23.04.2009

Cuáles son los mejores y peores alfajores

El mayor experto argentino en alfajores nos tira la posta.


El autor de esta nota es uno de los tantos personajes que surgen de la inagotable blogosfera. Es el creador de El Blog de los Alfajores, un sitio al que acceden miles de fanaticos (denominados alfajomanos) para leer sus criticas sobre alfajores. Planeta JOY se contactó con El Lord, le pidio que nos aleccionara y nos dijera cuáles son los alfajores que son dignos de ser comidos y cuáles mercen ir directo al tacho de la basura. Palabras mayores de una verdadera eminencia.

EL CIELO

1. El Cachafaz: Sabor y elegancia reunidos en un solo y explosivo redondel negro. Cuenta la leyenda urbana que en realidad se trata de un alter ego del antiguo alfajor Havanna (de esos que sólo se podían conseguir en Mar del Plata). Gente que dice trabajar en la fábrica de estos alfajores me contactó para decirme que esto es mentira y que El Cachafaz se ganó su fama por derecho propio. Más allá de este mito, podemos decir que el alfajor posee una textura y un sabor único que nos transporta en cuestión de milisegundos al paraíso de los dulces.  

2. Minitorta Aguila Clásica: No importa que algún genio del marketing de Arcor haya bautizado a esta maravilla como “minitorta”. Esto sigue siendo un alfajor triple, hecho y derecho. Sus virtudes: una masa más esponjosa que la que suelen tener los otros alfajores, y un suave y delicado baño de chocolate con leche. Para completar el combo, nos regala dos capas de relleno, cada una con un sabor distinto. La minitorta es una verdadera bomba.

3. Bimbo: ¿Una empresa mexicana haciendo alfajores para venta exclusiva en Argentina? ¿Y encima que sea bueno? Sí. Aunque no lo crean, es exquisito. Desde su baño de chocolate con leche hasta su relleno (una ingente capa de dulce de leche), sumados a la presencia de unos copos crocantes, hacen de este alfajor una auténtica sinfonía de sabor. Son nuevos y con poca difusión en el circuito alfajorístico porteño, pero merecen ser reconocidos y degustados.  

4. Triple Shot:
Hay mucha gente que no es amiga de los alfajores con galletita dura, pero así y todo no pueden resistirse a la magnificencia de esta golosina. El mismo sabor al chocolate que les dio origen nos inunda la boca al primer mordisco. Pequeños trozos de maní (que podrían venir en mayor cantidad) se unen al estupendo baño que cubre toda la superficie y forman una sinfonía de puro placer chocolatoso. De yapa, una capa de rellena de mousse de chocolate y otra de crema tipo maní. Ideal para acompañar el café mientras vemos caer la lluvia a través de la ventana.

5. Bon o Bon: No importa en que versión, doble o triple. Uno no puede equivocarse cuando piensa en Bon O Bon, una de las golosinas más ricas que existen en el mercado. Su versión hecha alfajor no se queda atrás. De galletita dura, relleno con la mismo mousse que contienen los bombones, más un baño de chocolate de calidad, el Bon O Bon es un círculo virtuoso. Tiene larga persistencia en boca y, ni bien terminamos de comerlo, no podemos dejar de pensar en ir corriendo al quiosco en busca de otra unidad.

EL INFIERNO
Pocos saben de su existencia pero créanme: existe el infierno de los alfajores. Es un lugar donde la pestilencia eterna acompaña a los peores representantes de la patria alfajorística. Un lugar donde vivirán eternamente empalagados mientras los obligan a ver todo el día un programa de Andrea del Boca, y encima en alta definición. Aquí están, estos son, los peores alfajores que he probado:

1. Fulbito
: Es difícil llamar alfajor a este mamarracho. Dos cachos de cartón corrugado unidos por una sustancia viscosa sin sabor (parecida a la baba de caracol) que simula ser el relleno. Todo eso escupido con un polvo blanco similar a la cal, con sabor a limadura de hierro. Por suerte sólo se consiguen en oscuros e inaccesibles quioscos de estaciones de tren del conurbano bonaerense, de esas que están hechas de madera y en las que uno tiene que andar esquivando charcos de vómito y perros fornicando. Sólo para masoquistas y amantes de las emociones fuertes.

2. Ser
: ¿Hay algo peor que un alfajor que quiere hacer sentir culpa a quien lo consume? Partamos de la base de que comer un alfajor es disfrutar sin miedo de esas calorías que sólo lo dulce provee. Calorías que son, cada tanto, biológicamente necesarias. Partiendo de esta base, un “alfajor light” es un oxímoron, es decir una contradicción en su propia terminología. Algo así como decir que un helado está caliente. Un alfajor es engordante. Y punto. Se come así. El Ser deja la boca grasosa y tiene menos onda que un disco de Ricardo Montaner. Si alguien nos ofrece uno, lo único que podemos hacer es huir despavoridos.

3. Georgalos
: Esta marca que supo darnos el glorioso Mantecol intenta tener su representante en el
mundo del alfajor. Sin embargo, su intento es fallido. Varios factores confluyen para que así sea, a saber:
su falta de gusto en general, el impresentable baño de repostería que intenta hacerse pasar por chocolate, y
la grasitud que queda en la boca tras su degustación. Como si esto fuera poco, cae exageradamente
pesado. Un “no” rotundo a este alfajor.

4. Cabsha: Los bocaditos Cabsha hacen agua la boca. Esos pequeños bomboncitos rebosantes de dulce de leche con un ligero saborcito a licor nos hacen pensar que la vida realmente es bella. Bien, olvídense de todo esto cuando prueben un alfajor Cabsha. Aprovechándose de la buena fama cosechada en años por los bocaditos, eligieron hacer un vulgar y mediocre alfajor con una cobertura totalmente grasosa y una ínfima capa de dulce de leche. Impresentable.

5. Alfajor Grandote
: Conocido por muchos por su horrenda publicidad radial que dice “¡Probaste el chiquito! (¿?) ¡Ahora probá el Grandote!”. Nos encontramos con un alfajor soso cuyas galletas son secas y generan migas en exceso, con un baño de repostería vulgar en su versión negra y un horrible pseudo glaseado en su versión blanca. Para colmo, el poco dulce de leche que poseen como relleno empalaga. A la hoguera directo.
 
Por Daniel Belvedere / Fotos: Pablo Mehanna
 

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