13.01.2017

Del campo al vaso: beer tour por la Argentina

El suelo de nuestro país da la materia prima necesaria para la producción de cerveza. Planeta Joy se puso la mochila al hombro y salió a recorrer la ruta de la birra.


Una botella, un destapador y un vaso. Un golpe de muñeca, inclinar al servir y enderezar para conseguir los dos dedos de espuma reglamentarios. No hace falta mucho más para disfrutar de una buena birra. Pero el recorrido de la cerveza comienza mucho antes. O abajo. Sí, más abajo, en la tierra. Malta y lúpulo, su alma y su corazón, crecen a lo largo y a la ancho del territorio nacional.

Para concientizar sobre qué esta hecha esta bebida milenaria, el gigante cervecero AB Inbev lanzó una campaña internacional: We All Love Beer (todos amamos a la cerveza). Su puntapié inicial fue el primer Beer Tour que se desarrolló en la Argentina. Junto a periodistas e influencers de la birra norteamericanos y brasileños, Planeta Joy emprendió un viaje por el país para descubrir de donde sale la cerveza. Cosechamos cebada en Tres Arroyos, pasamos por campos de lúpulo en El Bolsón, visitamos una microcervecería en Bariloche y probamos algunas pintas (siempre con moderación, por supuesto) con guías especializados como Luis Alberto Dimotta, maestro cervecero de Quilmes, Antonio Alberto Aguinaga, gerente de desarrollo de Quilmes, y Diego Bruno, brewmaster de Patagonia. Te lo contamos acá.

 

El terroir de la cerveza
“Se entiende exclusivamente por cerveza la bebida resultante de fermentar, mediante levadura cervecera, al mosto de cebada malteada o de extracto de malta, sometido previamente a un proceso de cocción, adicionado de lúpulo”, explica con formalidad el artículo 1080 del Código Alimentario de nuestro país. Argentina es el único lugar de América del Sur en el que se pueden conseguir los cuatro componentes necesarios para la producción de cerveza: agua, malta, lúpulo y levadura. Lejos de la ley, en el campo, se comprende mejor de qué se tratan. 

La malta es el alma de la cerveza. Es el resultado de germinar el grano de cebada, un cereal con importante contenido de carbohidratos y fibra. Recorrer un campo de cebada, como el que Quilmes tiene en la localidad de Tres Arroyos en donde desarrollan sus estilos, es casi como  disfrutar de un buen vaso de cerveza. El atardecer hace que el cereal adquiera un color dorado que recuerda a la tonalidad de una lager fresca, y el baile que hace la cebada gracias al viento tiene el swing de las burbujas.

 

La base está. El próximo sigue en el sur, el próximo paso es el sabor y el aroma, responsabilidad de la flor del lúpulo, una planta trepadora de la familia de las cannábicas de la que se utiliza la flor. Según la variedad de qué se trate, influye en el gusto y en el olor de la cerveza y determina su amargor. Quilmes no sería lo que es sin el Cascade así como Patagonia Küne sería irreconocible sin los tipos Mapuche y Victoria. Argentina es el único país de Sudamérica en donde se produce. 

La producción nacional tuvo un arranque forzado. Durante la segunda guerra mundial, la escasez del lúpulo europeo obligó a replantear el consumo y la industria en el país. Pero Argentina quería. Fue entonces cuando Otto Bemberg, titular de Quilmes, impulsó el cultivo en la región de El Bolsón. Una zona climáticamente perfecta para el desarrollo de la planta que, para subsistir, necesita muchas horas de luz durante el verano, condiciones que se encuentran al alejarse lo más posible del Ecuador. El lúpulo refleja al terroir. En la actualidad, crecen en El Bolsón y en el Alto Valle del Río Negro 10 variedades, autóctonas e importadas de Europa (especialmente Alemania) y de Estados Unidos. Ya adaptadas a nuestro territorio, mantienen la genética pero expresan diferentes notas. En palabras de Hernán Testa, ingeniero agrónomo y productor, el Cascade norteamericano es más cítrico, mientras que el nuestro es más suave y floral. 



Agua, malta, lúpulo y levadura, los cuatro ingredientes necesarios para producir esta milenaria bebida que los argentinos disfrutan cada vez más. Pero hay un componente que no menciona la ley argentina. Se trata, según Dimotta, “de la magia del maestro cervecero” quien está a cargo de confeccionar la receta –tal como lo hace cualquier chef o pastelero- y quien controla el proceso de cocción, fermentación, maduración, filtración a través del cual el mosto se convierte en cerveza. 



Para la fortuna de los amantes de la bebida, nuestro país tiene cada vez más brewmasters que se inspiran en el terroir, juegan con el lúpulo y la fermentación, incorporan sabores locales para crear cervezas de diferentes estilos y para cada paladar. Río Negro, Mar del Plata, Córdoba, Mendoza, Buenos Aires... y más, la producción de cerveza crece y se expande en la Argentina aprovechando la materia prima de nuestro suelo.

Tu propio Beer Tour
We All Love Beer (sí, por supuesto la amamos) no terminó en la Argentina ni en los próximos viajes que planean realizar por otros países con impronta cervecera. Vos también podés demostrarle tu amor por la bebida –y aprender mucho más sobre ella- ingresando al sitio oficial

La web apunta a que personas de todo el mundo puedan disfrutar de esta experiencia única y por eso está repleta de información. Además de data sobre los principales tipos de birra y los vasos dónde tomarlas, sobre su historia y cómo armonizarla con cada plato, incluye un mapa de todo el mundo con campos de cebada, de lúpulo y cervecerías geolocalizados para que cada uno arme su recorrido.

Pero no hace falta viajar muy lejos para que hacer tu propio Beer Tour. Ni siquiera visitar los grandes polos productivos de cerveza artesanal del país. Más allá de que es imposible no conseguir una buena cerveza en la ciudad –las encontrás desde en los supermercados chinos hasta en los mejores restós-, en los últimos tiempos, Buenos Aires se colmó de bares que sirven birras artesanales provenientes de distintos puntos del país. Algunos son de producción propia, como los refugios de Patagonia, y otros ofrecen de diferentes provincias, lugares ideales para emprender un viaje vaso a vaso y brindar. Brindar por la cerveza, porque todos amamos la cerveza.  

Por Mercedes Spinosa 


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