18.04.2014

Crowdfunding: el furor del financiamiento colectivo llegó a los restaurantes

¿Querés poner un bar y no te alcanza la plata? La solución ya no está en el banco. Plataformas como Kickstarter permiten mostrar tu proyecto en el mundo virtual y recibir donaciones para hacerlo realidad.


Visualizá tu idea más extravagante. Por ejemplo, construir un vehículo aerodeslizador igual al Delorean, el auto de la película Volver al futuro. Este era el sueño de Matthew Riese, un joven californiano que, allá por el 2010, decidió acusar recibo de la pregunta que todos nos hicimos cuando empezó el siglo XXI: ¿dónde están nuestros autos voladores? Comenzó a materializar el proyecto en el fondo de su casa. Al cabo de unos meses, tenía un prototipo aceptable pero algo inestable en cuanto a seguridad. Y se quedó sin plata. Hizo números: entre el motor de arranque, PVC, un extintor marino, lijas, el tapizado y los parlantes, necesitaba juntar 5500 dólares. Fue una suerte que ya hubiera aparecido en la escena virtual Kickstarter.com, una nueva forma de financiar proyectos colectivamente mediante un simple perfil web asociado a una cuenta bancaria. En apenas un mes, y gracias al aporte de 150 contribuyentes, el Delorean de Matthew se hizo realidad.

La industria gastronómica no pudo más que aprovechar este concepto nuevo y tan conveniente. En dos de las capitales más influyentes del mundo foodie, como son Nueva York y San Francisco, hace ya varios años que no dejan de nacer propuestas relacionadas al comer y al beber que dieron su puntapié inicial utilizando este sistema. Muchos nuevos restaurantes, cafeterías, bares y huertas orgánicas salieron a la luz gracias a Kickstarter (que existe desde 2009 y que, por ahora, solo acepta proyectos con sede en Estados Unidos, Reino Unido o Canadá).

Pero las plataformas que ofrecen esto que se ha dado en llamar “crowdfunding” son varias: Indiegogo, que empezó financiando películas pero ahora alberga todo tipo de proyectos (su slogan es: “Nuestra plataforma está disponible para cualquiera, en cualquier parte, para juntar plata para cualquier cosa”); RocketHube, con foco en la ciencia; Peerbackers, que tiene la particularidad de brindar un programa especial para jóvenes emprendedores de entre 13 y 17 años… Hay muchas más.

Según un informe de crowdfunding.org existen casi 500 plataformas en todo el mundo y hay por lo menos dos abocadas específicamente a la gastronomía: FoodStart, que apunta a la apertura de locales, y FoodieCrowdFunding, orientada a toda clase de productos comestibles o bebidas. La versión latinoamericana de Kickstarter se llama Idea.me y fue creada nada menos que por un argentino. En dos años de existencia ya logró recaudar para sus entrepreneurs 2 millones de pesos con el aporte de 47 mil personas. En Argentina también existe Panal de Ideas.

La forma de juntar el dinero es similar en todos los casos y funciona de la mano con las redes sociales, claves para la difusión de los proyectos. ¿Querés abrir un bar o publicar un libro de cocina? Solo tenés que subir a la web elegida un perfil de tu propuesta que incluya un video, una descripción de los objetivos y la recompensa que obtendrán los inversores. En el caso de los restaurantes, pueden ofrecer desde una cena gratis el día de la apertura, hasta merchandising de la marca o descuentos. Si la idea es exitosa, la plataforma le cobra al autor un porcentaje que ronda el 5% de lo recaudad. Hay excepciones: Panal de Ideas recibe comisiones a voluntad.

“Lo interesante de este tipo de financiamiento es que podés llegar a mercados a los que no podrías llegar normalmente, testear un nuevo producto haciendo partícipe a la comunidad. De alguna forma, esto cambió la idea del consumo: el crowdfunding es una herramienta para todos y eso es lo más revolucionario”, resume Virginia Muñoz, responsable de Comunicación y Alianzas de Idea.me.

FOODFUNDING
“Mencioné esta tendencia hace algunos meses, pero ahora parecería que la cosa explotó”, escribió la periodista Renée Frojo para el San Francisco Business Times, en abril del año pasado. El mismo día que firmó su artículo, Línea Caffee, una cafetería orgánica con fuerte en los waffles, ponía a marchar su campaña online. Ya está funcionando en el Mission District, luego de recaudar 11 mil dólares.

Lo mismo el Cafe St. Jorge, que ofrece pastelería de inspiración portuguesa: juntó 30 mil dólares e inauguró al poco tiempo en el mismo barrio. Corrieron igual (buena) suerte Garden Creamery, un foodtruck de helados que obtuvo 35 mil dólares y pudo salir a la ruta, y el 20th Century Café que, prometiendo un local que resumiría la historia de la pastelería y cafetería europea del último siglo, sumó 34.391 dólares a su cuenta bancaria. Todos en la misma semana. Y no fueron los únicos. Algunos de los restaurantes más interesantes de San Francisco, como AQ (cocina mediterránea con productos locales), Rich Table (la propuesta de los chefs Evan and Sarah Rich, con años de experiencia en restaurantes high-end de SF y Nueva York) o Hapa Ramen (noodles) comenzaron o lograron expandirse con una ayudita de los amigos.

En Nueva York la movida tuvo un proceso similar. Aaron Lefkov consiguió mediante Kickstarter los 13.000 dólares que le faltaban para abrir Littleneck, su local de mariscos New England style en Brooklyn, que incluso ya tiene una sucursal. John Fraser llegó a reunir la suma de 24.000 dólares para lanzar su restaurante pop-up What Happens When en Lower Manhattan, reciclando un antiguo local de comidas abandonado.

La gente de Brooklyn Grange logró acumular U$S 20.000 y así montar una huerta orgánica de casi media hectárea en un techo de Long Island, en Queens. Son incontables los proyectos exitosos y el fenómeno llegó, por supuesto, a The New York Times: “Nuestro restaurante apunta más a la construcción de comunidad que al beneficio económico. Es la versión moderna del barn-raising (una práctica muy común en las zonas rurales de Estados Unidos durante los siglos XVIII y XIX): ven y ayúdame a construir mi granero, que yo te ayudaré a construir el tuyo”, declararon al diario los socios David Lefkowitz y Scott Kester quienes, lamentablemente, no consiguieron llegar a la meta monetaria para abrir su local en el barrio Tribecca.

SOÑAR NO CUESTA NADA
¿Pero qué pasa en Latinoamérica y Argentina? Lo cierto es que el crowfunding no está muy difundido todavía y de los 500 proyectos que lleva concretados Idea.me, solo uno está relacionado con la gastronomía: un libro de recetas que tiene el firme y noble propósito de que los chicos coman verduras, ideado por la cocinera Alicia Bersi. “¡La experiencia de recaudar fue agotadora! ¡Hay que agitar mucho! La plataforma es buenísima, pero el movimiento, la difusión, es puro esfuerzo de uno”, reconoce.

Y cuenta que se cruzó con más de una persona a la que tuvo que explicarle cómo funcionaba el financiamiento en masa. “Contacté radios, fui a ferias sustentables, di clases y charlas, me junté con grupos vegetarianos, interesados en salud, empresas; tuve que ser bastante invasiva para lograrlo”, confiesa Alicia. Finalmente, en septiembre de 2013, editó “El desafío de Nituke” –un cuento con forma de plato que propone ir armando escenografías con frutas y verduras– con los casi 25 mil pesos que recaudó. Ya se consigue en algunas dietéticas, en ferias como Sabe la Tierra o escribiendo a condimentolavida@gmail.com.

Sin embargo, el primer proyecto culinario financiado colectivamente en Argentina fue el de una estadounidense de Seattle. Kara Bauer llegó a Buenos Aires en 2006 con la idea de montar un negocio de comida vegana y raw, cuando la crudivegania era prácticamente una mala palabra entre los paladares locales. “Trayendo comida vegetariana y saludable a la Argentina”: así promocionó su proyecto en Kickstarter. Importó una idea y una forma de concretarla. “En EE.UU. hay muchas opciones gastronómicas para este tipo de comida, no es algo nuevo, pero acá tuve la oportunidad de ser parte del movimiento”, dice. Gracias a los 5.500 dólares que obtuvo mediante crowfunding fundó Cocina Verde, un delivery online de viandas saludables.

Hay un tercer caso argentino, el de Manduca Foodtruck: probó suerte en las plataformas y aspiraba a juntar $50.000, pero no tuvo éxito. No obstante, el camión ya fue visto en algunos festivales de la ciudad y sus impulsores participaron de una charla en la feria Masticar. Como el crowdfunding, los foodtrucks son todavía raros en la Argentina; de hecho, no hay una legislación que los regule, pero no puede faltar demasiado para que ambas tendencias terminen de hacer pie en Buenos Aires.

CROWDFUNDING ANTICRISIS
En 1989, los españoles de la banda Extremoduro lograron editar su primer disco mediante una lógica de recaudación similar a la del crowdfunding. Fueron los pioneros de este sistema moderno de mecenazgo al que ocho años después se sumaron los británicos de la banda Marillion, juntando 60 mil dólares para irse de gira. Pero más allá de haber sido la cuna del movimiento, lo importante de España es que cuenta con casi 50 plataformas locales y es una de las alternativas a la financiación bancaria, que en los últimos años se volvió casi imposible e impactó fuertemente en la industria gastronómica. La bodega Malaparte, entre otros casos, logró recaudar 7 mil euros en plena crisis para revalorizar la uva garnacha. El país ibérico, incluso, ya tiene una plataforma de crowdfunding exclusiva para proyectos gastronómicos: United Food Republic, creada en Barcelona.


Por Celeste Orozco

Ilustración: Leticia Balacek

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