12.08.2010

Los restaurantes favoritos de los políticos argentinos

Recorrimos despachos y bodegones para saber dónde y qué comen los gobernantes y sus opositores. Una nota imperdible.


La política y los alimentos siempre tuvieron una relación muy estrecha. Grandes decisiones que determinaron el presente de nuestro país han tenido lugar alrededor de una mesa con platos. Históricamente, la rosca política tuvo citas en distintos comedores. En la década del 70, Juan Domingo Perón era un asiduo visitante de Nino, un restaurante ubicado en Vicente López, donde solía comer un  tradicional bife con ensalada, para luego compartir reuniones y discursos, a unas pocas cuadras de la mansión de Gaspar Campos. El peronismo parece haber sofisticado bastante su dieta desde aquel entonces a esta parte.

El paladar radical acostumbrado a la cocina española del Club del Progreso también se adaptó a los requerimientos de los nuevos tiempos. Atrás, quedaron las míticas charlas en las que Raúl Alfonsín agitaba a la juventud correligionaria en ese amplio salón, luego, de degustar como postre helado con crema americana.

Con la llegada de Carlos Menem, el auge de la pizza y el champagne incluyó en su burbuja numerosos desayunos en La Biela y almuerzos en los más exclusivos restaurantes de Puerto Madero y Recoleta. Esos años, se caracterizaron por ostentosas reuniones gastronómicas. Cuando la pompa menemista estalló, surgió un grupo de jóvenes radicales a los cuales no les gustaba ensuciarse las manos. Cambiaron la redonda de muzzarella y la cubertería de lujo por pescado crudo. El grupo Sushi, estaba comandado por Antonio De la Rúa, Dario Lopérfido y Ricardo Rivas, entre otros personajes de perfil snob con llegada directa al ex presidente que se fue en helicóptero de la Casa Rosada en diciembre de 2001. Su bastión estaba en Retiro, en las mesas del restaurante Azul Profundo.

PINO Y EL GLOBO
Pino Solanas, hoy, organiza reuniones en su casa de Vicente López con sus asesores, a los que agasaja con empanadas de carne caseras que él mismo cocina y acompaña con botellas de buenos vinos tintos. Pero cuando la reunión es cerca del Congreso, la parada obligada es El Globo, un restaurante español ubicado en la calle Hipólito Irigoyen al 1600, donde tiene cuenta y los mozos, que saben que no come lácteos, lo esperan con la ensalada de radicheta, rúcula y limón que tanto le gusta.  

UCR: CONSERVADORES
Elisa María Avelina Carrió es una gran conocedora de los restaurantes porteños. El menú que suele elegir es amplio y variado, va desde un poderoso puchero en el restaurante El Globo, hasta una parrillada de mariscos en Marcelo de Puerto Madero. La líder de la Coalición Cívica también suele cocinar a sus invitados en su departamento de Barrio Norte. Su especialidad son las pastas. Carrió también solía visitar el restaurante Laurak Bat, un centro vasco ubicado en la calle Belgrano. Pero, desde que se enteró de que el Secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, protagonizó un escándalo en ese lugar; decidió ausentarse por un tiempo.  

Si de conservadores se trata, Ricardo Alfonsín (h) podría ser el líder al menos en materia de gastronomía. Sus almuerzos suelen ser en Plaza Mayor o en el Centro Lalín. En esos restós de cocina de España lo esperan con su plato preferido que poca honor hace a la culinaria de ese país. Es que la milanesa napolitana con papas fritas son el cimiento de la dieta del referente radical que, a pesar de cuidarse, no puede evitar las tortas y el cortado una vez terminado el convite. Sus asesores suelen ser víctimas del apuro que Ricardito lleva y siempre terminan dejando el plato a medias.    

Margarita Stolbizer es, además de Diputada Nacional, una verdadera ama de casa. Le adjudican un gran dominio de la cocina casera. Cuando está en el Congreso, pide comida a su oficina o bien se hace una corrida para probar las milanesas de soja con queso de Barthó, un modesto bar de la calle Riobamba.

PRO: ABSTEMIOS Y MUY FASHION
A Mauricio Macri le gustan mucho el pescado y las ensaladas verdes. No toma alcohol y suele pedir agua cuando va a comer sushi a Osaka o a Museo Renault, que le queda a la vuelta de su casa. Pero a pesar de su esfuerzo por comer sano y mantenerse en línea, el principal referente del PRO tiene debilidad por los dulces a cualquier hora. Tal es así, que durante la campaña de 2009, en sus caminatas habituales por la ciudad se topó con una panadería en Caballito que lo volvió loco. Todos los lunes le mandaban a su despacho las especialidades de la casa, pero el jefe de Gobierno tuvo que pedir que suspendan los envíos porque estaba arruinando su figura.

Después de un nutritivo desayuno a base de frutas y de una mañana de trabajo, Mauricio opta por almorzar en El Mirasol de la Recova o en la famosa parrilla La Brigada, en San Telmo. Otro lugar donde lo consideran “de la casa” es en el Dashi de la calle Montevideo donde suele organizar reuniones con diferentes ministros para evaluar cuestiones de cada cartera. También es habitué de Tabac, en Coronel Díaz y Libertador, donde tiene hasta cinco reuniones entre mesa y mesa.

Gabriela Michetti, tiene una amplia variedad de lugares para comer. Entre ellos están Sucre, La Brigada, Olsen e Il Matterello, un bodegón italiano de La Boca. Su menú varía entre risotto, pasta con tomate y albahaca, alguna comida hindú o sushi. Para beber toma soda o gaseosas Light. Como buena mujer coqueta, evita los postres.   

PJ DISIDENTE: VORAZ
Que al Colorado le gusta el tuco puede sonar a mal chiste. Lo cierto es que Francisco de Narváez tiene entre sus comidas predilectas a los fideos con salsa de tomate o cualquier otra que sea liviana. El diputado colombiano tiene una especial preocupación por mantenerse en forma. Para eso, no sólo sale a correr a las seis de la mañana todos los días, sino que acompaña sus pastas con Coca Light, o bien las reemplaza por tartas o ensaladas que devora en su oficina de Las Cañitas. Sus colaboradores dicen que Francisco elige cualquier lugar para almorzar, pero para la rosca se junta en Croque Madame, situado en el patio del Museo de Arte Decorativo, donde pide apenas un tecito.  

Lo primero que hace Felipe Solá cuando se sienta a la mesa es bajarse la panera. No importa si esta en Tomo I o en una parilla medio pelo. Come compulsivamente y sin darse cuenta de qué y cuánto esta comiendo. Es un acto mecánico, de ansioso y un poco de distraído. Fuma habanos desde los 16 porque Rodolfo Livingston, amigo de la familia y a quien él admiraba, los fumaba. Es un fanático de los pescados y mariscos. Le encanta el pulpo a la gallega de Oviedo y los pescados de Ligure. De su paso por la Gobernación lo que más extraña es el helicóptero y al cocinero.

Desde que vive en General Rodríguez come en Maldeamores, una parrilla que queda cerca de su casa. Ahí hace reuniones importantes porque nunca hay mucha gente. No es muy apasionado del asado y jamás los hace (de eso se encarga su mujer) pero sí le encantan las picadas. Dice que si tuviera que irse a una isla y solo pudiera llevarse dos cosas para comer el resto de su vida, serían pan y queso. Juran haberlo visto en más de una oportunidad camuflado entre la gente en la Fiesta del Salame Quintero que se organiza en la localidad bonaerense de Mercedes.

No le gusta estar tantas horas encerrado en su oficina o en la del Congreso y ahora come y pide que le armen las reuniones en 36 billares, el concurrido bar de Avenida de Mayo. Como ya lo tienen junado, cualquiera que venda algo (cualquier cosa, lapiceras, estampitas, pañuelos) va directo a su mesa. Como nunca anda con mucho dinero o no tiene cambio, sus secretarios terminan prestándole para que pueda comprar chucherías. Vuelve a la oficina descostillado de la risa de la cantidad de cosas que le encajaron y las regala pero nadie las quiere.

Felipe es un abonado al vino tinto. Su último hallazgo es Tomero, un vino que descubrió hace pocas semanas y que recomienda cada vez que puede. Le gusta el whisky. Los días que empiezan muy temprano o terminan muy tarde, se toma una medida como para no caerse. No le interesan mucho los postres. Si hay, come, pero nunca pide más que un helado de limón. Lo último que hace es pedirse un jerez. Su padre lo tomaba y el necesita mantener algunas costumbres del pasado porque es un tipo nostálgico.

COBOS: PIZZA, PASTAS Y VINO
Cualquiera podría pensar que Julio Cesar Cleto Cobos es amante de los platos típicos de la cocina mendocina. No. El vicepresidente realiza bastante ejercicio (corre maratones) lo que le permite disfrutar de comidas de alto contenido calórico. El plato favorito de Cleto son las milanesas con papas fritas. También le gustan mucho las verduras y la lasaña. Cobos oscila entre lo nacional y popular y la comida italiana.  Sus lugares preferidos para comer son Capri, La Marchigiana y De la Ostia en Mendoza. En Buenos Aires prefiere Pizza Cero, Morena y Marcelo, en Puerto Madero.

Todas las comidas y en todos los casos, están acompañadas de buen vino mendocino, lo cual no significa que el ingeniero esté lento de reflejos. Cuando fue a Capri, luego de haber obtenido su triunfo electoral en Mendoza, el personal de la pizzería lo recibió con remeras impresas con el número de su boleta: 503.

LOS K: PESCADOS
Aunque Aníbal Fernández no sale mucho a comer por su alto nivel de exposición pública hay algo que lo hace mover como pez en el agua. Su dieta a base de surubí o dorado, acompañado por puré de calabazas o ensaladas y agua saborizada es lo que lo mantiene saludable –además de cuidarse con los postres-  para trabajar desde la mañana temprano hasta que se ponga la noche y se haga la hora de sus apariciones nocturnas en los programas de televisión.

El ministro de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos, Julio Alak, es fanático de Sushi Club y va por lo menos dos veces por semana. Le gusta tanto el sushi que hay veces que lo pasa a buscar por Puerto Madero y se lo lleva directamente a su casa en La Plata. La obsesión de Alak llega a tal punto que sus asesores juran haberlo descubierto sintonizando el canal Gourmet para copiar recetas de Takehiro Ohno, el especialista en sushi.

Al ministro del Interior Florencio Randazzo le gusta comer bien. Cuando va a Happening con su familia o por trabajo, los mozos ya saben que el funcionario no le ofrece resistencia al salmón o al lenguado, siempre y cuando estén acompañados por un buen tinto. Para completar el menú, nada mejor que un helado con frutos rojos y un ristretto para la sobremesa, momento que el ministro aprovecha para llamar a algún colega o colaborador y hacerle chistes sobre Boca o Ford, dos pasiones que aún conserva.   

Los mozos del coqueto restaurante La Raya extrañan a uno de sus comensales más poderosos. Hace tiempo que Julio De Vido no aparece a degustar un asadito por la calle Ortiz de Ocampo, ni unas mollejas como solía pedir. Ellos se lo imaginan de recorrida por el conurbano bonaerense a la pesca de la Merluza para Todos, que anunció el gobierno a 12 pesos el kilo.

CRISTINA EN LA MESA
A pesar de las últimas referencias gastronómicas hechas por la presidenta Cristina Fernández de Kirchner sobre los beneficios sexuales que supone la ingesta de carne de cerdo, ella no come carne de cerdo. La primera mandataria –siempre preocupada por el avance de los kilos de más- tiene una dieta basada en ensaladas de zanahoria ralladas, repollo colorado, morrones, rúcula, apio y tomate cherry, y atún. Además, entre sus platos calientes incluye terrina de verduras, portobellos y champignones salteados, pescado grillado, caldo de verdura filtrado y desgrasado y de frutas fileteadas, siempre y cuando no incluyan bananas. Todo lo acompaña con agua mineral natural sin gas. Su lugar en el mundo para cenar es el restaurante La Comarca, el restaurante de su hotel cinco estrellas en Los Sauces, en Calafate, Santa Cruz.


por Gastón Cavanagh

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