04.08.2018

Niño Gordo, el niño mimado de la gastronomía

Si todavía no fuiste, seguro escuchaste hablar de “Niño gordo” o, al menos, viste fotos de su mar rojo de farolitos chinos en las redes sociales; es que, por el momento, es la gran apertura del año. Fuimos a visitarlo y te contamos qué nos pareció.


La luna roja, el mar rojo, el planeta rojo y, ahora, el restaurant rojo. Sí, Niño Gordo está envuelto en una luz roja que lo cubre todo; una especie de “Kenny Rogers Roasters”, el local de pollo frito que enloquecía al entrañable Kramer, y luego a Jerry, en Seinfeld. 

Unos segundos después de que las pupilas se acostumbran a la rojez empieza, la fiesta gastronómica; el lugar está repleto de detalles decorativos y todos encajan como en un tetris que combina a la perfección la estirpe asiática con la inspiración neoyorquina. 

 

Niño gordo es el hijo de una pareja de socios exitosa, la que conforman Pedro Peña y Germán Sitz, creadores de La Carnicería y Chorix. Como todos los proyectos que llevan su firma, el fuego y las carnes son protagonistas, aunque, esta vez, pasadas por el matiz asiático.  

Si bien hay algunas opciones de platos principales, los small plates son mayoría e invitan a probar un poco de todo y llevarse un buen pantallazo de la cocina del lugar con solo una visita.

Algunas raciones: langostinos, con panceta, coliflor y coco ($295) o molleja, chili, miso, choclo, akusai y cilantro ($295). Una bien contundente para los días fríos que quedan: rabo estofado con arroz ($270).

Los cócteles merecen una mención aparte, pensados para acompañar las comidas -salvo algunas excepciones muy intensas- incorporan ingredientes que también se utilizan en la cocina. Como el Sisho Tonic ($180), una reinterpretación del gin tonic, que en lugar de gin usa como base el vodka y lleva infusión de té de jazmín, syrup de lemongrass, tónica y Sisho, una hoja mentolada; o el Chong Li 2.0 ($180), que utiliza leche de coco -como en alguno de los platos-, ananá, syrup de canela, aceite de sésamo, sake y ron.

La presentación -con vasos originales- hace que los comensales en vez de tener que rememorar nombres o elegir por los ingredientes, directamente puedan apelar al clásico: "Quiero lo que están tomando en esa mesa".

 

Y para los amantes del whisky, hay varias etiquetas japonesas. También de Sake.

La carta de vinos es breve, pero cumplidora. Con presencia de bodegas masivas – Trapiche, Santa Julia- y otras de estirpe más bien boutique, como Atamisque, Manos Negras, Desquiciado, Revancha Wines, etc. Además, tiene algunas figuritas que escapan a las cartas tradicionales, como el DV Clarete, de Catena Zapata; y Amici Miei, un vino totalmente natural de la bodega Ernesto Catena. 

A la hora de los postres, no hay que temerle a la presencia de picantes e ingredientes poco habituales en las preparaciones dulces, ya que el equilibrio manda. Se recomienda uno que vale por dos: la dupla conformada por chocolate + wasabi + togarashi -un condimento formado por siete especias picantes- y chocolate blanco más Katsobushi -finas láminas de pescado disecado-.

 
Se sugiere reservar, ya que, pese a su amplitud, el salón está siempre lleno.
 
Más información:
Niño Gordo
Thames 1810, Palermo. 

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