28.03.2013

De copas en la City: 10 bares para beber en el centro porteño

Es el nuevo hot spot etílico de Bs. As. En la zona que va desde Recoleta hasta el Obelisco hoy conviven grandes novedades con algunos de los bares más clásicos de la ciudad. Aca, una renovada ruta nocturna.


No debería extrañar que el centro porteño se haya convertido en el nuevo polo etílico de la ciudad. Es, en realidad, un acto de justicia ya que esa zona fue por muchas décadas el punto neurálgico de lo mejor que sucedía en la Buenos Aires nocturna. Hablamos del Claridge de Enzo Antonetti y Eugenio Gallo, del Pichín Bar en la esquina de Maipú y Corrientes, de la bohemia del Florida Garden, de la desaparecida Richmond, del resistente The New Brighton, del venido a menos American Bar. Tras años de decadencia, en los que se convirtieron en el patético recuerdo de lo que supieron ser, ahora esas calles angostas y grises recuperan su glamour y exigen su revancha. Una recorrida por lo nuevo y lo mejor del centro porteño.  

LO MÁS NUEVO

Florería Atlántico, culto a la mística
Es la gran apertura de 2013. No por preparar los mejores tragos. Tampoco por tener la música más cool ni por ser el lugar más lindo (aunque ofrezca excelentes tragos, música genial y el lugar sea una belleza). Lo que Florería Atlántico tiene es personalidad. No imita a bares de Nueva York, Londres o Tokio. Y esta originalidad no es casual: es el sueño y capricho cumplido de dos conocedores de la noche porteña, Julián Díaz (dueño también de 878) y Tato Giovannoni (uno de los mejores bartenders porteños). Juntos armaron un espacio en una de las calles más coquetas de Buenos Aires, en el exlocal de L’Abeille, frente al hotel Sofitel. En su planta baja funciona una florería y vinoteca, mientras que en el subsuelo se esconde una barra de 18 metros de largo con un salón apenas iluminado, tragos de creación propia (promedio $45), mesas pequeñas e íntimas, todo en un ambiente que mezcla la elegancia con lo trash (evidente en los techos despintados y en los dibujos oníricos hechos por el propio Tato en las paredes). El punto máximo de locura lo da una parrilla preciosa de los años 50, de donde salen platos como un bife de chorizo, perfecto para acompañar al Bloody Mary tuneado de la casa. Más mística, imposible.
(Arroyo 872)

Sensi Bar, una especie de regreso

El día que cerró Le Bar, muchos se entristecieron. Ese lugar había logrado plasmar una huella en la noche de Buenos Aires, con sus ciclos de DJs y recitales unplugged, con su decoración moderna de toques retro y muy buenos tragos. Por suerte, desde diciembre pasado, el local renació, esta vez de la mano de un grupo de cinco jóvenes (una de ellos es una panameña) que ofrecen alta coctelería manteniendo el ambiente glamoroso. El mayor cambio está en la planta alta, donde dejaron de lado las mesas hundidas en el piso y se armó una segunda barra que se especializará en ron. Justamente, el fuerte de Sensi Bar es la coctelería (trago promedio $50), muy bien servida por Rodrigo Manuel (ex Gran Bar Danzón). El lugar es muy nuevo y se está armando, pero prometen jazz, soul, funk y música en vivo sobre el escenario. Por ahora no tienen propuesta de cocina, tan sólo algunos piqueos, como unos ricos patacones fritos.
(Tucumán 422)

Pony Line, con los tapones de punta
Beber en los hoteles cinco estrellas de Buenos Aires suele estar reservado para ocasiones especiales por dos causas: primero, por costos (los tragos pueden costar más de $100). Segundo, por la distancia que generan en los consumidores con su pomposidad y sofisticación impostada. Pero la renovación multimillonaria del Four Seasons rompe con estos estereotipos para competir, así, de una, con cualquier bar local. Un ambiente relajado y sin exigencias, con puerta independiente del lobby, buena música (están planeando un ciclo ambientado por la DJ Soledad Rodríguez Zubieta) y precios que dejan a todos los demás hoteles en evidente off side (promedio $65). Lo mejor de todo es que la calidad ofrecida lo sitúa sin dudas entre lo mejor del país. Tragos increíbles firmados por Sebastián Maggi, desde el genial Smoky & Dirty Martini al fresquísimo Backhanger (una suerte de tereré de té verde, lemon grass, cítricos y limonada de vodka que se sirve con bombilla), y una carta de comida de bar deliciosa (es necesario probar las papas fritas con huevo frito trufado, a sólo $50). Bien por este hotel. Ojalá los vecinos -léase Hyatt y Alvear- tomen nota y reaccionen.  
(Posadas 1086)

LOS NUEVOS CLÁSICOS

Dill & Drinks, la perla blanca del centro
Con una gran coctelería (servida desde hace ya un año por Juan Sebastián Ruiz), y con muy rica comida para acompañar (a cargo de Leandro Leyell, mentor y chef de la casa, quien este verano ofrece por ejemplo sopa de palta y tartare de salmón), Dill logró generar su círculo de habitués y clientes, con una mística propia. El salón es pequeño e invita a la intimidad, pero lo mejor es sentarse en la barra un miércoles temprano, y aprovechar la promo que haya ese día (desde versiones de gin & tonics a tragos con absenta pasando por aperitivos y clásicos), acompañados por las deliciosas tapas que salen de la cocina. Impecable.
(San Martín 986)

Pulitzer, un bar en las alturas
Sin temor a exagerar, afirmamos que esta es la terraza más linda de Buenos Aires, un lugar único donde ir a beber mirando desde arriba las cúpulas y maravillosos edificios del Microcentro. Nació como barra especializada en Gin & Tonics, luego mutó para convertirse en la sede de un encuentro semanal con algunos de los mejores DJs y musicalizadores, poniendo el acento en sonidos modernos. Esta temporada 2013, los conciertos (casi íntimos y secretos, ya que el hotel no hace prensa ni publicidad porque se llena muy fácil) van los días miércoles y los jueves, con bandas, DJs y solistas como Fran Di Gianni, The Martingalas y más. Vale la pena visitarlo, antes de que baje la sensación térmica.
(Maipú 907)

Patio 378, la grata sorpresa

Uno no se la espera: en un hotel de perfil ejecutivo está uno de los mejores oasis de la ciudad. Es el bar del Novotel y cuenta con un patio (donde están las piletas) y una barra circular que atiende tanto hacia adentro como hacia afuera. Sillones de ratán, mesas bajas, taburetes y un jardín vertical en la pared del fondo conforman un ambiente que parece el de una quinta. Así, a metros del Obelisco, es posible imaginarse a uno mismo disfrutando de la tranquilidad de, digamos, Cardales, con tragos muy bien elaborados por Diego Zelaya. El tip: ir en el after office y aprovechar el imbatible happy hour de la casa. Gran secreto que merece ser más conocido.
(Av. Corrientes 1334)

LOS DE SIEMPRE
Dadá, uno que nunca falla
Clásico de la zona de Retiro que (junto a Filo) da vida a buena parte de la noche de la calle San Martín. Dadá es pequeño pero de corazón grande. Su ambiente ecléctico juega con las imágenes vintage y cierto tono kitsch resuelto con elegancia, divino para ir en pareja. Todo acompañado de muy buena comida y una barra especializada en best sellers locales: mojitos, margaritas, tragos con maracuyá y otras frutas frescas. Todo lo hacen bien, con ganas y buena onda, ganándose el respeto de los locales y de los extranjeros que lo llenan cada noche hasta entrada la madrugada. Uno de esos lugares para tener siempre en la agenda personal.  
(San Martín 941)

La Cigale, mística intacta
Los memoriosos recordarán el primer La Cigale, aquel que irrumpió en el centro con su nombre francés pero con una actitud lejana de lo pretencioso. Icónicas noches han pasado por ese local de 25 de Mayo 722. Y si bien es cierto que la mudanza de dos cuadras le quitó parte de su mística, aún sigue allí, vivito y coleando, con el frenesí de siempre, con su noche francesa los martes, con baile desenfrenado los sábados, con una energía más relajada los lunes. Siempre con tragos simples que salen uno tras otro de la barra (no busques sofisticación, pero sí buenas bebidas servidas correctamente), con happy hours tempraneros (hasta las 21) y todos los grupos del under nacional.
(25 de Mayo 597)

Plaza Bar, el inmortal
No importa de cuándo sea la crónica, de hace treinta años o de ayer: ambas deberían mencionar al Plaza Bar como el gran bar porteño. A diferencia de lo sucedido con otras barras “de antes”, la del Plaza mantiene su vigencia, convocando todavía a un público heterogéneo. Están los habitués que se sientan en la barra y hablan confidencias con el bartender Gabriel Santinelli, vestido de impoluto saco blanco. Están los políticos y lobbistas que aprovechan la intimidad de ese subsuelo. Están los jóvenes con ganas de sentirse por unos minutos en la Inglaterra señorial. A todos se los trata igual, con un gran servicio, cócteles clásicos perfectos y precios posibles (los tragos cuestan un promedio de $70 pero incluyen un muy retro triolé con canapés que calman el hambre inmediata). Un trago recomendado: el Negroni.
(Florida 1005)

LO QUE VIENE: BASA, BASEMENT BAR & RESTAURANT
Será la flamante apertura de la dupla Luis Morando - Patricia Scheuer, la misma que dio vida a Gran Bar Danzón y Sucre, hitos gastronómicos de BA. Sólo su firma alcanza para saber que este lugar se las traerá. Por ahora, abrió la parte diurna, Grand Café, una linda confitería en Retiro con repostería y almuerzos livianos. Pero con fecha estimada para el 19 de este mes, se espera que abran las puertas de Basa, el restaurante y bar (ubicado justo al lado del café), donde prometen una gran barra conducida por Ludovico De Biaggi. Andá tomando nota de la dirección: Basavilbaso 1328.

Por Ignacio Rivera

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