14.03.2011

Macaron: el nuevo objeto de deseo de los golosos chic

Primero fueron las cupcakes y ahora es el turno de los macarons, la especialidad francesa a base de almendras.


Como todo, la pastelería no es ajena a las modas. Hace unos años, el protagonismo indiscutido era de las cookies, y después, de los muffins. Pero el estrellato les duró poco, porque irrumpieron en escena los cupcakes. Y ahora, es el turno de los macarons. Llegaron directo de Francia, donde tienen una larga trayectoria en las cartas de las confiterías y casas de té, y ahora están en todos lados: desde los mostradores de las pastelerías hasta en el catering de las fiestas de quince. Pero… ¿de qué hablamos cuando hablamos de macarons?

Son una suerte de galletitas redondas, crocantes por fuera y cremosas por dentro, hechas con polvo de almendras, clara de huevo y azúcar, que se rellenan con cremas, ganaches o mousses. Vienen en distintos sabores y colores, y son el último grito de la sofisticación en materia de pastelería.  De sabor suave y delicado, son livianas e ideales para acompañar el té. Su sabor es distinto a cualquier otra especialidad de la pastelería. Tienen entre 3 y 5 centímetros de diámetro. Y si sos glotón, en una merienda te comés una docena o más.

¿DE DONDE VIENEN?
Hay diversas versiones sobre el origen de los macarons. Algunos lo encuentran en los hornos de los pasteleros de la corte francesa del siglo XVIII, otros en la Italia del Renacimiento y en la cocina de unas monjas benedictinas en la ciudad de Nancy, después de la revolución francesa. Lo cierto es que se hicieron famosos primero en Francia - donde hasta tienen su propio certamen, en el que se elige el mejor macaron - y allí evolucionaron hasta adoptar las miles de variedades que conocemos hoy.    

Los más comunes son los de chocolate, vainilla, café, frambuesa, limón, frutilla y pistacho. Pero las casas de alta repostería tienen sus propias creaciones. Ladurée, una tradicional pastelería parisina célebre por sus deliciosos macarons, tiene en su lista de sabores opciones como pétalos de rosa, cassis, frutos rojos, coco, menta o praliné, y los va cambiando según la estación. El repostero Pierre Hermé, famoso por sus combinaciones exóticas, los hace de naranja y canela, crème brûlée, chocolate, banana y maracuyá, y hasta de foie gras. Paulette, otra casa que es sinónimo de macarons, en Beverly Hills, los hace de maracuyá, ananá y coco, y earl grey, entre otros sabores. Su trabajoso proceso de elaboración eleva el precio por unidad. Por ejemplo, en Ladurée cuestan alrededor de dos euros cada uno.

En Buenos Aires, donde los cupcakes ya dejaron de ser una rareza, los macarons no tardaron en llegar y poco a poco se van imponiendo. Los podés probar (a un precio aproximado de $5 por unidad) en casas de té y dulces, como Chez Pauline, Mc Café, Les Croquants y En el Nombre del Postre, donde para estas fiestas los elaboran en rojo y verde rellenos de turrón y caramelo. Pero también se consiguen en cualquier restaurante que tenga buena pastelería y/o alguna mínima inspiración francesa, como Buenos Aires Pastry o Chez Nous, sólo por citar algunos ejemplos. ¿Una moda que llegó para quedarse?


Por Agustina Rato

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