04.01.2011

Efecto Oui Oui: la moda de los bares con limonada, onda vintage y toldo a rayas

Cada vez abren más locales de estética bohemia y retro. Todos aspiran a ser como Oui Oui, pionero de una tendencia que puede durar años, o desaparecer en un par de horas.


Los que frecuentan los polos gastronómicos de moda lo habrán notado: cada vez abren más lugares, mezcla de bar, café y restaurante, con una propuesta similar, casi calcada una de la otra: ambientación retro, naif, onda “patio de atrás”, y una carta donde no faltan los muffins, los sándwiches con panes caseros y una bebida que pasó de novedosa a ser tan común como el agua mineral, la limonada con menta y jengibre, que funciona como objeto simbólico de estas deli hippie-chic. ¿Por qué se multiplican mes a mes? ¿Hasta cuándo durará esta moda?

Mercado Amenabar, Scarlett, Cusic, Tartine, Helena, Porota, Báraka (en Palermo), Le Ble (Chacarita), Felicidad (Cañitas), Farinelli (Botánico) son sólo algunos de los lugares que forman parte de esta tendencia que hoy se encuentra en un fino límite entre el apogeo y el hastío y que tienen un precursor: Oui Oui.

“Oui Oui c´est moi”,  dice en francés (“y sin soberbia”) Rocío García Orza, dueña de este deli palermitano del que todos hablan, muchos copian, otros homenajean y del que unos pocos buscan diferenciarse.  

De inspiración francesa y hecho a imagen y semejanza de su dueña, cocinera autodidacta, hay que decir que Oui Oui fue el primero en instalar este concepto desde que abrió sus puertas en 2005.

La primera novedad fue su ubicación: Nicaragua 6068, Palermo al fondo, casi Colegiales, una zona que en ese entonces era un paisaje yermo, pero que hoy congrega muchas propuestas similares (Mercado Amenábar, Porota), además de algunos de los restaurantes de alta gama más interesantes de la ciudad (Tô, Tegui, The Food Factory).

Segundo, el horario: abre de 8 o de la mañana a 8 de la noche, con un fuerte foco en los desayunos, meriendas y brunchs, un concepto desconocido hasta aquel entonces.

Tercero y principal, una moda, un lenguaje propio, que en su momento fue revolucionario en Palermo, un barrio atestado de propuestas que rebozaban de luces azuladas, música trip hop, y palabras como lounge. Oui Oui proponía un regreso a lo simple y un veto a la sofisticación exagerada.

PIZARRONES, TORTAS Y NOSTALGIA

Con ciertas variantes, estas delis comparten muchos puntos en común. Desde afuera se identifican por dos elementos: el infaltable toldo a rayas y las pizarras en la vereda, con el menú del día escrito en tizas de colores y un espacio para sumar algún corazón, una cita o una recomendación (“si la naturaleza te da limones, haz limonada”, por ejemplo). 

La mayoría también tiene mesas o reposeras en la vereda. En el interior, la decoración apunta a lo vintage, con vajilla y recetarios “de la abuela”, lo híper femenino (camareros con delantales floreados) y un mueble que nunca falta: el mesón de madera a modo de barra con la pastelería del día exhibida en bandejas metálicas cubiertas de campanas de plástico, onda buffet de club barrial.

Nunca faltan muffins de banana y dulce de leche, tortas manzana, budines de naranja y zanahoria, bagels y croissants. A su manera, lo que buscan es despertar recuerdos de la infancia y cierta nostalgia por un pasado que, por supuesto, siempre fue mejor.

Además de la pastelería, los otros dos pilares de los menús son los sándwiches (el de pollo con cebollas caramelizadas y el de salmón con cream cheese, son dos clásicos) y las ensaladas. Todo apunta a lo casero, lo fresco, lo del día y lo simple para comer.

Otras marcas de identidad son los grandes tazones para el café con leche y los nombres de los platos escritos en letras cursivas. Si tienen delivery, es siempre en bicicleta, y las mascotas son tan bienvenidas como sus dueños (un ejemplo extremo es el estacionamiento para perros que tienen en Scarlett, un flamante deli donde venden mini-tortas en un ambiente inspirado en la New York de los años 70).

BAJA INVERSION
“Lo que se tomó de Oui Oui es el concepto de baja inversión. En general, son locales chicos, muy sencillos, entonces hay que inventarles un mundo alrededor para que funcionen. Poner unos banderines, un par de objetos lindos y que parezcan una casita de muñecas”, opina Miren Argañaras, cocinera al frente de Porota (Gorriti 5881), un deli minúsculo que abrió en Gorriti y Ravignani en 2008 y que logró imponerse a fuerza de creatividad, habitués famosos —como Mike Amigorena y Carla Peterson— y el efecto boca en boca. Miren dice que buscó diferenciarse de Oui Oui, en especial en cuanto al servicio, uno de los aspectos históricamente más flojos de ese local. “Nosotros mimamos a la gente. Los hacemos sentir bien, como en su casa”.

Así, un miércoles cualquiera a las tres y media de la tarde de la tarde, es posible encontrar grupos haciendo puerta, una mezcla compuesta por freelancers, hipsters, turistas, artistas, marcadores y buscadores de tendencias. “Hay mucho guionista, mucho diseñador, mucho publicista”, dice Miren.

A primera vista, podría pensarse que lo ultra-coqueto del ambiente sumado al estilo retro ama de casa de los '50 ahuyenta a los hombres, pero no es así. A la hora de la merienda, se suele imponer más la reunión de amigas, pero fuera de ese momento, la distribución es pareja.

¿HASTA CUANDO?
“Me aburre ver millones de lugarcitos iguales, con manteles floreados y una estética adorable, que luego no se sostiene con el producto”, se queja Ana Gianini, chef y factotúm de propuestas como Aires de Fonda o B-Blue, donde pensó desde la carta de jugos hasta la distribución del mobiliario.

“Hay una exageración del tema estético, vinculado con la modas en decoración: lo shabby chic, lo vintage, la decoración real de sitio Casa Chaucha y el mantelito de Violoraviol”, continúa. A pocos meses de abrir su local propio en las cercanías del zoológico, evalúa cómo diferenciarse en un mercado que, para ella, está algo saturado: “No quiero engañar ni defraudar a partir de la estética. Si todo es muy divino, pero después te pedís un muffin y está viejo, no funciona”.

La gran pregunta entonces es hasta cuánto durará el imperio del toldo a rayas. Es lo mismo que se cuestiona Flor Bernardini, una de las integrantes de la dupla que está al frente de Helena (Nicaragua 4816), donde el producto estrella es la banoffie, una torta de dulce de leche, banana y crema.

“Veo una explosión muy grande de este tipo de lugares. No sé cuántos seguirán existiendo en unos años. Parece como si todos estuvieran diciendo: ‘dale, pongamos un barcito de día’”, dice y agrega: “Reconozco a Oui Oui como precursor. Le encontraron la vuelta a algo que no existía y mantienen interés del público, con esa manera estudiada de ser relajados, con ese aire hippie-chic, que se opone a lo moderno que tenía Palermo. Pero nosotros quisimos hacer otra cosa, algo que no resultara empalagoso, ni muy femenino y poner mucho más el foco en la atención”.

Por su parte, Rah Fernandes tiene el entusiasmo del recién llegado al negocio gastronómico y a la categoría del deli. Es el dueño de Felicidad, que abrió en Cañitas en 2010. Pintado de un verde pistacho, con cocina, banderines y mesón con pastelería a la vista, tiene una alta una inversión en equipamiento de cocina (Migueletes 887).

“Creo que nadie inventa nada. Ni Oui Oui ni nadie. El lugar está muy bien, pero si tengo que nombrar una inspiración es la ciudad de Nueva York”, dice. Algunas ofertas de la carta, como el sándwich de pastrami (smoky), pepinos agridulces y mostaza de Dijon o la key lime pie dan cuenta de eso.

Fernandes dice que la respuesta inmediata del público es un estímulo y un indicador que estaba en lo cierto cuando se le ocurrió abrir Felicidad: “Faltaba un lugar así en el barrio, algo lindo, relajado, alegre, informal”.

Más allá del almacén homónimo que abrió a pocos metros de su local original, Oui Oui se mantiene imperturbable en su propuesta. “Me gusta la monotonía”, reconoce su dueña. “La carta no cambia desde que abrí, sólo varía por estación. Oui Oui es lo que soy”. Mientras tanto, los lugares que abrieron luego del 2005 le toman prestadas algunas ideas y las reversionan, o se animan a ir un poco más allá.

Una de las últimas tendencias es ofrecer una cena temprana y liviana (como en Felicidad) o, en épocas de calor, un servicio de copetín que invita a transgredir el cierre de las 8 y quedarse un par de horas más tomando una copa de vino o un Cynar en la vereda, como ocurre en Porota.

Eso sí: la jarra de limonada por el momento quedará. Omnipresente.   

 

por Cecilia Boullosa

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