03.07.2016

Madryn al Plato en 5 pasos

La 9º edición del festival gastronómico mostró los mejores productos de la región, además del empuje y talento de sus cocineros, reunidos en el colectivo Chucaro.


Del 8 al 10 de julio se llevó a cabo Madryn al Plato, el evento gastronómico de la ciudad de la Patagonia. Viajamos hasta allá y te contamos todo lo que hicimos (y comimos). 

PRIMER PASO: EL ALMUERZO SOLIDARIO 
Amanece en Puerto Madryn y en la costanera, frente a un mar que ya es el hogar temporal de cientos de ballenas, hay 46 corderos colocados en estacas y esperando el fuego. Pronto, comenzarán a asarse lentamente, durante tres horas,  o más, bajo la supervisión de los cocineros de que participan de la novena edición de Madryn al Plato y no tendrán medio de ahumarse. Es más: estarán felices de hacerlo. Por allí están Dolli Irigoyen (madrina del festival), Pedro Lambertini, Joaquin Grimaldi –que abandonó los postres por un rato y saltea navajas y almejas en un disco enorme–, Gabriel Oggero, Damián Cicero, el neuquino Marcelo Couly, Ximena Saénz, Juan Braceli y Gustavo Rapretti, el motor espiritual del evento, con un facón filoso en la manos. También están, como siempre, los integrantes del grupo Chucaro: Sebastián Fredes (Esquel), Paula Chiaradia (Trevelin), Pablo Soto (Comodoro Rivadavia), entre otros. 



Como cada año, el almuerzo solidario fue el corazón de Madryn al Plato. Además de los 46 corderos, se vendieron 300 kilos de langostinos y otros 300 de navajas y almejas del Atlántico.  Y todo el dinero que se recaudó fue donado al Hospital “Andrés Isola” de la ciudad.  El evento fue transmitido  en vivo al país a través del programa Cocineros Argentinos.  



SEGUNDO PASO: LAS CLASES DE COCINA 
El día anterior había sido el momento de las clases de cocina. En una carpa que se montó en la costanera, se armaron duplas con mucha química y con un buen sentido del espectáculo: recetas ricas y show. Entre el público se veía a Christophe Krywonis  –que está vez no cocinó-, Elizabeth Vernaci y Humberto Tortonese, que fiel a su estilo “subtitularon” las clases con comentarios graciosos y desparpajo. Junto a ellos se encontraba la Ministra de Turismo de Chubut, Cecilia Torrejón. 

Salvo algunas excepciones, la mayoría de los chefs apeló a los productos de la región: su famosa sal marina extraída de Cabo Raso, los langostinos de Balut S.A., las mermeladas caseras de frutos rojos. Lambertini, por ejemplo, se despachó con un clafoutis soufflée de arroz, peras, almendras y frutas rojas, Grimaldi con alfajores de castañas de cajú, sal, café y chocolate con frutos rojos y Dolli con frutos de mar con ensalada tibia de lentejas y tahine. 

 

TERCER PASO: LA FERIA DE PRODUCTORES
En paralelo al festival se llevó a cabo una feria en la escuela 84 donde los productores mostraron lo que saben hacer: cervezas artesanales, deliciosos licores, conservas y mermeladas, la legendaria torta galesa, los quesos de cabra y saborizados y hasta algunos vinos. 

CUARTO PASO: LOS RESTAURANTES 
Y más allá de los productores, Madryn al Plato también funcionó como una vidriera de lo mejor de su oferta gastronómica. Desde los restaurantes que están sobre la costanera como Bistró de Mar (Almirante Brown 860) y Yoaquina (Almirante Brown 1050) donde la vista es un plus y uno puede almorzar un pincho de langostinos cubiertos en panceta o una cazuela de mariscos mientras las ballenas nadan a tan solo unos metros, como otros donde los nombres de sus chefs avalan una propuesta más ambiciosa. 



En “En mis fuegos” (Av. Gales 32), Gustavo Rapretti muestra su cocina con identidad con un menú por pasos en el que puede haber vieyras crocantes, revuelto de langostinos, salicornias y wakame o paletilla de cordero braseada en cuba de hierro. Otra gran sorpresa fue Panacea (esquina de Roca y Apeleg), un restaurante fuera del radar turístico donde uno puede reencontrarse con Juan Marin y los panes gloriosos de masamadre,  las focaccias y los chapatis que supo preparar hace años en lugares que marcaron a Buenos Aires como La Providencia y Masamadre. Además de ofrecer guisos marroquíes, curry de langostinos con arroz,  mejillones a la provenzal, entre otros puntos altos de la carta. 

 


QUINTO PASO: LO QUE SE VIENE 
Esto fue algo de la novena edición de Madryn al Plato, que funcionó como un buen aperitivo para la del año que viene, la número diez, la del número redondo, que promete ser una gran fiesta.  

Sí, adivinaron: ya estamos contando los días. 

POSTRE: LA OFERTA TURÍSTICA 
Madryn al Plato es un gran festival porque está emplazado también en un lugar único. La cercana Península Valdés fue elegida por National Geographic como uno de los diez mejores del mundo para ver ballenas. En este caso la enorme y amigable Franca-Austral que desde junio (y hasta diciembre) llega para reproducirse y para tener y amamantar a sus crías. Además de los avistajes embarcados que parten desde Puerto Pirámides, a solo 15 kilómetros está la playa de El doradillo donde se las puede observar a pocos metros, desde la costa. Otro lugar recomendable para visitar es el Ecocentro (Julio Verne 3788), un sitio imperdible a pasos de la playa de las cuevas, donde los galeses durmieron ni bien hicieron pie en la región. En el Ecocentro se puede aprender sobre las ballenas con instalaciones interactivas, pasar tiempo en su mirador leyendo libros de Julio Verne o tomar un café en su coqueto café con vista al mar.

 

Por Cecilia Boullosa
Fotografía por Rodrigo Ruiz Ciancia





 



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