11.11.2011

Los helados más ricos para comprar en el Barrio Chino

De este lado del mundo, los helados de palito son simples, infantiles. En países como Corea o Japón, todo lo contrario: son sofisticados y sabrosos. Muchos ahora se consiguen acá.


Con la llegada de la primavera se reinicia la temporada de helados en Buenos Aires. Ya sea pidiendo un kilo vía delivery o de pasada, tentados por la gráfica de algún palito nuevo, los argentinos nos mantenemos fieles a la cultura de “salir a tomar un heladito”.
Lo que muchos no saben, es que así como Italia es una potencia en heladerías tradicionales, la vanguardia en palitos viene del lado de Oriente. Corea, por ejemplo, está mucho más avanzado en la cultura del helado de kiosco que el resto de los países del mundo. Algunas de sus variedades (El Melona, por ejemplo) tienen hasta club de fans, mapas para ubicar negocios en donde los vendan, y grupo de Facebook.
Por suerte, desde hace un tiempo, algunas de las marcas más famosas, lideradas por la coreana Bing-grae y la japonesa Lotte, exportan sus especialidades a Argentina, haciendo pasar vergüenza a las grises y predecibles variedades locales, que además de ser menos naturales  y creativas, son un poco más caras que las que nos llegan de Oriente. En otros países (sobre todo en Estados Unidos y Europa, sobre todo en algunos barrios poblados por comunidades coreanas y chinas) son furor los helados Meiji, que ofrecen sabores como té negro con piel de naranja, los del gigante Morianga con su marca Eskimo (que fabrica palitos fusión de porotos aduki con la típica miel de maple americana-canadiense), o los japoneses Calpis, de Seven Eleven que ofrecen vasitos de Yuzu y Mochi, entre otros sabores.
Como en la mayoría de los casos los envases vienen sin traducción y el nombre está directamente en coreano, en JOY probamos y averiguamos cuáles eran los mejores para que puedan sacarlos directamente de las heladeras del Barrio Chino y comerlos sin llevarse demasiadas sorpresas.

Melona
Líderes indiscutidos del mercado del helado de palito, los coreanos Melona ya son más populares que cualquier otro snack del Barrio Chino. Basta con ir los fines de semana para ver miles de envoltorios de colores atascados en los cestos de basura y a la gente dando vueltas con la característica barrita color verde claro en la mano. El mejor es, sin dudas, el de melón, que además de ser súper cremoso, logra un sabor tan parecido a la fruta original, imposible de igualar para las heladerías más onerosas y expertas de Buenos Aires. Cómodo, en el segundo puesto viene el de mango, que triunfa en lo mismo el área en la que fracasan todos los palitos nacionales: en lograr un sabor natural y evadir esencias berretas e infantiles que a la larga terminan cansando. También son muy ricos el de banana y el de frutilla, aunque menos sorprendentes. ¿Lo mejor? Aunque son importados (no se fabrican acá, se traen desde Corea) salen entre 4 y 5 pesos y tienen 115 calorías. Ideal para darse un gusto caminando por el barrio y comprando chucherías que nunca vamos a usar.

Kapeore – Capuccino Ice Cream
El fanatismo de los orientales con el café no conoce límites, y no contentos con tener máquinas expendedoras de frapuccino en el subte, también tienen su variedad helada de espresso, capuccino y café con leche.  Dentro de este segmento hay varios interesantes, pero este de Bing-grae, el Kapeore, es por lejos el mejor. Esta maravilla gélida de capuccino, tiene un centro cremoso y perfumada, recubierto por una capa fina crocante parecida al chocolate blanco, pero con sabor a café. Cuando lo mordés, se quiebra y deja paso a la crema, que se derrite en la boca, acariciando pero sin empalagar. Menos rico, también se encuentra el Summer Crush, que es un tubo con espresso helado, ideal para tomar cafeína y refrescarse en pleno verano, sin sumar crema ni chocolate.

Chambungau Samanco
Otro helado muy popular que le pasa el trapo a los helados nacionales es el famoso pescadito de Bing-grae, que consiste en una cáscara de oblea muy fina moldeada en forma de pescado (lindísimo, con ojos, escamas, aletas y todos los detalles) relleno de una capa de crema americana y de mermelada de poroto aduki, con pequeños chips de galletita de arroz. Para quienes no lo conozcan, por su popularidad, se podría decir que el dulce de aduki es una suerte de dulce de leche oriental. Se lo ponen a todo: en mooncakes o diversas variedades de wagashi (masas tradicionales japonesas de mochi) así como solo, al final de las comidas, cortado en triángulos regulares. En cuanto a sabor, imagínenlo como un dulce de batata un poco más fino y menos dulce. Rico, pero sobre todo, interesante.

Triángulo de uva Lotte
Este curioso tubo de cartón trae alojado un triángulo de granita de uva chinche que se va empujando desde abajo. A este sistema —una suerte de “naranjú” sofisticado— los japoneses le dicen algo que podría traducirse como “hielo a la mano”, y aunque a primera vista parezca incómodo, se deja comer muy bien mientras vas caminando. Es aguachento, pero su sabor intenso y perdurable compensa con creces lo que no tiene de cremosidad y de textura, y contra lo que puedan suponer los pesimistas, la promesa del gusto a uva chinche es real: es bien dulce, como si la fruta hubiera quedado en la planta un tiempo de más. Sale $8 y se encuentra en el puesto de comida callejera de Arribeños y en Asia Central, aunque es uno de los más buscados y por extensión, de los más difíciles de encontrar. Viene también en una versión sabor durazno, mucho menos rica que la original.

Pangtoa
Aunque acá no se estila mucho, el “ice cream sándwich” es muy popular en Oriente y en Estados Unidos, en donde hay de bizcochuelo, de masa crocante, de whoopie pie, e incluso algunos hechos con la masa de las famosas chocolate chip cookies americanas. Cómodo para disfrutar mientras hacemos las compras, y liviano a pesar de ser un helado cremoso, el Pangtoa de Bing-grae viene en tres variedades: con masa de “sponge cake” relleno con helado de crema y pedacitos de galletas Oreo, de doble chocolate entre dos finas capas de torta, y uno de cheesecake que también es bueno y sutil, aunque un poco más aburrido. Cuesta $6 en Asia Central y $7 en el resto de los comercios. Para principiantes y temerosos, ideal.

Bibi Big
Este palito de crema de poroto aduki, al principio puede parecer extraño al paladar, pero después de darle un par de chupadas (o mordiscos, si la sensibilidad de los dientes lo permite) termina siendo un manjar. Aunque es mayoritariamente de crema de aduki, trae algunos porotos dulces mezclados en la barra, lo que le da un efecto sorpresa muy agradable.  Es uno de los más populares y fáciles de conseguir, sobre todo por su precio, que muchas veces está debajo de los $4. Muy recomendable.

Cledor Berrymix
Muy parecido al Mega de Frigor, pero más barato y más novedoso en sabor. Crema veteada con syrup de frutos rojos recubierta por una capa de grueso chocolate con leche y almendras. Muy occidental en sabor, pero oriental en manufactura y excelencia, es ideal para golosos que buscan un postre contundente. También hay rellenos de espresso (ya dijimos que los nipones están obsesionados con el café), con la misma cubierta deliciosa. Salen $8 y están en todos los supermercados del Barrio Chino en sus tres variedades.

Subak Ba
El Subak Ba o “el palito de sandía” es otro de los que le pasa el trapo a los helados de kiosco locales. Los orientales adoran esta fruta que allá es más lujosa y cara que en Buenos Aires. Un poco por su aspecto (es idéntico a una tajada de sandía, con cáscara, semillas, y todo el folklore) y otro poco por su sabor (fresco y real) es uno de nuestros preferidos. Las semillas hechas con chispas de chocolate pueden despertar controversias entre los fundamentalistas del helado de agua, pero la verdad es que colaboran demasiado en la fantasía como para suprimirlas. Se consigue en Casa China, Asia Central y el Centro de Copiado del Barrio Chino (Arribeños 2170) a 8 pesos. Bing-grae también tiene su versión de helado de sandía, una suerte de pomo del que uno va apretando y absorbiendo. Este método, el del pomito, es muy popular en Oriente, aunque la verdad es que es bastante incómodo, desagradable y no puede competir con la perfección de la tajadita frutal. No lo recomendamos.

Helado de mandarina de la Isla de Jeju
Jeju-do es una isla volcánica de Corea, famosa por el cultivo de algunas de las mejores y exclusivas mandarinas del mundo, como la Hallabong o la Gamgyul. Tanto, que muchos coreanos viajan sólo para visitar sus granjas, recoger las frutas ellos mismos, y volver con una caja de estos afamados cítricos envueltos en papel de seda, para regalar y lucirse entre amigos. Como era de esperar, esta tradición oriental  tiene también su helado de palito: una barrita de agua con sabor intenso que asegura estar hecha con el jugo de las auténticas mandarinas de la isla. Ideal para fanáticos de este cítrico como para eternos dieteros: es refrescante, liviano, y tiene sólo 65 calorías, que vienen bárbaro para empezar el verano tomando un helado y sin engordar. Sale $4 en Asia Central, aunque no siempre hay. Si lo encuentran, compren para stockear.


Por Carolina Aguirre / Fotos: Natalia Zaidman

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