12.12.2014

Lanzan un espumante con 70 meses de crianza

La bodega Rosell Boher acaba de introducir en el mercado un nuevo champenoise con casi seis años sobre borras. Conocé la historia del ejemplar que inaugura una nueva alta gama en materia de burbujas en la argentina.

Rosell Boher Grand Cuvee

Si hasta ahora había un puñado de gloriosos champenoise en nuestro mercado, el grupo se agranda con un nuevo y singular espumoso de la bodega Rosell Boher: Grand Cuvée Edición Limitada, un corte de Pinot Noir y Chardonnay del Valle de Uco que se consagra como el primer espumoso argentino en llegar al mercado con casi seis años de crianza.

Elaborados los vinos base en 2008, Alejandro Rosell, enólogo de la bodega, decidió junto a su equipo probar el largo aliento. “Sabíamos que teníamos entre manos unos bases fuera de serie y que, si bien uno no puede hacer futurología en materia de vinos, nos aventuramos a ver cuánto crecía en la botella”, explica. Y así, a partir del tercer año, probaba una cada seis meses para ver cómo evolucionaba el espumoso en la cava.

Como el método champenoise implica realizar la segunda fermentación del vino en la botella que llegará al consumidor, en la bodega decidieron hacer una prueba lo suficientemente grande como para que, al cabo, tuvieran un producto comercial. El riesgo era alto: si se malograba en la crianza se perdían los litros de vinos, las botellas y los tapones, además de las horas invertidas. Pero valía la pena. Cuando descubrieron que el vino se acercaba a la plenitud de su evolución, programaron el degüello de unas 2600 exclusivas botellas. El desafío era, sin embargo, dar con un licor de expedición –el líquido que rellena la parte perdida en el degüello, y que supone un toque maestro y secreto en la elaboración del método champenoise– que estuviera a la altura de la Edición Limitada con la que soñaban los enólogos.

Pusieron manos a la obra y buscaron una receta para ese momento crucial en que un espumoso define su personalidad. “Trabajamos bastante sobre muchas variables –explica el enólogo–. No queríamos que el licor de expedición fuera el mismo que usamos para otros espumosos, porque el plan era resaltar las notas de levadura, pan brioche y frutos secos que dominan la edición limitada. Y eso requería algo especial. Cuando lo encontré, y no sueñes con que algún día cuente qué contiene, realizamos el degüello”, relata Rosell.

Así, llega al mercado un nuevo espumoso que, luego de pasar 70 meses sobre lías, adquiriendo texturas únicas y aromas evolutivos, consigue establecer una nueva marca para los espumosos argentinos. “Es más similar a un francés clásico”, define Rosell. E, incluso, en materia de precio compite con algunas de las marcas más reputadas del viejo continente: 850 pesos en vinotecas.

Los precios elevados definen hoy una nueva alta gama en materia de burbujas. Si hasta hace cinco años el tope máximo de los espumosos locales rondaba los 2/3 de los importados, este nuevo vino –que supera a algunos foráneos– propone un nuevo modelo de sofisticación. Alejandro Rosell lo explica: “En 2014 cumplimos quince años desde que iniciamos la elaboración de espumosos en Rosell Boher. En este tiempo aprendimos muchos sobre el método y lo perfeccionamos, pero también sobre las uvas y nuestras posibilidades. Cuando decidimos probar una elaboración de estas dimensiones, lo encaramos más como un nuevo hito en la historia de la bodega, antes que como un producto de lujo”, afirma.

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