29.11.2011

Restaurantes coreanos: el secreto mejor guardado de la comida étnica

¿Sabías que en Bs.As. hay más restaurantes coreanos que peruanos? Conocerlos es una aventura que vale la pena.


No están en Palermo, ni en Las Cañitas. No figuran en las guías de restaurantes, ni tienen chefs famosos. Sin embargo, con más de cien restaurantes en funcionamiento, los coreanos representan una de las cocinas étnicas más difundidas en la ciudad. Claro que conocerlos no es fácil. Hay que acercarse al barrio de Flores y descubrirlos, ya que suelen estar camuflados, sin carteles a la calle ni marquesinas luminosas. Es más: muchos de ellos no permiten el ingreso a gente que no pertenezca a la comunidad coreana. A pesar de los obstáculos, JOY se puso el traje de espía y logró hacer un paneo de algunos de los más destacados. Por la experiencia y por la calidad gastronómica, merecen ser visitados.

MIDO: uno de los más abiertos

Sencillo y austero, MiDo posee un comedor en la planta baja y otro en el primer piso, de aspecto un tanto surrealista: en cada mesa hay un hornillo a carbón sobre el cual se cierne un extractor, formado por un largo tubo de latón símil periscopio de submarino que baja hacia el centro de cada mesa. Pero el sistema no es del todo eficaz y es inevitable impregnarse de olor a carbón: ergo, no hay que llevar las mejores galas. Los platos y cuencos son de plástico y los palillos típicos son finitos y metálicos, como agujas de tejer. La sopa se come con una cuchara destinada a tal efecto. No hay menú, ya que ofrecen los mismos platos a todos los comensales: una bandeja con bulgogi (carne de ternera marinada), lonchas de panceta, tentáculos de calamar y langostinos que se cocinan sobre la rejilla del hornillo y se untan en gochujang, una pasta picante. Además sirven sopa a base de miso y tofu, arroz blanco y unos diez platitos de ban chan (guarnición). No hay postre. Para mitigar el picante, un vasito de agua de arroz. Cuesta $80 por barba.
(Av. Carabobo 1575, Flores / T. 4632-7111)

RESTAURANT COREANO: feo, pero rico
Es grande, algo sórdido, semioscuro, iluminado por luz de neón y lámparas de dudoso gusto. Las mesas están separadas por unos biombos como aquellos de los hospitales de la Primera Guerra Mundial. Nada augura una buena velada. Sin embargo, la cocina es otra cosa: allí hay un regimiento de empleados afanándose en la preparación de los platos. Las mandú, empanaditas rellenas picantes, son una de las joyas de la carta. No falta el bulgogi -ni sus prolíficas guarniciones- para asar en los citados braseros. También sirven sopas picantes, codillo de cerdo especiado, tortillas mixtas y una suerte de panqueques rellenos de porotos. Como es usual en la cocina coreana, los postres son una quimera: apenas algunas frutas de estación, como sandía. $65-70 por persona.
(Zaraza 2135, Flores / T. 4632-8139)

YAGALCHI: experto en pescados
Tras un arduo trabajo de seducción, Koo Bok Jo (el dueño), se avino a conversar. Tímido al principio y expansivo al final, nos abrió las puertas de su local especializado en pescados. Se enorgullece de no comprar nada en la ciudad: tiene su propio proveedor que le trae la pesca directo desde Mar del Tuyú.
A la entrada hay un estanque con carpas, meramente decorativo: nadie verá su presa a los ojos. Al fondo, un enorme espacio dividido en pequeños salones, todos muy similares, estucados en blanco con pequeñas arcadas de medio punto; tienen capacidad para ocho personas, pero algunos albergan hasta 22. En el techo hay una muy kitsch fila de arañas con caireles, complementadas con luces dicroicas. “El sushi y el sashimi se comían en Corea antes que en Japón”, afirma maliciosamente Koo Bok. Ambos son clásicos de Yagalchi, al igual que el calamar frito y los pescados a la parrilla, como la pescadilla real y la corvina. Precio fijo: 90 pesos.
(Avenida Carabobo 1334, Flores / T. 4633-3829)

YU GA NE: familiar y muy bien puesto

Su nombre se traduce como “de la familia Yu” y sí, es un restaurante familiar manejado por el Sr. Yu, con más infraestructura que la mayoría de sus pares, en una casona que hace esquina, con tres salones en la planta baja y otro en el primer piso. A diferencia de otros coreanos, sirven cortes de carne vacuna y porcina sin condimentar, también cocidas al carbón y que se cortan con una tijera de corte y confección, toda una novedad en cuanto a protocolo. Cada mesa tiene su propio hornillo con una loquísima aspiradora metálica salida de la mente de Terry Gilliam, que cuelga del techo y extrae los olores. El ban chan es extenso: ostras crudas, pescados, brócoli salteado, ensaladas picantes, tortilla de mariscos, arroz blanco, salsas varias, puré de papas con zanahoria y arvejas, brotes de soja con fideos de almidón de papa, etc. No falta la tradicional sopa de soja y dubu (versión coreana del tofu). El Sr. Yu remarca que los comensales pueden repetir lo que quieran hasta el hartazgo, detalle que identifica la generosidad de la casa. $70 por persona.
(Bacacay 3499, Flores / T. 4613-4623)

CHESS CLUB: digno de Tarantino.
Cerrado a cal y canto: es la primera impresión que da el frente este pub coreano salido de un guión de Tarantino; luego llegan el olor a aceite, los posters con modelos asiáticas y la penumbra. En la planta baja hay ocho reservados con cortinas, mientras que en el primer piso hay tres salones para karaoke. La carta sólo está en coreano: el pedido depende de las capacidades lingüísticas del mozo de turno. Aquí sirven bulgogi al plato con un ban chan más reducido, tonkatsu (milanesa de cerdo con salsa), seubokumbap (salteado de arroz con verduras y camarones) y yeyuk dopbap (cerdo marinado y picante, a la sartén). Aparte de cerveza y soju, el público local empina bekseju (bebida de ginseng, hierbas, arroz y alcohol), bokbunja (vino de arroz y moras), seol jong mae (a base de alcohol y ciruelas) y cómo no, el clásico fernet. El karaoke tiene casi todos los temas en coreano, pero también se canta en inglés, chino, vietnamita, japonés y algo de español; no es raro, ya que aquí viene gente de otras comunidades (bendita Argentina donde las diferencias históricas entre naciones se diluyen). Comer sale unos 70 pesos; por 40 se bebe un par de tragos; darle al micrófono cuesta 80.
(Avenida Carabobo 1548, Flores / T. 4632-4242 )

DAE WON JUNG: todo un hallazgo
No es gente improvisada porque la familia tuvo un restaurante en Corea del Sur, hace años. La entrada está flanqueada por cuadritos con autógrafos de coreanos famosos que dejaron dedicatorias: el cholulaje no es sólo argentino. Unos murales cursis de telgopor con paisajes de la Corea rural adornan el salón, con mesas de fórmica y sillas metálicas. Hay menú fijo que incluye los ya famosos bulgogi y ban chan (entre 15 y 18 platitos), más una olla con sopa de merluza picante. También asan al carbón cortes de cerdo y vaca con Gal Bi, un aderezo dulce similar al que lleva el bulgogi, a elección. Como postre sólo sirven chi ke, jugo dulce de arroz, muy refrescante. Con la comida suelen beber cerveza, soju y macul-li, un aguardiente de arroz. Además de coreanos, también concurren chinos, japoneses, taiwaneses y algún que otro criollo trasnochado. $70, sin bebidas.
(Balbastro 2055, Flores / T. 4633-4480)

BI WON, el más céntrico
Un cartelito de madera en forma de pescado anuncia la presencia de Bi Won, único local que escapa al circuito de la colectividad, en lo que antaño fue un restaurante de cocina internacional que conserva casi intacta la decoración primigenia de la década del ‘60. Se destacan el bulgogi, que se cocina en hornillos a gas; yache twiguim (tipo tempura), generosa fuente con verduras rebozadas en fina fritura, muy recomendable para compartir; calamares salteados con verduras y la cazuela de kimchi, clásico repollo pungente mezclado con carne de cerdo, queso de soja y otros condimentos. Para el postre, mejor ir a otro lugar; con suerte habrá unos gajos de mandarina para atenuar los efectos del ajo, omnipresente en la cocina coreana. Sale unos $70 por cabeza.
(Junín 548, Congreso / T. 4372-1146)

RAREZA TOTAL: UN COREANO FASHION
A contrapelo de sus pares, Estilo Coreano se abrió al mundo gourmet. Roberto y Luisa, un refinado y joven matrimonio de la colectividad, decidió plantar bandera en Puerto Madero con un restaurante luminoso y chic. Tiene 120 cubiertos en boxes, mesas y vereda y funciona como una extensión de Kim Yun Shin, la única galería de arte coreano en el país. Los platos están más adaptados al paladar porteño. Para no ahuyentar a las narices delicadas, preparan el bulgogi en la cocina, además de gal bi, asado americano marinado en salsa de soja y frutas, a la parrilla. Otra delicia es el chap chae, fideos de batata con mix de verduras y carne, sopas con kimchi y carne de cerdo, mariscos con fideos o mandu y por supuesto arroz blanco, mandatorio en toda comida coreana. Aunque en Corea no se come postre, aquí ofrecen unos panqueques llamados hoddeok, rellenos de maní, azúcar negra y canela y phat bing tsu, frutas frescas con frijol rojo, miel, hielo picado y leche. Hay menúes a $180 para dos y $360 para cuatro. Comer a la carta cuesta entre 90 y 130 pesos. Al mediodía, menú ejecutivo por 48.
(Olga Cossettini 1152, Puerto Madero / T. 4314-2785)


Por Luis Lahitte / Fotos: Víctor Alvarez

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