28.11.2011

Guarujá: paraíso tropical a una hora de San Pablo

En el sudeste brasileño, la isla de Guarujá es un clásico destino paulista que supo mantener su status de balneario deluxe a través del tiempo. Verde de vegetación, azul de mar, amarillo de sol y arena: un destino para conocer.


Vista desde arriba, la isla es un dragón hecho y derecho, con ojos de arena y de agua: Guarujá combina la belleza tropical de Brasil con el aura mágica de aquel animal mitológico cuya forma imita. Considerada por muchos brasileños como su propia “perla del Atlántico”, ejerce su encanto ya en el preciso instante en que, saliendo de Sao Paulo (a sólo 83 kilómetros de distancia), se inicia el trayecto siempre descendente hacia el litoral, por una autopista que une la mayor metrópolis sudamericana con esta ciudad balnearia favorita de los paulistas: es un viaje de hora y media que resulta todo un festival de imágenes coloridas.

HISTORIA, GOLF Y SHOPPING

Al llegar a la isla, uno es recibido por el aire marino, sensacionales panoramas y lujuriosa vegetación, con 25 kilómetros de costas y arena, conectada a través de puentes con la ciudad y puerto de Santos. En esta isla, fuertes y fortalezas cuentan todavía sus historias; caminos naturales dan pasaje a quienes reniegan de manuales de turismo; los deportes elevan la adrenalina y el verano se vive sensual, intensamente.

Guarujá tiene una excelente estructura turística, con shoppings, cines, discos y vida nocturna. La atracción más notoria es el Acuario Acqua Mundo, el mayor del continente, pero también está su célebre campo de golf, uno de los más antiguos de Brasil: once hoyos en 200.000 m2, con varios lagos artificiales.

PLAYAS DE TODO TIPO
Más allá de todos sus atractivos, las playas son el auténtico leit motiv de Guarujá. Las hay turísticas, las hay naturales: todas se localizan al sudeste de la isla.

Enseada es la gran favorita. A lo largo de sus casi 7 kilómetros se alternan pacíficos paradores rodeados de palmeras con otros ideales para tomar sol y practicar voley o fútbol playero; por otro lado, hay muchos bares y restós frecuentados por los fans del jetski y el windsurf. En el barrio residencial que la rodea figuran los más prestigiosos hoteles e incluso un spa visitado por famosos de todo Brasil.

El morro de Maluf la separa de la otra gran playa, llamada Pitangueiras, de 2 kilómetros de largo; su skyline está delineado por vistosos edificios que ocupan la avenida Beira-mar, preciado refugio de los paulistas urbanos que arriban los viernes por la noche.

Imposible olvidar la Praia do Éden: sólo mide cien metros y está en una pata del dragón, pero es una genuina sorpresa. Sita en un área de barrios cerrados, ni el abrupto sendero que a ella conduce logra aplacar el espíritu del aventurero que llega a sus aguas verdosas.

PETISCOS Y FRUTOS DE MAR
La cocina de Brasil es muy localista: cada zona cuenta con sus propios platos típicos, a veces desconocidos de una región a otra dada la gran extensión del país. La que aquí nos ocupa, es decir la del sudeste, se creó con influencias de portugueses, esclavos africanos e indígenas locales; luego prosperó con el aporte de inmigrantes japoneses, sirios, italianos y españoles, resultando en una gastronomía variada, sabrosa, diversa.

En la costa, reinan los frutos de mar: la tainha (el pescado más popular de la zona), los camarones (blancos o de barbas) y las ostras encabezan el desfile. ¿Qué elegir? Además de los petiscos (bocaditos fritos de mariscos), se impone la deliciosa moqueca capixaba, guisado de pescado fresco y tomates en cazuela de barro (ojo: no lleva aceite de dendé o palma ni leche de coco, como su famosa versión bahiana) y la tainha na telha (asada sobre una teja, rellena con camarones y farofa); los restaurantes especializados en pescado abundan en Perequê, una pintoresca playa de pescadores.

Por su parte, Guarujá es la ciudad con más opciones culinarias del litoral, con restaurantes y bares para todos los gustos: parrillas, pizzerías, comida italiana, japonesa e incluso árabe. La avenida Dom Pedro, en Enseada, es la principal ruta gastronómica; también hay lugares de buen nivel en la calle Guarujá-Bertioga. Los restaurantes “por quilo” son furor entre los veranistas (el nombre que los lugareños dan a los turistas); se concentran en el centro y ofrecen un refrigerio rápido, rico y a buen precio.


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