20.12.2010

El calvario de comer y beber en las fiestas de cumpleaños

¿Los cumpleaños son un sacrificio antes que una celebración? Aquí, un listado de los arquetipos de fiestas que más detestamos.


Cada vez que se acerca el cumpleaños de un ser querido, en lugar de sentir alegría y ponernos a buscar un regalo, la mayoría de nosotros intenta tantear disimuladamente qué clase de festejo está planeando el homenajeado. No por curiosidad (¡nada más lejos!) sino por el terror que nos produce la idea de que el cumpleañero nos obligue a festejar su santo en un parripollo de Luis Guillón o en un karaoke coreano junto a un montón de compañeros de oficina que no conocemos ni de vista.

Atrás ha quedado la reunión amena entre pares en donde se conversa, se bebe, se come, se es feliz. En el último tiempo, los festejos se han diversificado tanto y  han aparecido tantas empresas que ofrecen servicios para cumpleaños, que es muy difícil anticipar si la noche será una celebración o un sacrificio. Ahora hay fiestas en donde te desnudan, te dan una bata y te hacen masajes y manicuras junto a todas tus amigas, otras en las que tenés que armarte tu propia pizza (esta idea es de las mejorcitas), veladas en las que te leen la borra del café o te tiran el tarot, pijamas parties de adultos, fiestas de disfraces temáticas (de los años 70, de Halloween, de personajes de películas) e incluso cumpleaños con una clase de gimnasia incluida.

Sin embargo, no siempre el anfitrión es tan de creativo. Así como a veces las ideas son originales, muchas veces son un franco desastre. Las siguientes son, de todas las que conozco, las que más detesto.

EL ASADO DOMINGUERO
Si bien es un cumpleaños tradicional, hay un tipo de amigo al que le gusta mezclar a todos sus conocidos en un asado dominguero. Amigos del barrio, una abuela de 109 años que apenas se puede mover, gente de la oficina, el equipo de fútbol, sobrinos chiquitos, dos vecinas que parecen salidas de una novela de Manuel Puig, y las amigas de la hermana que vienen a comer y rajar un rato después. Hay un montón de comida que no combina porque a todos (principalmente a su mujer y a su suegra) se les ocurrió hacer algo distinto. Hay asado, canelones, la ensalada rusa de la tía, un pionono, doce tortas, sidra, un tiramisú y un matambre que trajo una tía desde San Justo para hacer sandwichitos. No conocés a nadie y probablemente no haya una sola persona de tu edad  con la que puedas hablar de algo. Y con la música pasa lo mismo: parece un enganchado popular en donde todos pueden parar el equipo y poner un par de temas de cualquier estilo.  Huís cuando dos vecinas ponen cumbia para bailar y el primer borracho se tira vestido a la pileta.

Diversión 1/5, Comida 2/5, Bebida 1/5, Música 1/5. Cara de culo asegurada.

LA CENA DE PAREJAS
En el polo opuesto, otro cumpleaños que últimamente se ha hecho popular es la cena de parejas. ¿Quién no tiene una amiga con delirios de Bree Van de Kamp dispuesta a arruinar el festejo con recetas primerizas y rituales acartonados? Cuando llegás, en general ya está discutiendo con el marido en la cocina (le pidió pan y se lo olvidó, o se comió algo esencial para la cena sin que ella se diera cuenta) y preparando lo que va a servir. Te tenés que sentar, rígida, en silencio, mientras ella va trayendo entraditas que copió del libro de Narda Lepes y que le salieron mal. La cena está tan entrecortada por sus nervios y sus indicaciones (esto se come así, esto hay que untarlo con esto, esto agárrenlo directamente con la cuchara, esto debería ser más líquido) que el diálogo fluye como en una mala cita. “Acá, Pablo es fotógrafo ¿sabían?” o “Mariana, por qué no nos contás de tu viaje a China…” son algunos ejemplos. Previsiblemente, la cena termina a las doce y todos se vuelven a su casa, aburridos y con un sentimiento de haber envejecido veinte años en una sola noche.

Diversión 2/5, Comida 3/5, Bebida 2/5 (es una cena, ni siquiera te podés emborrachar), Música 1/5 (funcional).  Sólo para gente muy aburrida.

LA REUNION DE ULTIMO MOMENTO
Otra cumpleañera un poco molesta es la indecisa. A pesar de tu insistencia, durante toda la semana te repite que no va a hacer nada porque está cansada y prefiere quedarse en casa. Pero el viernes, a las ocho de la noche, cuando vos ya estás en pantuflas y a punto de poner un DVD, te manda un mensaje de texto avisando que al final van a ir todos para su casa.  En general, cada uno lleva un vino y piden empanadas por teléfono. Si lográs superar el odio que te provoca haber tenido que cambiarte y salir cuando ya estabas en jogging viendo una serie, se la pasa bien, porque son todos amigos de la misma edad.

Diversión 4/5, Comida 2/5, Bebida 1/5, Música 4/5. De lo mejorcito.
 
LA CENA EN UN BOLICHE
Una igual de molesta pero más desubicada, es una compañera de oficina que está consagradísima a la empresa de conseguir novio. Esta turra usa una modalidad de festejo fuera de casa que apareció hace algunos años y que yo, personalmente, considero un abuso. Hace el cumpleaños en un boliche con cena y vos, además de llevarle un regalo e irte en taxi hasta el fin de mundo,  tenés que pagarte todo y soportar ese lugar en donde no se puede hablar ni ver lo que estas comiendo. En general, el menú es fijo, sale 80 o 90 pesos y es una basura que ya era lo menos en los años noventa y que siempre incluye pollo o un plato de pastas, y después un helado de crema americana con salsa de frutos rojos. Si te querés tomar un par de tragos para evadir la realidad, tanto peor. Los licores son de las peores marcas y lo único importado que hay en toda la barra es el motor de la heladera. Volvés a tu casa a las seis de la mañana, con olor a pucho y doscientos pesos menos en el bolsillo. Jurás que nunca vas a volver a ir, aunque el año siguiente seguramente termines otra vez en el mismo lugar prometiéndotelo de nuevo.

Diversión 0/5, Comida 2/5, Bebida 1/5 (Mucho Cusenier, mucha pulpa de lata, mucho trago de crucero a Miami), Música 0/5. Una pesadilla.
 
EL ASADITO DE COUNTRY
Otro que me resulta particularmente molesto es el que se fue a vivir a un country y se empeña en invitarte a su cumpleaños un viernes a la noche. Salvo alguna excepción, en ese primer cumpleaños lejos, el homenajeado empieza la mezcla a los amigos nuevos con los del country (que serán, con el correr de los años, sus únicos amigos). Cuando llegás, está lleno de gente plástica que parece recién salida de “Las viudas de los Jueves” levantando copitas de champagne que reparte una empleada doméstica. En estos festejos la gente se divide por género y los hombres y las mujeres jamás se mezclan, como en 1926. Mientras que los hombres se ríen fuerte y hacen alarde de sus negocios al lado de una mesita de quesos, ellas hacen un recorrido de la casa y hablan del Club House, de cuánta tranquilidad se gana viviendo en un barrio privado y en que deberían cambiar la empresa de seguridad. El asado está rico (todo es “baby” o “bombón”), el vino es de buena calidad, la torta es una maravilla que hace alguna señora paqueta de la zona, pero la conversación siempre es patética. Prometés no volver mientras estás entonado, pero al otro día te olvidás de nuevo.

Diversión 0/5, Comida 4/5, Bebida 5/5, Música 3/5 (al menos nadie pone cumbia, ni remixados de Thalía para bailar). Sólo si es tu mejor amigo.
 
LA REUNION EN LA QUE TE HACEN LABURAR
Un espécimen que me parece lamentable es el que te invita a su cumpleaños y apenas te ve cruzar la puerta te pone a llevar y traer platitos. A diferencia de los anteriores, este cumpleañero siempre pide un lunch a alguna confitería (sándwiches de miga, fosforitos, masas secas, hasta la torta) y usa vajilla descartable como si estuviera en un cumpleaños infantil.  Además, las gaseosas están siempre calientes, el hielo es comprado en la estación de servicio y no entra en los vasos y a las dos horas sólo quedan sándwiches de lechuga y huevo. No charlás con nadie en toda la noche y solo comés parado en la cocina lo que va quedando de los platos. Te la pasás toda la noche recargando las fuentes de chips y consiguiéndole vasos limpios a todos los que creyeron que eras pariente del anfitrión o un mozo contratado. Volvés a casa cuando terminás de acomodar toda la casa, lavar los platos y juntar los pedazos de un espejo que los niños rompieron jugando.

Diversión 1/5 (ser mozo no es divertido, y menos sin propinas), Comida 3/5 (depende de la confitería, pero hagamos un promedio), Bebida 1/5 (nada digno se bebe en vasos plásticos), Música 2/5 (casi nunca hay).

por Carolina Aguirre / ilustración: María Laura Morales

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