22.07.2009

Paladares atrofiados: la desgracia de los alimentos instantáneos

Los alimentos para prepar en el acto son el opio de los haraganes que comen basura con tal de no mover un dedo. Estos son los 10 peores.


Desde la década del cincuenta, la industria alimenticia se abocó por completo al desarrollo de productos que ayudaran al ama de casa a ahorrar tiempo en la cocina.  Alentado por el nuevo rol de la mujer en la sociedad, floreció un nuevo mercado dedicado a alimentos deshidratados, concentrados, instantáneos, pre-cocidos, en conserva, congelados o en polvo que reemplazaran preparaciones caseras que hasta ese momento llevaban horas de trabajo y sacrificio.

Pero con este desarrollo llegaron nuevos problemas: la oferta creció, los almacenes se transformaron en hipermercados, y las marcas tuvieron que iniciar una carrera descontrolada por ofrecer alimentos más fáciles de preparar y a un precio mejor que la competencia. Y para eso tuvieron que abandonar la confección manual y reducir sus costos en materia prima: se dejaron de estacionar los fiambres, se evitaron los productos frescos y se incluyeron saborizantes que supuestamente sustituían el ingrediente original.

Como resultado, hoy en día, la industria nos ofrece un montón de alimentos procesados, de composición dudosa, llenos de harina y saborizantes artificiales, que se disfrazan de productos prácticos y cancheros para no perder tiempo precioso en la cocina. Hay hamburguesas saborizadas, café instantáneo, polenta de 1 minuto, guiso listo en lata, premezcla de ñoquis, pre-pizzas, puré de papas en escamas, flan en polvo, jugo concentrado para diluir, snacks con gusto a pizza y arroz o fideos que por medio de un polvito mágico se convierten en chaw fan o tallarines a los cuatro quesos. Un verdadero disparate.

La lista de inmundicias instantáneas, listas para comer, es enorme. Pero estas son las peores de todas.

1. Prestopronta en lata. Ahora que algunas agencias de turismo ofrecen tours por una villa miseria o un piquete para que los extranjeros vivan la argentina real, Prestopronta ofrece cárcel en lata. Si alguna vez te imaginaste cómo debe ser comer en la cárcel o en la colimba, ahora podés comprarte guiso de arroz, pollo a la portuguesa o lentejas listas Prestopronta para vivirlo a flor de piel. La foto del envase ya es fea y sirve para promocionar el producto, así que imagínense lo que hay adentro. Descarte de pollo, arvejas reventadas y mucha cebolla hervida nadando en un caldo espeso y marrón que roza lo escatológico. El gusto es igual al de todos estos productos: a sopa artificial, pero un poco más feo. Puede funcionar para que un recién divorciado masoquista se deprima el sábado o para castigar a un par de niños malcriados, pero no más que eso.

2. Paty Listo. ¿A quién se le puede ocurrir vender el asado que hizo el domingo para que la gente lo recaliente en su casa un martes al mediodía? A Paty. El Paty Listo es la nueva solución para quienes consideran que cocinar la hamburguesa es un trabajo demasiado arduo para hacer todos los días. Viene cocido y congelado y lo único que hay que hacer es calentarlo en el microondas hasta que esté bien baboso y hervido. ¡Por fin se acabó el sacrificio de sacar el Paty de la caja y ponerlo en la plancha! ¡Basta de esclavitud, de tiranía, de esfuerzos sobrehumanos! Gracias a Paty  ahora se puede comer restos de carne procesados y cocidos en fábrica, pero recalentados en tu propio hogar en sólo dos minutos.

3. Giacomo Capelettini. Con la excusa de que tienen todas las vitaminas, los Giacomo Capelettini (unas pastas secas y rellenas en forma de tortellinis que los niños adoran) son los líderes indiscutidos en el changuito de las madres haraganas. Vienen de carne, de verdura y de jamón, y a pesar de que la verdura se pudre en siete días y la carne en tres, el relleno de “acelga fresca” (sic) y “especies” (sic) que declara la marca en su website es tan pero tan resistente que aguanta un año en tu alacena sin siquiera largar olor. Imagínense nomás la clase de sustitutos y conservantes que puede tener adentro del relleno. ¡Si ni siquiera un cuerpo humano embebido en formol puede conservarse durante ese tiempo! ¡Verduras, carne, vitaminas! ¡Pero por favor!

4. Puré Instantáneo. La primera vez que comí puré instantáneo de papas fue en lo de una compañera de colegio. No entendía por qué, pero el puré que hacía su mamá tenía gusto al clip metálico que yo me metía en la boca durante las clases de matemáticas. Así que un día agarré a mi amiga y le pregunté: ¿Juli, por qué el puré de tu casa tiene gusto a metal? ¿No te gusta más el otro, el de verdad? Y Juli me contestó “¿Qué otro? ¿Qué verdad?” Hay una generación entera de jóvenes que nunca probó un puré de papas auténtico. Y no estamos hablando de platos sofisticados. Pu-ré. Dos papas aplastadas con un tenedor. En el futuro, cuando haya niños que jamás hayan visto un árbol, un perro y luego un lago de agua sin contaminar, recuerden que todo empezó acá, con esa pasta pálida y sintética a la que algunas empresas llaman “puré”.

5. Calditos saborizadores. Hasta hace un tiempo, los saborizadores se ocultaban. Los ravioles juraban estar rellenos con jamón de verdad aunque fuese obvio que tenían grasa de vaca teñida y pan rallado adentro. Al parecer, ahora la moda es al revés. Lo sintético es furor. Las empresas basan toda su publicidad en que se puede  reemplazar la cebolla, el ajo, el aceite, el tomate, la sal, la panceta, el verdeo, la crema, los hongos, el parmesano, los tomates secos, las aceitunas y no sé cuántas cosas más sólo con un cubito de grasa. Sabor en cubos, así le dicen. Quinientos años de tradiciones culinarias, de recetas familiares, de libros de recetas para que ahora estos chantas de paladar averiado digan que para hacer una buena salsa, sólo hay que poner un cubo de grasa con gusto a sopa arriba de un plato de fideos. Y encima tienen el tupé de decir que hay diferentes sabores, cuando claramente hay uno sólo: a lata oxidada y a sopa berreta con mucha sal.

6. Patitas de pollo. ¿No se supone que el producto original sea más caro que el que se obtiene con un reciclado de sus sobras? ¿La carne picada común no es más barata que un peceto entero? ¿Y el cuero reconstituido, el salchichón, el aglomerado de madera? ¿No son todos subproductos marginales de segunda? Pues para algunas empresas es todo lo contrario. Los caraduras tienen una línea entera de productos que ofrecen aglomerado de restos de pollo rebozados y prefritos listos para volver a freír. Medallones, patitas y otros, más cínicos que imitan la forma de una pechuguita. Lo peor del pollo con el doble de grasas y colesterol, al triple de su valor original. Una maravilla para los pequeños.

7. Premezcla de buñuelos de acelga. Para los ravioles de verdura, el relleno de empanadas congeladas, las croquetas rebozadas y otros manjares de la comida pre-cocida la acelga no es otra cosa que engrudo verde. Esta pre-mezcla de buñuelos es incluso peor. Es engrudo verde para freír. ¡Y qué feo que es! Es como tragar tortas fritas saladas y pintadas con témpera. Lo más grave es que lo promocionan como la salvación para que las madres más holgazanas le hagan comer verdura a sus hijos. Y claro, funciona. ¿Cómo no lo van a comer hasta los nenes que no comen verdura si de la verdura sólo tiene el color?

8. Paté, Jamón del diablo, Viandada, Picadillo de carne, Salchichas de Viena y otras maravillas. Mi gata puede distinguir la diferencia entre un jamón barato y uno bueno. Parece difícil de creer, pero cada vez que abro un paquete de jamón Bocatti me salta encima y si, en cambio, le flameo una feta de pernil de cuarta, pega media vuelta y vuelve a su alimento. Mi gata no es tonta. Sabe cuál es el rico y cuál es el feo. Sin embargo, le resulta imposible distinguir entre una lata de alimento para gatos Whiskas y un paté en lata línea premium. Para ella son exactamente el mismo alimento, aunque en el envase uno tenga la foto de un perro atorrante y en el otro haya un champagne y un salmón. Y la verdad es que a mí me pasa lo mismo. No consumo ninguno porque siento un asco idéntico por los dos. Son iguales de salados, iguales de asquerosos e iguales de berretas, y además, tienen exactamente los mismos ingredientes. ¿Se dan cuenta? Desde hace rato que estamos consumiendo comida para animales que ni siquiera recomiendan los veterinarios. Mi gata se da cuenta ¿Y ustedes?

por Carolina Aguirre / fotos: Pablo Mehanna

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