07.02.2014

Espumantes dulces: burbujas y azúcar, la nueva fórmula del éxito

La producción de espumantes azucarados va in crescendo e impuso una tendencia que ya marcó una nueva generación de consumidores. ¿Qué etiquetas probar para no quedarte afuera?


Es indudable que los espumantes dulces son la última gran tendencia en materia de vinos. Desde el auge de los tardíos –que coparon la góndola a mediados de la década pasada, también con una propuesta azucarada– no sucedía algo tan claro y masivo como el advenimiento de las burbujas dulces en el mercado argentino.

La oferta de sparkling wines edulcorados creció en forma exponencial en menos de tres años, si tomamos como puntapié inicial el lanzamiento en 2010 de Norton Cosecha Tardía, que no fue el primero en aparecer, pero sí el más ampliamente comunicado y miembro de un porfolio de espumantes con más de un vino dulce. Si ya existían Deseado, Santa Florentina Dolce y Lagarde Moscatel, en 36 meses los escaparates se poblaron con nuevos jugadores, que van desde Capriccio (de Novecento) hasta los flamantes Allegro de Trapiche, Dulcet de Navarro Correas y Dilema de Estancia Mendoza, por mencionar algunos.

Las razones para el crecimiento del azúcar son comerciales. Por un lado, la apertura de una nueva categoría le permite a las bodegas competir con unos pocos rivales, contrariamente a lo que sucede en la góndola de los Extra Brut. Apuestan fuerte al segmento, invirtiendo tanto en el desarrollo como en la comunicación de sus marcas. Por otro lado, la emergencia de un nuevo producto también permite hablarle a un nuevo consumidor, al que los vinos tradicionales no están dirigidos. Y esta parece ser la clave del nuevo boom.

PARA TODOS Y TODAS
Mientras que en el mundo del vino el azúcar es mala palabra –la razón técnica es que permite enmascarar defectos–, en el mundo de los consumidores que formaron su paladar con jugos y bebidas cola es una noticia deliciosa. Quienes no beben vinos porque los encuentran ácidos, pungentes o tánicos, se sienten seguros de lo que beben cuando prueban productos dulces, al calor y la comodidad de un gusto conocido. Y así, el azúcar se convierte en el principal driver de inclusión de nuevos consumidores al mercado: chicas jóvenes que no tomaban vinos beben espumantes dulces; señoras que no se acercaban a una copa encuentran en la dulzura la excusa perfecta; y otros tantos muchachos que no entendían el sex appeal del vino ahora pueden beber un trago con burbujas dulces en un plan fashion para la noche. Todas oportunidades de consumo antes ocupadas por los frizantes, dicho sea de paso, con precios más accesibles.

Pero el azúcar no es solo un factor universalizador del paladar. La verdadera novedad es que permite usar a los espumantes para otras formas de consumo. Ahí está Délice –una de las apuestas más serias de los últimos años en la materia–, que se propone como una bebida refrescante a la que le viene bien el hielo y los ingredientes para saborizarla, como una rodaja de pepino o una hoja de albahaca. O la combinación de Aperol Spritz con Norton Cosecha Tardía, o de Gancia Italian Dolce con Gancia Spritz. Así, es en los tragos donde los espumantes dulces ofrecen su costado más prometedor y, también, el que comienza a ser explorado a la fecha.

Con todo, una cosa es segura: a juzgar por algunos números de elaboración –Deseado, por ejemplo, fracciona 650.000 botellas al año–, la moda llegó para quedarse. Es verdad que hoy representan (casi) el 1% de la góndola, pero son los más dinámicos en crecimiento de oferta y consumo. Y estos doce son los que debés probar para hacerte una idea de cómo viene la movida.

Capriccio ($49). Técnicamente, se trata de un vino espumante dulce natural; esto significa que tanto el azúcar que le proporciona el dulzor, como el gas, provienen de la uva. Para conseguirlo, se detiene la fermentación y así se obtiene un Torrontés de bajo contenido etílico (8,5%) y de un tenor azucarino que ronda los 60 gramos. El combo es aromático, dulce y de andar ligero, perfecto para beber en calurosas tardes de verano.

New Age Sweet Gold ($50). En las góndolaes desde octubre, este vino está elaborado con uvas típicamente aromáticas, como Chenin y Torrontés. Es perfumado, de burbuja firme y ofrece un paladar dulce de acidez moderada. Si ya te gustaba New Age, ahora tenés que probar su nuevo oro dulce. Es el upgrade natural para una marca que lleva en el mercado casi veinte años.

Emilia Dulce Natural ($50). Nieto Senetiner viene desarollando su marca Emilia con inteligencia. Primero llegaron los vinos varietales y este año lanzaron su espumante Extra Brut. Pero aquí nos ocupamos del Spumante Dulce Natural, elaborado con el azúcar de las uvas y con una graduación alcohólica baja. Es sencillo, va bien con las reuniones de señoritas y marida perfectamente con postres de chocolate.

Norton Cosecha Tardía ($53). Norton ya había sido pionera en dos hitos en materia de burbujas dulces: primero, en migrar de una marca de vinos tranquilos a otra de vinos espumantes. Segundo, en lanzar un rosado. Pero habría una tercera innovación, más notable aún: se trata de la primera bodega en hacerse cargo de la dulzura de su porfolio con su nuevo claim “Somos Dulces”. Un espumante fragante y edulcorado que se ganó su lugar en la góndola.

Viniterra Prosec
($60). Lanzado al mercado en 2012, emula los procesos italianos: espumantes dulces, naturales, aromáticos y de buena frescura, perfectos para aperitivos y para combinar con tragos. Está elaborado con Viognier, Chenin, Chardonnay y Ugni Blanc y ofrece aromas de frutos tropicales, además de un paladar ligeramente dulce y chispeante.

Dadá 7
($60). Llegó al mercado en septiembre de este año. Es un espumante dulce natural de Torrontés, por lo que la fermentación fue detenida en pleno proceso, para asegurarse el dulzor justo, acidez y baja graduación alcohólica. Es perfecto para beber frío como un aperitivo en sí mismo.

Navarro Correas Dulcet
($69). Una de las últimas novedades del rubro. Se trata de un corte Chardonnay, Chenin Blanc y Semillón con una alta acidez natural, equilibrada con unos 60 gramos de azúcar bien colocados. Fragante y con chispa al paladar, es un espumante para beber muy frío o en tragos, con jugo de manzana y limón, como sugiere la marca.

Deseado ($70). Familia Schroeder fue de las primeras bodegas que apostaron por la dulzura, allá por 2005. Deseado nació como una prueba piloto sobre la que insistió –y mucho– Leonardo Puppato, enólogo de la casa, que tenía experiencia en espumantes y estaba convencido de que una dulzura justa sería apreciada por el gran consumo. Lo que no podía saber es que se iba a convertir en su producto estrella, que emplea todo el Torrontés plantado al sur del Río Colorado.

El Esteco Torrontés Dulce ($70). Hace tres años, Bodega El Esteco se convertía en uno de los pilares de esta nueva tendencia con el lanzamiento de su espumante edulcorado. Elaborado con Torrontés cafayateño, posee un dulzor moderado que, debido a su también moderada acidez, consigue conquistar el paladar con dulzura elegante. Bueno para beber como aperitivo.

Trapiche Allegro ($75). Tal y como viene haciendo la marca con sus burbujas, este ejemplar también lleva un pequeño porcentaje de Malbec (15%), además de Chardonnay y Pinot Noir. Elaborado como un espumante en todas las de la ley (es decir, con segunda fermentación en tanques), posee una elevada acidez y un dulzor moderado. Refresca sin empalagar.

Délice ($76). El truco con este espumante es que Chandon logró comunicar que las burbujas dulces son algo cool. No es poco mérito. Y lo hizo en base a una idea muy simple: el mixeo es algo que se puede hacer en casa. Con una rodaja de pepino, una hoja de albahaca, la piel de un limón y mucho hielo se consigue un trago fresco y veraniego. Está elaborado con Chardonnay, Pinot Noir, Semillón Tardío y Petit Manseng Tardío; estos últimos son los responsables del recuerdo a cítricos maduros que ofrece el vino. Si se lo mira fino, es una reinvención del Demi Sec.

Mumm Sweet Sparkling
($76). Lanzado de cara a estas fiestas, este assemblage de Chardonnay (50%), Pinot Noir (25%) y Torrontés (25%) está elaborado con uvas del Valle de Uco, por lo que consigue buena frescura y alta expresión aromática, en donde se destacan frutos cítricos y tropicales. Rico para beber frío, acompañado con una tostada con paté del bueno o un queso azul.

ROSADOS DULCES
Una subtendencia dentro del boom de la dulzura es la apuesta a las burbujas rosadas. Como es lógico –lo mismo sucedió con los espumantes en general en la década pasada–, los rosados forman un grupo hasta ahora reducido pero con potencial, principalmente porque resultan una variante atractiva para la vista y el olfato. El inicio lo marcó Norton, cuando lanzó el año pasado su Norton Cosecha Tardía Rosado ($53), al que se sumaron en octubre de este año Deseado Rosé ($70) y Humberto Canale Rosé ($45). No serán los últimos.


Por Joaquín Hidalgo

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