31.10.2014

Malbecs de altura: 10 etiquetas imperdibles

Saber cuán altas fueron plantadas las uvas con las que se elabora un vino no es un dato menor. ¿Querés saber por qué los metros importan? Probá estos diez tintos y enterate.


“Hablar de altura es cosa de enanos”, dijo en cierta oportunidad Arnaldo Etchart, viejo zorro de las bodegas norteñas, para referirse a una competencia que se había establecido entre las casas vinícolas a comienzos de la década pasada: conseguir el vino más alto de la Argentina. La frase era más una chicana entre bodegueros que una realidad. Y eso lo sabía bien Etchart, que había construido un imperio en Cafayate, con vides entre los 800 y los 2000 metros sobre el nivel del mar.


Etchart reconocía que la altura de los viñedos era el secreto de Salta, lo que la hacía única en el mundo. Y mientras por aquellos años Bodega Colomé plantaba Altura Máxima, un viñedo a 3111 metros sobre el nivel del mar, el resto de las bodegas del país empezaba a comprender que la altura era algo más que un paisaje bonito: era la clave de los vinos argentinos.


Ahí estaba Terrazas de los Andes, pionera en conceptualizar el concepto de una altura precisa para cada varietal. Y también estaban otros productores, como Salentein o Catena, que empujaban los límites de lo plantado en Mendoza en Estancia San Pablo y Gualtallary, dentro del alto Valle de Uco. Y así, al cabo de una década, la altura pasó a ser uno de los principales valores de la Argentina en el mundo. ¿Por qué?

LOS MÁS ALTOS
En nuestro país la vid se cultiva en torno a los 800 metros sobre el nivel del mar, con picos que ascienden a más de 2000. Esa condición no se cumple en ningún otro país del mundo. Mientras que, por ejemplo, en Nepal está el viñedo récord –que no es productivo–, las zonas más altas de Europa, como el Douro, no superan los 600 metros. Chile podría ser el competidor natural para el vino de altura; sin embargo, salvo en el Valle del Elqui –destinado sobre todo a la producción de pisco–, sus vides están en torno a las alturas de Mendoza o de la costa. Eso hace que el caso de la Argentina sea único en el mundo.

En los últimos años, la búsqueda de terruños más altos viene empujada por la necesidad de encontrar nuevo equilibrio en los vinos, especialmente en Mendoza, donde conseguir zonas más frescas permite equilibrar su acidez y su alcohol. Así se desarrollaron Vista Flores, Altamira, Gualtallary y Los Árboles, por ejemplo, en el Alto Valle de Uco.

Pero el atractivo de la altura no reside solo en la moderación térmica. Al ascender, también la intensidad del sol aumenta, por la sencilla razón de que hay menos atmósfera para filtrarlo. Y si el sol es más fuerte, las uvas tendrán más color, que es su defensa natural contra sus rayos. Es por ello que nuestros vinos se caracterizan por un intenso color, cuyo matiz varía del brillante en zonas frescas o frías, al mate en zonas más cálidas. Así, el esquema “intensidad de color, vinos potentes y de estructura” que caracteriza a nuestros vinos es el resultado de cultivar viñedos en desiertos de altura. Para comprenderlo a fondo, conviene comparar una variedad. Y en nuestro mercado la única que sirve para ello es el Malbec. A continuación, los mejores Malbecs de altura de nuestro país.

Cafayate Reserva Malbec 2012 ($62). Bodega Etchart es una de las pioneras en apostar por vinos de altura. Si bien en su historial los tintos son medianamente recientes, cuenta en su haber con uno de los que cimentaron el concepto desde la década del 1990: Arnaldo B. Émulo de aquel blend, este Malbec reserva, lanzado en 2013, ofrece un color violeta algo mate, con una aromática híper expresiva y un paladar intenso, cuya entrada ligeramente sucrosa lo hace muy agradable.

Don David Malbec 2012 ($80). Entre las marcas clásicas que se aggiornaron a un paladar de altura, Don David, de bodega El Esteco, merece especial atención. Pasó de ser un vino de corte clásico a uno moderno en el transcurso de la década pasada. Con pies en Cafayate, este Malbec propone el ABC del asunto: color intenso, aromática expresiva, frutal y especiada con trazos de roble, y una boca golosa y de carácter. Excelente puerta de ingreso para los no conocedores.

Zorzal Terroir Único Malbec 2012 ($80). Ubicada en Gualtallary, en la parte alta de Tupungato y a 1350 metros, la flamante Bodega El Zorzal elabora vinos de altura con uvas plantadas en 2008. El frío nocturno y el fuerte sol del día hacen que las uvas potencien sus aromas y conserven su acidez. Así, este Malbec es rojo violáceo brillante, con una aromática frutal y vegetal, y un paladar jugoso de frescura elevada y largo final franco. Para quienes quieren conocer el estilo puro de la altura mendocina, es un ejemplar perfecto.

Salentein Malbec Reserve 2012 ($116). Bodega Salentein es una de las pioneras de la altura mendocina desde mediados de 1990. Con viñedos de Malbec en torno a los 1100 metros en el Valle de Uco, la principal característica de su varietal hay que buscarla en la concentración y frescura elevadas, con una aromática entre frutal y floral que atrapa. Con todo, el color violeta brillante es el signo del lugar. La novedad este año fue el lanzamiento de una edición de botellas Magnum 2008, perfectas para conocer la evolución de los vinos de altura.

Sophenia Reserve Malbec 2012 ($120). Construida entre Los Árboles y Gualtallary, en el Alto Valle de Uco, esta bodega dirigida por Roberto Luka apostó desde el día cero por la altura. Y así como tiene un excelente Chardonnay, se destaca también su Malbec, de notable concentración colorante, alta expresión frutal y herbal, con una boca intensa, rica en frescura y taninos vivos que reclaman cierta guarda. En eso, el frío de Uco hace que los tintos sean naturalmente estructurados y que demanden más tiempo de botella. Este sería el caso ejemplar.

Andeluna Altitud Malbec 2010 ($130). Parte de la segunda avanzada sobre el valle de Uco, posterior al 2000, Andeluna sacó buen partido de su ubicación, a las puertas de Gualtallary y sobre una lomada. Su línea Altitud, elaborada con uvas plantadas a 1300 metros, es icónica de la región. Malbec violeta intenso y brillante, con una aromática frutada y herbal que recuerda al campo abierto; al paladar es pura chispa de frescura, con taninos vigentes pero moderados por los años y una frescura que estira el paladar del vino largamente. Resulta perfecto para conocer a qué saben los vinos de altura mendocinos.

Zuccardi Q Malbec 2011 ($162). Los vinos de Familia Zuccardi forman la parábola perfecta para comprender la importancia de la altura a la hora de hablar de vinos, ya que elaboraron tintos cotidianos durante tres décadas en las zonas bajas de Mendoza hasta que llegó el momento de lograr vinos fuera de serie. En 1999 lanzaron la línea Q, cuyo Malbec fue virando cosecha a cosecha hasta ser 100% Valle de Uco, elaborado con uvas de Vista Flores y Altamira. Rojo violáceo intenso, de aromas frutales y florales, sobresale por su paladar de rica frescura, intensidad y paso jugoso.   

Colomé Estate Malbec 2011 ($190). Elaborado por Bodega Colomé en Molinos, Salta, a 2300 metros sobre el nivel del mar, este Malbec emplea uvas plantadas hace más de un siglo en los Valles Calchaquíes. Lanzado hace una década, Colomé Estate es el vino ícono de la altura: color profundo y alto impacto, causado por la concentración. Se destaca especialmente por su sabor frutal, por un trazo de morrón ahumado, y porque su acidez es elevada. En suma, porque la altura hace de la exageración su principal atractivo.

Yacochuya Malbec 2011 ($400). Lo que más cautivó a los enólogos extranjeros cuando llegaron a nuestro país fue que aquí los vinos eran naturalmente concentrados. Yacochuya es el mejor ejemplo, elaborado con uvas plantadas a 2000 metros. Así, Michel Rolland y la familia Etchart concibieron un tinto de altura que es, a su vez, un modelo de concentración. De un color oscuro y opaco, una aromática apretada y de frutas rojas cocidas, el paladar es potente y jugoso, con un alto tenor alcohólico que subraya su intensidad. No apto para paladares moderados.

DV Catena Adrianna Vineyard Malbec 2010 ($480). Nicolás Catena es un visionario del negocio del vino. Ya en 1992 arrancaba la plantación de un viñedo experimental el Gualtallary –20 años antes de que eclosionara como región– y de ese viñedo original provienen las uvas para este Malbec. En sintonía con los tintos de la región, es violeta profundo y brillante, con una aromática abierta y frutal, en la que se destacan trazos de cassis y moras. Al paladar es jugoso, envolvente y de rica frescura, con taninos sosegados debido a una larga y equilibrada crianza. Un vino fuera de serie.

CUESTIÓN DE METRAJE
¿Qué le aporta la altura a los vinos exactamente? Muchas cosas. Sobre todo, un efecto regulador de la temperatura. Hay que pensar que cada 150 metros de ascenso lineal, la temperatura promedio de un lugar desciende un grado centígrado. Esto permite, por ejemplo, cultivar vides en el trópico, como sucede en Salta, porque en altura los viñedos consiguen las temperaturas ideales para la buena maduración: es decir, para preservar la acidez, potenciar la formación de taninos y moderar el potencial alcohólico. Así, en Mendoza la altura ideal para un Malbec ronda los 900/1000 metros, cuando en Cafayate, es de 1800.

Por Joaquín Hidalgo
PH: Santiago Ciuffo

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