18.09.2014

Marca personal: los vinos solistas de los grandes enólogos argentinos

Compiten en las grandes ligas, pero también se animan a crear etiquetas íntimas, fuera de las bodegas que los emplean. Estas son las perlitas de los enólogos más consagrados.


Te parás frente a la góndola y no entendés nada. Mil quinientas setenta y tres etiquetas. Todas Malbec. Todas de Mendoza. Todas ajustadas a tu presupuesto. Chusmeás un poco las contraetiquetas y es probable que te lleves esa en la que reconocés (o por lo menos te suena) el nombre de la bodega. Del enólogo nunca escuchaste hablar, pero con ubicar al productor alcanza y sobra. El tema es que, desde hace un par de años, muchas de las otras botellas que hacés a un lado están elaboradas por las mismas manos que moldean esos tintos que le resultan familiares a tu paladar. Enólogos que juegan en Primera A, empleados en cualquier bodega gigante de la Argentina, pero que deciden meterse de lleno en la travesura de hacer un vino ‘casero’.

Juan Ubaldini, por dar un ejemplo, es parte de Monteviejo y también de esta tendencia que con el correr de los años se afianza cada vez más en nuestro país. Así la explica: “Después de pasar por varias multinacionales y seguir trabajando en una -muy felizmente, confieso-, encarar el proyecto propio de elaborar mi vino, no fue más que eso: cumplir una expresión interna que me genera tanto placer y sentimiento de libertad… algo que, visto desde afuera, casi parece un capricho infantil”.

¿Qué tienen de especial estos vinos? Tienen su cuota personalísima, claro que sí, y cada uno de ellos lleva sobre sus hombros mil anécdotas acumuladas. Historias de familia, garajes cargados de barricas en donde el Malbec se codea con bicicletas, tachos de pintura y cien cosas en desuso. Descorcharlos es siempre un placer, porque son el espacio ideal para la travesura, para mezclar esta uva con la otra, para darle picardía a vinos muchas veces contenidos.

Amigo, amiga: agarrá lápiz y papel y empezá a tomar nota. Algunos son hallazgos difíciles de encontrar, pero en esta nota te damos la data justa para equiparte con alguna botella.

La Primera Revancha Malbec 2011 ($213)
En la vendimia 2009, Rodrigo de la Mota necesitaba algo de efectivo para cambiar la suspensión de su bicicleta de descenso. Roberto de la Mota, célebre enólogo y, lo fundamental, papá de Rodrigo, le propuso trabajar en la vinificación de ese año a cambio del dinero que necesitaba. 1800 botellas de un blend después, surge el proyecto de los Revancha, vinos que los encuentra en la aventura familiar de hacer algo juntos. Y hacerlo de maravillas. De la Mota sabe de lo que habla cuando vamos al Malbec: los hace jugosos, casi masticables, con potencia pero sin saturar el paladar. Este muchacho no es la excepción y, además, le suma una dosis de roble que lo redondea y da el golpe de gracia. ¿Dónde lo comprás? En algunas vinotecas de barrio se consigue.

El Enemigo Chardonnay 2009 ($200)
Fue de los pioneros en materia de ‘vinos personales’. Alejandro Vigil es uno de los responsables de haber llevado a los vinos de Catena Zapata al estrellato internacional, pero además hace algún tiempo (poco, en realidad) se unió a Adrianna Catena para darle vida a Bodega Aleanna y a sus vinos El Enemigo. La primera de las etiquetas en ver la luz fue su Malbec, masticable, de boca intensa y nariz que no para de charlotear; un tinto que en poco tiempo pisó fuerte y marcó los primeros pasos firmes para el resto de sus compañeros. De todos ellos, el Chardonnay es casi de no creer: es potente, de esos que en pocas palabras te cuentan mucho; hay algo acaramelado del roble, una acidez que perfora las encías y la mancha mineral de los suelos de Gualtallary. El precio es alto para un blanco argentino, sí, pero vale absolutamente el intento. Además, en casi cualquier vinoteca lo podés comprar.

Chamán Malbec 2011 ($180)
El proyecto es de a tres, encabezado por los hermanos Pepe y Luis Reginato, experimentadísimos en materia de espumosos y ahora metidos de lleno en el mundo de los tintos. La tercera pata es especial y esencial, porque está basada en un mentor, un chamán. Un sabio de 81 años, con exactas 63 vendimias en sus espaldas y aún a cargo de los viñedos que dan vida a estos vinos: Don José Joaquín Reginato (papá). Este Malbec proviene de La Consulta, de vides plantadas en 2007 e impregnadas de la frescura de Valle de Uco. Linda acidez, boca amplia y untuosa y taninos todavía tiesos. Buscalo en www.ozonodrinks.com.ar.

El Pajarito Amichu Blend 2012 ($150)
Un 55% de Malbec más un 20% de Cabernet Sauvignon. A eso sumale un 10% de Cabernet Franc, otro 10% de Petit Verdot y un 3% final de Viognier (sí, Viognier, la uva blanca). Todo eso cofermentado. Sergio Case, winemaker en Trapiche, armó a modo personal este tinto de color violeta rabioso y una nariz que tiene de todo: fruta pasa, vainilla, chocolate, mina de lápiz. “Al vino lo llamamos ‘Pajarito’: un nombre tan sencillo, natural y libre como lo representa la etiqueta, que la diseñó María Guadalupe, mi hija. A ella le encanta dibujar y pintar, por lo que me regaló este dibujo para el Día del Padre”, nos cuenta. En boca es súper accesible, casi dulzón gracias a sus 14.5° de alcohol. Lo venden en www.ozonodrinks.com.ar.

El Sensacional Equilibrista Malbec 2010 ($145)
Juan Ubaldini menea su rol de Gerente de Producción en Monteviejo con este proyecto personal que, con el tono circense de sus etiquetas, deja en claro que lo suyo es, justamente, el equilibrio. Solo 3000 botellas de este Malbec apenitas cortado con un 10% de Merlot que te invita a bebértelo en pocos sorbos y muchas copas. En boca está maduro, redondito como buen Malbec pero, a su vez, el Merlot le unta un barniz especiado que no te esperás. Encontralo en Vinoteca Momentos (Pedro Goyena 1540, Caballito), en el bar 878 (Thames 878, Villa Crespo) y en varios otros rincones de la Capital.

Marcelo Pelleriti Reserve Malbec 2010 ($120)
Los vinos personales de Pelleriti fueron de los primeros en ver la luz, pero al día de hoy siguen manteniendo un perfil bajo. Son de esos secretos a voces, rarezas espinosas de encontrar en una góndola pero cuya búsqueda llega siempre a buen puerto. Fiel a la escuela que plantea como enólogo de Monteviejo, en este Malbec de autor, el enólogo moldea un tinto recargado, pleno de fruta cocida y con los quince meses de crianza en roble a flor de piel. ¿Cómo? ¿No lo ubicás a Pelleriti? Es la mano argentina de Michel Rolland en los vinos que hace por estas pampas pero, además, fue el primer enólogo nacional en recibir 100 puntos del polémico Robert Parker, gracias a su Chateau La Violette 2010, un Merlot elaborado en Pomerol.

Pulcu Cabernet Sauvignon 2013 ($115)
Lo que David Bonomi logra en este tinto es superador. Un Cabernet que llega de Carrizal del Medio, en el corazón de Luján de Cuyo, y que termina siendo el resultado bien logrado de trece microvinificaciones en tanques y bines. Una elección inteligente de barricas francesas de segundo, tercer y cuarto uso que acompañan desde el costado el espíritu bien típico del cepaje. ¿Cuándo volveremos a posar nuestros ojos sobre el querido y casi abandonado Cabernet? Este es un fantástico punto de partida.

Aprendiz Petit Verdot 2012 ($95)
Como el Chamán, esta es otra de las etiquetas desprendida de la troupe Reginato y, esta vez, con la apuesta redoblada: uno de los poquitísimos Petit Verdot vinificados como varietal en el país. Proveniente del Viñedo Delfina, en La Consulta, Valle de Uco, de la cosecha 2012 solamente se hicieron 3000 botellas, de las que quedan disponibles muy pocas. De nariz ligeramente alcohólica y aromas a betún, nuez moscada y ciruelas secas, la boca es interesantísima, con gran equilibrio y un dejo a chocolate amargo que queda titilando en la garganta. Uno de esos raros que vale la pena buscar.

DEL PROYECTO AL SUEÑO CUMPLIDO
Muchos de los grandes winemakers que lograron romperla en las ligas mayores, finalmente consiguieron que su proyecto vitivinícola personal se convirtiese en todo su sueño, dejando a un lado las bodegas que alguna vez los albergaron. Enólogos como Matías Michelini que de Doña Paula saltó a los atrevidos Passionate Wines o Laureano Gómez quien, luego de haber trabajado durante largo tiempo en Salentein y Trapiche, transformó su bodega garaje en todo el negocio. La clave en estos emprendimientos es la libertad y la posibilidad en muchos de casos de hacer esas cosas raras que, en una gran casa, a veces es complicado. “Es muy difícil trabajar en innovación cuando no hay libertad; son pocas las bodegas que confían en el instinto del enólogo. Es una pena. Igual se puede innovar, pero normalmente estos ensayos no terminan en una botella para venta al público”, sentencia Michelini.

Por Mariano Braga

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