especiales montañesas.

Al mejor estilo español las porciones son generosas. Para los que quieran comenzar probando un poco de todo, la mejor opción es ir por la variedad de tapas. Dice que es para dos personas, pero bien se puede compartir entre tres. Incluye tortilla con hongos a la provenzal, pan con ajo, tomates secos y jamón crudo, chorizo a la sidra, muzzarella con anchoas y olivas y salmón ahumado con alcaparras. Se destaca la tortilla a la española que sale bien babé y con el toque especial del chorizo colorado. “La clave es la cocción de la papa en su punto justo. Cocida, pero blanca y que no llega a dorarse. Trae papa, huevo, cebolla, chorizo colorado, sal y pimienta”, explica Guido Calandra Taboad quien, junto a su hermano, está al frente del restaurante. También recomendamos las gambas al ajillo. 

Para los amantes del pescado, el lugar es ideal para pedir la paella de mariscos que incluye gran variedad de calamares, camarones, vieyras y mejillones. De postre, natillas. Además, no duden en pedir la tarta Santiago (muy tradicional en Galicia) que está hecha con una receta casera de harina de almendras, azúcar, huevo, especias y queda muy esponjosa.

Club Centro Montañés
Jorge Newbery 281- Colegiales.

El smörgåsbord, el buffet sueco más completo 

En el mismo edificio donde se encuentra la Iglesia Nórdica de Buenos Aires hay un restaurante que vale la pena descubrir: el del Club Sueco. La fachada de ladrillos y una imponente puerta de madera los sorprenderá en pleno San Telmo. Al ingresar, llega la calma. A la izquierda se encuentra la Iglesia que data del año 1945, con sus imponentes imágenes, vitroux y órgano. Y a la derecha, el restaurante con su distintivo cuadro del puerto de Estocolmo con embarcaciones. “Lo que nosotros queremos representar es a la cocina tradicional sueca, es decir, como preparaban las abuelas los platos en la casa. Una de las opciones más distintivas del lugar es nuestro smörgåsbord, el clásico buffet sueco con variedad de opciones de pescado, platos salados, dulces, etc que preparamos los jueves y viernes por la noche”, cuenta el chef Martín Varela, quien junto a Nancy Sittmann tienen hace años la concesión del restaurante. 

El smörgåsbord que preparan los jueves y los viernes por la noche a partir de las 20 trae de todo. Cada uno de los platos están desplegados en una enorme mesa para que el comensal elija a su gusto. Hay desde Raggmunk (tortilla de papa) que se prepara con papa rosti y no lleva huevo ni harina, Biff à la Lindström (hamburguesa con alcaparras y remolachas agridulces), köttbullar (albóndigas de carne y de cerdo), variedad de lacha con sus distintas salsas: a la crema, mostaza y salsa de tomate, salmón ahumado y gravlax casero, paté de cerdo con papines y remolacha hasta variedad de ensaladas y fiambres. Además, de los característicos postres incluidos como los Kanelullar (rollos de canela) y los panquequitos con lingonberry (grosellas rojas). Todo esto acompañado de un dúo de jazz en vivo. 

También sirven desayunos y almuerzos con platos que van rotando según el día. Un clásico son los sándwiches nórdicos (se presentan abiertos) con su distintivo pan de centeno. Los sábados hay brunch con buffet e incluye gran variedad de opciones dulces y saladas. Cuando el clima acompaña, está la opción de disfrutarlo en el jardín. Un consejo: reservar para las cenas de los jueves y viernes ya que suelen llenarse. Y no dejen de probar el aquavit, un agua ardiente que preparan con una receta casera con especies. 

Club Sueco
Azopardo 1428- San Telmo.

 

Smørrebrød, sándwiches daneses con vista privilegiadas. 

El restaurante del Club Danés es otra joyita oculta en pleno centro de la ciudad y su vista también es digna de admiración. Se encuentra en el mismo edificio de la embajada de Dinamarca por eso, tiene un horario de oficina: está abierto de lunes a viernes de 12 a 15h en el piso número 12 y funciona desde el año 1964. “En Dinamarca para almorzar se suelen comer los “smørrebrød”, que literalmente significa panes enmantecados”, cuenta Santiago Macagno, quien junto a su amigo Eduardo Marenco, están al frente del restaurante desde 1994. Estos sándwiches son abiertos, se sirven al plato y tienen la curiosidad de que se comen con cuchillo y tenedor. Todos traen pan de centeno casero de la casa. Se destaca el de salmón ahumado con crema agria, el arenque marinado danés con aros de cebolla y el de cerdo con pepinillos y repollo colorado agridulce. Para un almuerzo con dos “smørrebrød” sería una porción abundante. 

Ofrecen cuatro platos del día de los cuales uno es siempre dinamarqués. Como el Frikadeller, unas albóndigas de cerdo con papas, salsa marrón, repollo colorado agridulce o el sabroso Biksemad con dados de carne de ternera y cerdo salteados con dados de papas y cebollas que siempre salen acompañados con pan de centeno enmantecado, remolachas agridulces y un huevo frito. De vez en cuanto toca Fiskekarbonader, unos medallones empanados de merluza, papa y panceta; con arvejas y zanahorias en salsa blanca. Para terminar el viaje de los sabores, no hay nada mejor que el Ris a l’amande un arroz con leche dinamarqués que trae crema batida, almendras y salsa de frutos rojos. A la hora de brindar, prueben el Akvavit Aalborg, un aguardiente característico dinamarqués. 

Club Danés

Leandro N. Alem 1074 piso 12- Retiro

Sushi y ramen entre peces Kois y bonsáis en pleno Jardín Japonés de Buenos Aires. 

El Jardín Japonés fue inaugurado el 17 de mayo de 1967 y desde entonces sorprende a sus visitantes con sus imponentes vistas, puentes y peces Kois de color anaranjado como predominantes.  En el inmenso jardín repleto de árboles y plantas orientales, se encuentra una biblioteca, un centro cultural y el vivero con sus clásicos bonsáis. Para continuar el recorrido por la cultura nipona, nada mejor que conocer su restaurante que se ganó fama por el sushi. Sin embargo, tiene varias opciones más allá de los sashimis y los rolls.

Un imperdible son las vieiras (traen cinco unidades) marinadas con mantequilla y gratinadas con queso parmesano. El Tokoyaki pulpo también es sabroso y viene acompañado con papines fritos y guacamole de wasabi. Los que quieran probar el famoso wagyu (raza bonina originaria de Japón) tienen la posibilidad de pedirse un bife angosto sellado a la plancha con puré de batata, verduras salteadas y ajo frito. El sushi lo preparan en el momento y a la vista del comensal. Ofrecen gran variedad de sashimi con lomo de atún rojo, pescado blanco y salmón rosado fresco. Así como nigiri y temaki. La versión premium viene servida en un barco con 75 piezas combinadas. De postre, no se pierdan el tempura Aisu, una masa finita frita rellena de helado de crema americana y para terminar té verde al mejor estilo japonés. Recomendamos pedir una mesa cerca de la ventana y contemplar las vistas del jardín. 

Restaurante del Jardín Japonés.
Av. Casares 2966- Palermo

Una vista panorámica en el Zirkel del Club Alemán de Buenos Aires. 

Fundado en el año 1855, el Club Alemán de Buenos Aires (DK) siempre fue sinónimo de elegancia. De hecho, hubo una época en que los socios iban de traje y galera. Hoy, luce distinto y más descontracturado. Uno de los imperdibles se encuentra en el piso 22: el restaurante Zirkel con su vista panorámica a la ciudad y al río de la Plata. Como si esto fuera poco, cuando está despejado también se llega a divisar Uruguay. 

Hay opciones de platos para todos los gustos y algunos con verdadera impronta alemana. Para arrancar, les aconsejamos pedir la tabla de fiambres (es para compartir),  trae un mix de salchichas y longanizas con Kortoffelsalat (una ensalada de papas típica alemana. El strudel de queso, con el equilibrio perfecto entre brie y azul, es una manera más suave de comenzar con el recorrido. Uno de los platos más solicitados es el Goulash con spätzle, uno de sus secretos para que quede con tanto sabor es que a la pasta luego de hervirla la saltean en manteca y de esta forma queda más crocante. El Kassler (cerdo ahumado) acompañado con cremoso de papas, peras y remolachas también es una opción generosa que vale la pena probarla. Para terminar, no duden en pedir el strudel de manzana que como cada una de las recetas del club tiene una vuelta de tuerca interesante. Viene presentado en forma de cigarro, la manzana del relleno trae pasas de uva y almendras y se corona con una bocha de helado de canela, que le da un toque particular al clásico. Otra opción puede ser el Rote Grütze, un postre que viene presentado en un pequeño vaso con salsa inglesa, frutos rojos y una pastelera con queso blanco súper sabrosa. Algunas noches hay shows de jazz, pero siempre vale la pena cenar con esa vista imponente a la ciudad. Dato: En el piso 21 del club se puede disfrutar de exposiciones de artes plásticas.

Zirkel del Club Alemán
Av. Corrientes 327. Piso 22- San Nicolás. 

 

Por Agustina Canaparo. 

 

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