10.07.2009

Eat & Fuck: la moda de comer en el telo

Cada vez más hoteles alojamiento ofrecen menús de alta gama para que el sexo tenga sobremesa.


Dispuestos a satisfacer las necesidades sexuales y gastronómicas de sus huéspedes, son cada vez más los albergues transitorios que se suben al tren de la moda gourmet y ofrecen servicios de comida a la carta. Unos echan mano de las empresas de catering y otros de las creaciones in situ de un chef, pero todos son reflejo de la transformación que en los últimos años han experimentado los telos: de ordinarios y kitsch han pasado a convertirse en espacios sofisticados y glamorosos. Ahora, tan importantes como los gadgets sexuales –vibradores o canales porno- son las propuestas culinarias y la decoración.

“Tratamos de crear un lugar para el placer, a través de la elegancia, el buen gusto y una oferta gastronómica impecable”, dice Liliana, una de las directoras del lujoso Dissors Hotels, ubicado en la avenida General Paz y Tinogasta, e inaugurado en julio de 2008. Con el slogan “un lugar, un estilo, un encuentro íntimo”, Dissors se aleja de la estética sórdida de los hoteles alojamiento tradicionales y ofrece, en cambio, habitaciones amplias y de diseño, cartas de comida refinadas que se renuevan en cada estación para evitar el hastío de los habitués y un sinfín de servicios como duchas escocesas, hidromasajes, piscina y jardines privados, plasmas, proyectores y WiFi. De todo esto puede disfrutar el cliente dispuesto a pagar alrededor de 300 pesos  por cuatro horas de placer carnal.

La cocina abre de 10.30 a 15, para los que buscan aprovechar la hora del almuerzo, y de 21.30 a 1 de la madrugada para los visitantes nocturnos. El resto del día, cuenta José Alonso, gerente del hotel, se ofrecen tostados, sándwiches y masitas. Todo elaborado por el chef Eduardo Vera y su ayudante Lidia Lepore.

Tras repasar las cuestiones prácticas de la cocina, Alonso despeja una duda de carácter indiscreto. “Los clientes…, ¿comen antes o después?”. “Después”, afirma mecánicamente, con tono de estar acostumbrado a estas inquietudes jugosas. “A los cincuenta minutos de haber entrado en la habitación piden la comida”, agrega espontáneamente. Y, casi entusiasmado, insiste: “Luego del primer tiempo viene el descanso…”. Pícaro.

LOMO, SUSHI Y NEW AGE
Pero ¿qué platos prepara el chef para estos huéspedes, que tantas energías derrochan antes de probar sus recetas? “El medallón de lomo con salsa de mostaza Dijón gusta mucho”, puntualiza Vera, que al momento de la conversación ultima los detalles de lo que será el menú de invierno.

La nueva carta incluye varias entradas: un plato de tapeo con quesos, olivas, pasta de berenjena y pinchos de tomate cherry, mozzarella y albahaca; sopas de calabaza y choclo, y tortilla de papas. Como plato principal hay sorrentinos de salmón con salsa de crema, azafrán y camarones; ojo de bife grillado envuelto en panceta, y pechuga de pollo con vegetales al grill. Tampoco falta el sushi: una selección de 18 piezas compuesta de sashimi, nigiris y makis de salmón y rolls especiales. La dosis de azúcar se dispara con el strudel de manzana, el cheesecake y un postre de chocolate todavía sin nombre. “Lo estamos buscando”, se disculpa el cocinero. Las entradas cuestan alrededor de los 18 pesos, las pastas 30 y el lomo 48, es decir, más o menos lo que cobra un restaurante de Palermo.

COMER DE TRAMPA

A diferencia de un hotel convencional, los telos no tienen restaurante. La comida se sirve en las habitaciones, equipadas con mesas siempre tendidas. “Brindamos un servicio completo. En vez de comer afuera y venir luego al hotel, proponemos un “dos en uno”: almorzar o cenar, y hacer el amor”, expresa Alonso, que está en el rubro desde hace 20 años.

“La gente quiere comer, pero al estar en situación de ‘trampa’ no puede salir, de modo que lo hace aquí”, afirma Claudio Dargenio, conserje de Autotel, alojamiento de Caballito que implementó el servicio de comida cuatro años atrás.

Autotel contrata un servicio de catering que lo provee de canelones de jamón y mozzarella, supremas de pollo a la portuguesa y lomo con salsa de mostaza y miel, entre otras especialidades destinadas a complacer el gusto de los clientes. Las pastas cuestan 28 pesos y el lomo, lo más caro del menú, 48.

De la carta dulce destacan los helados, pero Dargenio enseguida comenta que los huéspedes “apenas piden postre”. En cuanto a las bebidas, “la gente grande pide champagne, y los jóvenes New Age”.

En el General Paz Hotel, inaugurado en 2001, las recetas también las prepara una empresa de catering. Entre las delicias que ofrece se destacan el salmón rosado sobre un colchón de espinacas y papas noisette, y los crepes de centolla con salsa cremosa de curry. Los precios van de los 38 pesos a los 52. También ofrecen sushi, provisto por Bokoto.

Ubicado en General Paz y Monteagudo, abrió “con el objetivo de satisfacer la demanda de los clientes con alto poder adquisitivo”, explica el gerente, Gabriel Liñares. El lugar, con estética de hotel boutique, sobresale por el diseño sofisticado de las suites, con precios que alcanzan los 428 pesos y que dan derecho a tres horas de polvos refinados.

Según Liñares, el cambio que llevó a los telos a este nivel de lujuria comenzó lentamente en los años 70. En ese momento eran –y muchos lo siguen siendo- “cuatro paredes con un baño”. Fue el JJ Hotel (Avenida del Libertador 7900, Nuñez) el pionero de un nuevo estilo de hospedaje transitorio.

“El buen gusto y la sobriedad de la decoración hacían de una experiencia considerada oscura y pecaminosa algo honrado y placentero”, comenta Julián Villanueva, gerente de este albergue que se inauguró en 1975 y que creó las primeras cocheras particulares para mayor privacidad de, por ejemplo, jefes y secretarias.

“Un lugar diferente”, como repite la voz de la operadora, JJ adecuó la decoración a los tiempos que corren. Hoy es un alojamiento de estilo moderno que cuenta, desde hace cuatro años, con un servicio gastronómico a cargo de dos cocineros. Entre las exquisiteces que éstos preparan se encuentran los fussilli con salsa de puerros, supremas de pollo a la parmesana, tiramisú y flan de manzana.

“Como son un complemento para los huéspedes, nuestros platos son un 10 por ciento más baratos que los de cualquier restaurante. Podría poner precios más bajos, pero entonces pensarían que la calidad es mala”, explica Villanueva, que hace hincapié en la necesidad de incrementar y mejorar los servicios para atraer a la clientela. “Si no ofrezco un valor agregado, la gente desaparece”, concluye.

Resuelta a enaltecer las virtudes de Dissors, Liliana revela algunas de las estrategias que emplea para gratificar a sus hospedados: “Buscamos cambios para seguir sorprendiendo. El champagne, por ejemplo, siempre va acompañado de una atención. Antes ofrecíamos bombones, pero ahora lo servimos con canapés”.

EL TELO Y LA RECESION

¿La crisis económica no redujo la demanda? ¿La gente no prefiere recortar gastos y, ante la calentura incontrolable, darse el revolcón en el telo de la esquina? Por lo visto, no. “La crisis se hizo notar, pero no nos perjudicó”, expresa Alonso. Y agrega: “La gente que viene a Dissors tiene un buen pasar. Quizá evita pedir los platos más caros, pero no deja de visitarnos”.

“Trabajamos con personas mayores –explica Dargenio, de Autotel-, y ellos siguen pagando. Los más jóvenes, que vienen sobre todo los fines de semana, se cuidan un poco más, y en lugar de pedir dos cervezas se toman una a medias”.

Y así, ajenos a los vaivenes financieros -o a causa de ellos-, los albergues transitorios se adaptan a las nuevas épocas. No sólo van sustituyendo los espejos infames, divertidos pero estéticamente intolerables, por objetos decorativos más respetuosos de los cánones estéticos actuales, sino que invierten en servicios dignos de un restaurante de Puerto Madero e incluso en armar cavas de vinos que por el renombre y el costo de sus marcas parecen diseñadas por un sommelier.

 

por Paloma Gil Estrada / fotos: Pablo Mehanna

comentarios

Los comentarios y opiniones enviadas a este espacio de expresi�n, son de exclusiva responsabilidad de sus autores. Groser�as, acusaciones sin fundamento e insultos ser�n eliminados por el moderador. Al dejar su comentario el usuario acepta recibir nuestro newsletter y autoriza a Planeta JOY a incorporar su mail a su base de datos.

Dejá tus comentarios