04.10.2017

Crispy chicken: 5 spots para probar pollo frito

Tierno, crocante, simple y versátil. Este manjar fast food típico de Estados Unidos apareció en varias cartas porteñas. Te recomendamos dónde probarlo.


Nola fue el establecimiento más prominente al momento de abrir el camino de la mano de la cocinera Liza Puglia. Nacida en Estados Unidos, maravilló a los porteños con su pollo frito, de perfecto balance entre costra crocante y carne tierna. Y pronto, poco a poco, otros locales se animaron a darle una chance al pollo frito, un manjar de comida rápida tan simple como versátil.

Al estilo yanqui en CHICKEN BROS
Apenas se ingresa al local de la esquina de Thames y Costa Rica, salta a la atención los rollos de papel de cocina que se erigen como inusuales centros de mesa. Aquí, las servilletas no alcanzan: a Chicken Bros uno viene a ensuciarse en serio con el arsenal de diez salsas caseras con las que Timmy y Justin, los amigos norteamericanos que regentean el lugar, bañan sus creaciones de pollo. La experiencia comenzó como un pop-up de un solo día que luego migró en proyecto full time, formato que le dio al dúo a cargo la posibilidad de ensayar hasta encontrar la sintonía perfecta en sus platos. 

Sería difícil elegir la mejor de sus salsas, porque el abanico es amplio: hay desde pociones asiáticas agridulces hasta un aderezo búfalo de picor atómico, pasando por una elegante manteca de ajo. Así que sólo queda pedir las alitas ($120 las 10) o el “polloclo” (trozos de pechuga rebozada y frita, a $130 la porción) y sentarse a ver cómo se amontona el papel de cocina provechosamente usado. 
Thames 1795, Palermo / T. 4833-9127



Entre panes en TIERRA DE NADIE
No es ningún secreto que las hamburguesas que expende este local de Caballito son de lo más excelso que se puede probar entre dos panes en la ciudad. Y aunque es difícil cansarse de repasar una y otra vez la carta, los que de repente lleguen al local con ganas de algo diferente tienen dos sándwiches de pollo frito a mano: el CCC ($163), donde la pechuga se acompaña -en elección modesta y fresca- con lechuga iceberg y alioli casero (también sale al plato, a 168 pesos), y el Grand CCC (173 pesos), con cheddar, panceta crocante, lechuga, tomate y mostaza con miel casera. Las tres “C” son sigla de crispy crunchy chicken, el corazón de la preparación: pollo aderezado con una mezcla de 10 especias y rebozado en el momento previo a la fritura con una mixtura de harina, cereales y panko, lo cual garantiza un resultado lejos de texturas indeseables o zonas crudas. 
Av. Avellaneda 588, Caballito / T. 2073-1566



Picantes en BAR DE CARNES
Descontracturar la parrilla o jerarquizar la comida rápida. Cualquiera de las dos valoraciones sirve para una de las más recientes incorporaciones gastronómicas al paisaje de Recoleta, que si bien tiene como foco principal las carnes vacunas, le hace lugar al cerdo y también al pollo. 

Con un cambio de carta flamante, ya pueden probarse las patitas crispy (a $160). El resultado se basa en un simple encadenamiento de secretos que garantiza el corazón suave y la capa crujiente que el paladar adora. Primero, las patas de pollo se cocinan al vapor por media hora, para luego entrar a un baño de leche y huevo donde reposarán durante un buen rato. La fritura profunda llega después de un revolcón en harina, semolín, pimienta, cereales triturados y páprika, y en la mesa el resultado se acompaña con papas pay en salsa brava. En conclusión, una fiesta picantona que ruega por cerveza o un aperitivo bien helado.
Peña 2287, Recoleta / T. 4808-0774

Tenders en BIG SUR
El concepto de comida rápida no tiene por qué derivar en confecciones reñidas con lo saludable, y Big Sur empuja un poco más allá esa idea basando su cocina callejera al estilo estadounidense en productos nobles provenientes de La Pebeta y otras granjas locales. El pollo no es la excepción: es de aves criadas y alimentadas en ambiente natural y el resultado se refleja en carne jugosa, sabrosa y de gran textura.

El chef Maximiliano Rossi aprovecha al máximo sus propiedades en los tenders ($100 la porción), realizados con la parte inferior de la pechuga. Para el rebozado, se remite a las indicaciones más tradicionales de la cocina del sur yanqui, que pide remojar el pollo en buttermilk, el suero que se separa de la leche al fabricar manteca, el cual también puede producirse por fermentación. El empanado, mientras tanto, se basa en una mezcla de almidones y cereal -incluyendo trocitos de copos de maíz-, que garantiza un acabado dorado y crujiente, en perfecto contraste con la terneza del pollo.
Av. Cerviño 3596, Palermo / T. 4806-7264



Con cerveza artesanal en BULLER
Todo el que quiera prolongar una experiencia alcohólica sabe que los lípidos son buena compañía para la bebida y hacen más lento el camino hacia una posible borrachera. Así, la carta de Buller, al igual que la de toda cervecería artesanal, presenta una nutrida gama de frituras. 

Y el pollo no es excepción: aquí viene en versión New Orleans (a $160 la porción con papas rotas), que busca homenajear el espíritu cajún con un mix especiado al que se le agrega ralladura de cítricos para equilibrar aromas y sensaciones. Este baño, en el que los bastones de pollo se marinan durante doce horas, se une con un rebozado desarrollado especialmente para la cocina de Buller, que según la chef Nadia Arce aporta “máxima crocancia y un dorado muy parejo”. Queda a criterio del comensal elegir qué cerveza marida mejor con la sabrosura levemente ácida de este pollo frito (que se sirve con salsa alioli, para el que quiera aumentar potencia), pero vale recomendar la Hefe Weizen, cerveza de trigo liviana y apenas aromática ideal para apurar a grandes tragos en una noche primaveral. 
Junín 1747, Recoleta / T. 4806-0556



BONUS TRACK. Aunque no sean un plato principal sino más bien un picoteo para encarar antes de la hamburguesa, los nuggets son un éxito -especialmente entre el público infantil- en The Burger Company (Honduras 4733, Palermo). Rebozados con harina, tienen una textura más suave que la del pollo frito usual y salen $56 por porción, acompañados con honey mustard o salsa barbacoa. 

Por Natalia Torres


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