07.10.2011

Panchitos del Sol: la historia de la panchería más tradicional del microcentro

Desde hace más de 30 años, en la Galería del Sol se despachan los mejores panchos de la ciudad. El secreto de su éxito: pan artesanal, salchichas crujientes y una receta secreta de mostaza.


Aunque los clientes de Los Panchitos del Sol saben que el local está ubicado desde hace 31 años al fondo de la Galería del Sol (más precisamente en el local 103), en el Microcentro porteño, sólo unos pocos memoriosos recuerdan que esta panchería, una de las más antiguas de Buenos Aires, comenzó a funcionar originalmente en la antiguas Galerías Pacífico, allá por 1955. Su fundador, Manuel Angel Corrales -alias El Gallego, aunque era asturiano-, transmitió el legado familiar a su hijo Alejandro, quien hoy administra el negocio.

Es historia conocida que, durante los ’60, El Gallego vendía mil panchos por día y un camión entero de Coca Cola por semana. Su local se llamó inicialmente Los Panchos y era una parada obligada al mediodía para oficinistas, empleados y comerciantes de la zona. Se formaban unas colas larguísimas para obtener el preciado bocadillo. Con el cierre de las Galerías Pacífico en 1980, el negocio se trasladó a la Galería del Sol (Florida 860, entre Paraguay y Av.Córdoba) y pasó a denominarse Los Panchitos del Sol.

No está de más decir que el pancho es un alimento que ya forma parte de la dieta estable de los argentinos. Se consigue en cualquier kiosco, aunque muchas veces preparado en condiciones higiénicas dudosas. También existen clásicos de todos los tiempos, como Pancho 46, el sitio al que concurren miles de personas cada fin de semana, en el partido bonaerense de San Martín; o los panchos de la cadena Peter’s, que tienen varias sucursales en Capital Federal.

Pero, sin dudas, en el Microcentro manda Los Panchitos del Sol. “Tenemos una clientela fiel y seguimos creciendo; de hecho estamos pensando en abrir una nueva locación a mediano plazo”, explica Alejandro Corrales, de 45 años y padre de dos hijos. Cada día pasan por el local unas 200 personas, la mayoría durante el almuerzo, ya que el horario de atención es de 9 a 18. “Se llena mucho al mediodía”, confirma el dueño, y precisa que por lo general la gente pide dos panchos y una gaseosa, resultando un menú súper económico.

“La clientela es gente de las oficinas de la zona que nos conoce por la calidad y nos va recomendando; también vienen personas mayores con sus nietos para mostrarles los panchos que ellos comían cuando eran jóvenes”, comenta. Varios famosos se han declarado fanáticos confesos de Los Panchitos Del Sol, entre ellos los conductores Bobby Flores y Guillermo Andino.

EL SECRETO DE SUS PANCHOS    
Alejandro reveló el secreto del éxito, que se compone de tres patas: el pan, la salchicha y una legendaria mostaza secreta. No es para olvidar, tampoco, el oficio de quienes sirven los panchos: los encargados (y primos) Gregorio y Diego Altamirano, que trabajan allí desde los tiempos del Gallego.

Todas las mañanas desde 1955, la panadería Tres Estrellas trae panes frescos y esponjosos, especialmente seleccionados para panchos. También la salchicha tiene un toque especial, con piel alemana, sabor ahumado y consistencia firme, engalanada por una deliciosa mostaza de preparación propia, suave y dulzona, cuyo enigma se guardan para ellos mismos. La cocción se realiza en grandes ollas que, a fuerza de calentar salchichas desde hace años, ya le otorgan personalidad propia al pancho.

Los Panchitos del Sol tienen cuatro salsas posibles: chucrut, salsa de pepinos, criolla y chamadera (morrones, zanahorias y repollo). También está la opción de agregarles queso gratinado, para los más atrevidos. No son panchos pequeños ni tampoco los monstruosos superpanchos que se venden en cualquier kiosco. El tamaño es mediano y con dos alcanza para sentirse satisfecho.

La oferta gastronómica del local es más amplia. “Tenemos muy buenas tartas, empanadas, sándwiches de tortilla, de milanesa, de suprema”, detalla Alejandro. Dos especialidades de la casa son el sándwich de jamón crudo, el de leberwurst con queso fresco y mostaza, y el postre vigilante en pebete. En este último caso, se trata de un invento completamente original. “Se le ocurrió a mi viejo y es un éxito, porque la gente se va caminando con el queso y dulce encima”, describe Corrales.

Finalmente, si el hambre apremia en serio, hay platos del día: lentejas, fideos con estofado, pollo al horno con papas y ensaladas varias. Pero, está claro, los panchos siguen siendo la estrella del lugar. Así, la tradición familiar sigue imprimiendo, desde hace más de medio siglo, su sello de calidad en este simpático y concurrido local al fondo de la Galería del Sol.

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