02.01.2012

Máquinas de café en cápsulas: cómo es cada una y cuál conviene comprar

En sólo un año surgieron tres nuevas marcas de cápsulas de café que buscan competir con Nespresso, la única que ya estaba en el país. Ventajas y desventajas de cada una.


Alcanza con ir a la góndola de cualquier hipermercado para darte cuenta de que algo está pasando con el café. Hablamos de las cápsulas, lo más trendy que le pasó a las infusiones tras más de un siglo de estabilidad. Esas pequeñas monodosis de café que se colocan en una maquina hogareña, donde tocás un botón y -voilá- obtenés un café que compite con lo que sirve el mejor bar porteño. Una revolución que cambió el modo de pensar el café. Una revolución que está en plena ebullición.

Todo empezó en 2006, con el desembarco del jugador número uno en la materia, Nespresso, parte del gigante Nestlé. En cinco años Nespresso logró un éxito formidable, aprovechando que no había competencia. Recién a fines de 2010 apareció Dolce Gusto, con sus máquinas multibebidas. Y en 2011 hicieron lo propio Senseo, de la alemana Philips, y Che Caffe, con la licencia de la italiana Gimoka. Así, de apenas una marca hoy contamos con cuatro. Máquinas de colores, con lógicas de negocio muy distintas. Como siempre, la pregunta se resume en una sola: ¿cuál comprar? En JOY probamos todas y te pasamos nuestra conclusión.

NESPRESSO
Marca que domina el mercado mundial de cápsulas. Tiene una estética exclusiva y muy canchera, tanto que se la conoce como la Louis Vuitton del café. En esto mucho ayudó su embajador, “el hombre que todos los hombres queremos ser”, “el hombre que todas las mujeres quieren amar”, George Clooney. Pero que quede claro: lo de Nespresso no es una burbuja marketinera. Sin temor a sonar obsecuentes, esta marca hace todo perfecto. Así nomás: perfecto.

Lo bueno: las máquinas son verdaderos objetos de decoración hogareña, que logran los 19 bares de presión, claves para un buen espresso. Las cápsulas mismas son pequeñas obras de diseño, con sus 16 variedades, además de ediciones limitadas que suelen lanzar al mercado periódicamente. Nespresso la juega de exclusivo, por lo que las cápsulas se venden solo en las boutiques de la marca (Recoleta y Unicenter) o por teléfono. Esto es engorroso, pero hace a la esencia del lujo, a la idea de pertenecer a un club. A su vez, ir a una tienda es una experiencia en sí misma: una reversión gastronómica bien a lo MacStore.

Lo malo: claramente el costo de pertenecer. Mientras que las máquinas arrancan en los $1750, una cápsula cuesta cinco pesos y trae 7 gramos de café, lo que da un total de $714 por kilo. Esto resulta aún más caro si se tiene en cuenta que en Europa una cápsula sale 0,35 euros (y aún así se la considera allí un café de lujo por su "alto precio").

Conclusión: si podés (y querés pagarlo), es por lejos la mejor marca a la hora de beber espressos.

NESCAFE DOLCE GUSTO
La principal competencia de Nespresso llegó del lado de la misma compañía madre, Nestlé. Dolce Gusto arribó al país a fines de 2010, y ya vendió 41.000 máquinas (hoy parten de los $700) y la friolera de seis millones y medio de cápsulas. El latiguillo de venta es que no se trata de café, sino de "tu coffeshop en casa". Esto es, más allá de un espresso (las máquinas alcanzan los 15 bares de presión exigidos), hay cápsulas de Latte Macchiato, Latte Macchiato Skinny, Cappuccino, Cortado, Nesquik, Chococino, Espresso y Caffè Lungo. Y hace un mes presentaron sus variedades frías: el Cappuccino Ice y Nestea Durazno. Así, Dolce Gusto se sube al carro impulsado por Starbucks, donde el café no es tan importante, sino que la prioridad es la experiencia de beber lo que te gusta.

Lo bueno: la diversidad de bebidas. El cappuccino es la mejor para los que gustan de bebidas dulces, cremosas y densas. También es rico el té frío de durazno, que le gana a muchas aguas saborizadas de kiosco. También las tres máquinas que ofrecen son preciosas. Obviamente, acá no se trata de la calidad "gourmet" de la materia prima (mezcla de cafés solubles, cafés tostados, leche en polvo, aromatizantes artificiales y varios etcéteras), sino del resultado final.

Lo malo: si lo que te gusta es un buen café, Dolce Gusto falla: su espresso es liviano, con poca crema que no dura. El cortado hace recordar al café instantáneo. Los precios son más razonables, a $42 la caja de 16 cápsulas, pero este valor a veces engaña: por ejemplo, el Cappuccino requiere dos cápsulas, una de café y otra de leche, por lo que duplica su costo.

Conclusión: una marca interesante, que tal como pasa con un Starbucks, no apunta al amante del café en su versión más sofisticada, sino al que quiere bebidas compuestas, el que ama el café instantáneo batido y la familia que busca una solución práctica para chicos y grandes.

SENSEO
Detrás de Senseo hay dos grandes nombres: la gigantesca Philips, que hace la máquina, y que en cada país busca un socio local que se encargue del café. En este caso, fue Cabrales, la mejor empresa argentina en cafés de calidad masivos. Por ahora, Senseo presentó una sola máquina en dos colores (rojo y negro), muy bonita aunque algo más plástica que las de la competencia. El discurso de Senseo es simple: apretás un botón y en 30 segundos podés disfrutar "el aroma, sabor y cuerpo del café, con una deliciosa capa de espuma". Aquí no se usan cápsulas, sino más bien unas bolsitas (pods o cialdas) de papel que tienen dentro el café. Por ahora ofrece cuatro variedades: un Súper Cabrales, un Colombia, un descafeinado y un inexplicable café torrado con azúcar.

Lo bueno: la estrategia de Senseo es la lucha por precio. Las 16  bolsitas de café tostado valen $38,50. También la máquina tiene un precio amigable (en algunos comercios, desde $500). Y el café que sale es correcto, un Cabrales como al que estamos acostumbrados. Otra ventaja es que las bolsitas se consiguen en todos los supermercados e incluso en algunos chinos importantes.

Lo malo: no se trata de una máquina espresso, porque no tiene los bares de potencia necesarios para serlo. Y si bien nunca afirman lo contrario, desde la marca inducen al error al hablar de la "espuma del café". Senseo apenas produce una capa liviana de espuma, que desaparece en segundos. Es, en realidad, un upgrade del café de filtro, práctico, eficiente y simple. No hay que exigirle más que eso.

Conclusión: no a todo el mundo le gusta el café espresso. Si es tu caso, puede ser tu opción ideal.

CHE CAFFE
Che Caffe es una empresa argentina, que vende el café italiano Gimoka en cápsulas, en cialdas (bolsitas como las de Senseo) y en grano. A su vez, ofrecen dos familias de máquinas distintas: las Gimoka (18 bares), que carecen de estética pero que apuestan a la funcionalidad y precio; y las Bialetti (20 bares), de diseños entre divertidos y kitsch, de la marca que inventó la mundialmente famosa cafetera Moka. En el caso de Che Caffe, se destaca el hecho de que se trata del verdadero espresso italiano, ya que se utilizan cafés tostados, mezclados y fraccionados exclusivamente en Italia.

Lo bueno: si buscás precio, las máquinas Gimoka (18 bares) te lo pueden dar. Funcionan con cápsulas y sus valores empiezan en los $750 (incluyendo 30 cápsulas de café de regalo). Luego hay versiones de hasta $1300. Las cápsulas vienen en versiones como café intenso, suave y descafeinado. Luego hay un saborizado con ginseng, orzo (malta), té al limón y té al durazno. Los precios: $3,30 cada cápsula, en paquetes de 30 unidades. Pero mucho mejor resulta pagar el extra (desde $2000) para comprar una Bialetti, máquina trivalente que acepta los tres sistemas. Funciona con las cápsulas, con las cialdas y ¡con café molido!, por lo que uno no queda atado a una marca específica.

Lo malo: más allá de los bares de presión, ninguna logra con las cápsulas un café con la calidad de un Nespresso. Las Bialetti, con café molido y mano de barista, consiguen un muy buen producto, pero con las cápsulas son sólo correctas sin ser superlativas. A su vez, como la Senseo, la cápsula queda en el portafiltro, por lo que uno debe encargarse de desecharla. Otra desventaja derivada de no ser una gran empresa es que cada tanto les falta stock de alguna variedad.

Conclusión: las Bialetti son una muy buena opción, por su versatilidad para trabajar con todo tipo de café. Las Gimoka ofrecen precio y un buen café, pero dudamos de su servicio post venta. Igualmente, tal vez valga la pena arriesgarse.


ESPERANDO A ILLY Y A LAVAZZA
Hay otras dos marcas en el país que venden sistema de cápsulas. Y no son pequeñas empresas: hablamos de dos marcas que están entre lo más interesantes del mundo, ambas italianas, y que saben mucho de lo que es un buen espresso. Esas marcas son Lavazza e Illy. Ambas están presentes en la Argentina y ofrecen sus máquinas y cápsulas (también pods), siendo las únicas que podrían competir, en lo que es la calidad (en diseño se quedan atrás) con Nespresso. Entonces, ¿por qué no las incluimos? Porque por ahora ninguna de las dos está apuntando al comercio hogareño, sino solo a oficinas, bares y restaurantes. De Illy es casi imposible conseguir sus cápsulas como consumidor final, sin pasar por un distribuidor. Lavazza, si bien tiene un local en Reconquista 751, prioriza el canal de oficinas, con packs mínimos de 100 cápsulas por variedad. Dos muy buenas marcas, que por ahora prefieren quedarse afuera de la contienda.


Por Ignacio Rivera

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