22.07.2016

Esquí y alta cocina en una excursión gourmet a los Alpes italianos

Dolomite Mountains ofrece un safari gourmet en una de las zonas más exclusivas del planeta. No nos envidies, pero estuvimos ahí y te contamos de qué se trata.


Cuando se habla de nieve, cualquier argento que se precie de tal piensa en Bariloche. Claro, porque si de esquiar se trata lo primero que asalta el imaginario local es el Cerro Catedral, o a lo sumo Las Leñas y Chapelco. Pero el mundo no es pequeño y existen posibilidades ilimitadas para deslizarse por las montañas. Y como no sólo de esquí vive el hombre, también hay que comer, y cuanto más excelente sea la experiencia gastronómica, tanto mejor.

Este combo “gastrodeportivo” lo ofrece Dolomite Mountains, agencia especializada en turismo aventura de alta gama, conducida por Agustina Lagos Mármol, porteña radicada en Italia hace más de 20 años. Entre el abanico de ofertas exóticas que brinda, está el Luxury Gourmet Ski Safari. Este auspicioso nombre aúna dos conceptos: esquí en los Dolomites con algunas de las mejores y más bellas pistas de Europa y una gastronomía de primer nivel. ¿En qué consiste el programa? La idea es esquiar durante varios días en esta inmensa región de los Alpes italianos, de valle en valle, pernoctando en hoteles con restaurantes con estrellas Michelin, o en refugios de ensueño que parecen salidos de un cuento de los hermanos Grimm, donde también se come de forma magistral. 

Vale comentar que la cadena montañosa de los Alpes italianos debe su denominación al geólogo francés Deodat de Dolomieu, que quedó deslumbrado con las caprichosas formas geológicas del macizo, algo digno de ver y que es único en Europa. No por nada en 2009 la UNESCO lo declaró Patrimonio de la Humanidad.

 

RADICCHIO Y PROSECCO
Los programas son maleables ya que se diseñan taylor made según la necesidad de cada cliente. No obstante, los sibaritas amantes de las tablas pueden dar el puntapié inicial en Valdobbiadene, en el Veneto, la cuna del Prosecco, el legendario espumante italiano. El mejor Prosecco, que a diferencia del Champagne hace su segunda fermentación en tanques de aluminio (método Charmat), viene puntualmente de Cartizze. Los esquiadores-gourmet hacen noche en Abazzia, un pequeño pueblo idílico que tiene un hotel llamado Villa Abazzia (cinco estrellas y miembro de Relais & Châteaux) cuyo restaurante, comandado por Donato Episcopo, cuenta con una estrella Michelin. Además del festín de alta cocina (el producto emblema de la zona es el radicchio colorado) y Prosecco, los más sesudos pueden visitar una abadía románica que se encuentra cruzando la calle y quita el aliento hasta al turista más apático.

 

SE SUBE LA CORTINA
Al día siguiente, la opción es dirigirse a Cortina d’Ampezzo, quintaesencia del “chic” alpino, sede de los Juegos Olímpicos de Invierno de 1956. En la alta temporada, cual banda de golondrinas, se afincan magnates de diferentes rincones del mundo a disfrutar de las bondades de la aldea, entre las que se destacan las grandes marcas de ropa y las automotrices, concentradas en los negocios de la calle principal de la villa. El rancio y elegante hotel Cortina, inaugurado en 1870, es una opción para alojarse. La Enoteca Cortina, una original y simpática vinería a la que sólo se llega por recomendación, es otro de los atractivos del pueblo. Se ingresa por una puerta apta para gnomos, pero una vez adentro deslumbra la boiserie, los asientos de cuero verde que rodean el perímetro de la casa y la generosa oferta de vinos por copa. El Lagrein, Pinot Bianco y Pinot Noir se dan muy bien en estas tierras. 

Luego comienza el periplo deportivo en los valles de Faloria, Cristallo y Tofana. La cantidad y variedad de pistas, de todos los niveles, marean al profano, cual inmigrante de Europa del Este en tiempos de la Guerra Fría que cruza el muro y se encuentra en un supermercado occidental. Definitivamente, la profusión de medios, opciones, refugios y valles hacen que el esquiador quiera afincarse para siempre en esas montañas. 

NIEVE Y JACUZZI
Por la tarde, luego de una cerveza Moretti o un “bomardino” (licor de huevo con crema de leche), lo más recomendable es establecerse en el refugio Scoiattoli, en la zona de Cortina. Este refugio, encaramado en lo alto de un pico, tiene la particularidad de que goza de una vista idílica de los Cinque Torri, cinco montañas sobre cuyas caras estalla el sol de la tarde; el espectáculo de esa paleta de colores rojos y ocres es único, más cuando se disfruta dentro de un jacuzzi al aire libre. Un “vin brûlé” es el preludio de la cuidada cocina que ofrecen los miembros de la familia Lorenzi, propietarios del lugar. Suculentos platos a base de speck (cerdo seco y ahumado del país) y pasta hecha en casa aromatizada con arándanos, son parte de la oferta gastronómica, que se acompaña con vinos de primer nivel, entre los que se destacan no pocos Grand Crus.

Al día siguiente, luego de un copioso desayuno, los gastro-aventureros se calzan las tablas (el sol es terrible así que conviene embadurnarse bien de crema) y descienden hasta el transporte que los lleva a experimentar otros valles, porque acá son como las cajas chinas: cuando uno piensa que es el último, hay otro, y otro, y otro…

Por la mañana se esquía en Civetta y Alleghe, lugares de ensueño para cualquier esquiador. Los que tengan más destreza pueden elegir hacerlo fuera de pista, ya que en esos lares sobran opciones para realizar la experiencia; uno de ellos es La Marmolada, la montaña más alta de los Dolomites y la única que alberga un glaciar. 

 

SHANGRI-LA ALPINA
Por la tarde, y luego de un breve trecho por nieve honda, un bobcat (moto de nieve) con trineos levanta al grupo y lo lleva hasta el refugio Fuciade, un valle perdido, aislado del mundo, en lo que es el Trentino, habitado por una pequeña comunidad romanche (etnia característica de la región, también conocidos como ladinos). El refugio y los caseríos circundantes no los hubiera concebido ni Johanna Spyri, la autora de Heidi: pequeños chalets montañeses construidos en madera, inmersos en un paisaje blanco, rodeados de montañas milenarias. En invierno sólo se puede llegar en moto de nieve, vehículo oruga o caminando con raquetas, cosa que más que un comensal hace, porque la cocina y la cava del refugio son sencillamente soberbias. 

Pero además de la exquisita cocina, donde se prepara el “capriolo”, una especie de venado local, en el refugio hay finos trabajos de ebanistería, un pequeño museo particular de imaginería en madera policromada. Vírgenes, querubines y Cristos pueblan las paredes y vanos del edificio, en consonancia con la profunda religiosidad de los montañeses, cuyos peligros centenarios y clima extremo requieren de toda ayuda divina. 

Por la mañana, luego de un viaje en un vehículo de oruga, se esquía en Val Gardena, Alto Adige y Alta Badia, región perteneciente al Südtirol, territorio que durante siglos fue austríaco, pero que luego de la Primera Guerra Mundial se anexó a Italia, aunque conserva rasgos autónomos distintivos como la presencia del idioma alemán. Sin embargo, lo interesante de Alta Badia es que es el lugar del momento, el “must” al que todos quieren ir. La panoplia de pistas es maravillosa, así como los rincones que ofrece para almorzar. Algunos de los platos típicos del Südtirol son gnocchi con ricotta, canderli (albóndigas del país), bauernspeck y polenta con zucca.

Finalizada la experiencia “gastro-nívea”, el epílogo del viaje se puede realizar en Venecia, “La Serenísima”, que queda a menos de dos horas de viaje en auto desde los Dolomites. Esta ciudad de decrépita belleza barroca, laberíntica y misteriosa, tiene algunos de los activos culturales más importantes de Italia: Veronese, Tiepolo, Tizziano y Tintoretto, por ejemplo, son moneda corriente en los museos, galerías y palacios de la ciudad. 

CÓMO LLEGAR
Para llegar desde Buenos Aires a los Dolomites se puede volar a Paris y luego a Venecia por Air France. La aerolínea gala ofrece vuelos diarios desde Ezeiza a Charles de Gaulle, y de allí al aeropuerto Marco Polo, en Venecia. Por los colores, diseño y estilo empleados, la compañía logró revivir esa estética “retro” de los años 60, la gloria de la aviación aerocomercial. Durante el aperitivo y el servicio de comida ofrecen champagne y tienen la deferencia de presentar el menú impreso. Detalles poco usuales en la gran mayoría de las clases económicas, con el plus de ese bouquet “chic” que siempre tuvo la aerolínea francesa.

Por Luis Lahitte
Fotografía: Giusseppe Ghedina, Freddy Planinschek, Alex Filz y Frieder Blickle


comentarios

Los comentarios y opiniones enviadas a este espacio de expresi�n, son de exclusiva responsabilidad de sus autores. Groser�as, acusaciones sin fundamento e insultos ser�n eliminados por el moderador. Al dejar su comentario el usuario acepta recibir nuestro newsletter y autoriza a Planeta JOY a incorporar su mail a su base de datos.

Dej� tus comentarios