21.10.2013

Sparkling boom: la nueva moda de los espumantes

Los espumantes en la Argentina viven un momento único: como nunca antes, las bodegas lanzan al mercado nuevos productos, de diferente variedad y en todas las gamas de precio para seducir a un público cada vez más amplio.


Nunca antes se vendió tanto vino espumante en la Argentina como ahora. Así lo revelan los números estadísticos que indican que en el mercado de las burbujas se dio un aumento de consumo del 6% anual, comparando 2013 con 2012, mientras que el de la venta de vino en general no llega al 1%. Estos números provienen de un estudio de la consultora CCR y demuestran dos hechos concretos. El primero es que es un momento de ventas crecientes. El segundo, que las burbujas se muestran mucho más dinámicas que los vinos tranquilos.

Así, hoy los espumantes marcan tendencia. Basta con mirar la góndola: cada vez hay más etiquetas, más estilos y más productos disponibles, cuando hace cinco años había apenas un puñado de marcas y algunas variedades actualmente exitosas (como los espumantes rosados, o los dulces) recién despuntaban como un experimento extraño. Ahora hay dulces y secos, de Malbec, de Torrontés, de corte y hasta espumantes de determinados años de cosecha. Y además hay un enorme rango de precios posibles y de variedades de marcas que le hablan a consumidores distintos.

Según datos del Instituto Nacional de Vitivinicultura, el volumen de espumantes elaborado en la Argentina acumula un crecimiento del 160%, a partir de 2003. Con esos números positivos, no es extraño que las bodegas apuesten a construir sus propias champagneras, tal y como hicieron Nieto Senetiner y Bodega Fin del Mundo este año. Lo mismo que había hecho Salentein en 2011 y el grupo Peñaflor (con la incorporación de Suter) en 2012, y lo que tiene pensado hacer Norton en el corto plazo. ¿La razón? El negocio ha crecido tanto que ahora es necesario tener un control de todo el proceso de elaboración para darle continuidad.

A todo esto hay que sumar un dato para nada menor: hoy en este negocio están involucradas unas 150 casas que produjeron en 2012 (último dato oficial disponible) un total de 41,7 millones de litros de burbujas. Esto es poco más de una botella por argentino, ya que el consumo es casi todo interno. Una cifra comparable con el nivel de consumo en Francia y mayor que el de Estados Unidos.

Así las cosas, no es arriesgado decir que las burbujas son el laboratorio del vino argentino. Como todo lo que está en ebullición, aquí se prueban tendencias, se desarrollan marcas nuevas y se avanza sobre estilos y tipos de productos nuevos. Si querés saber qué y cómo beberemos en el futuro, leé estas 12 tendencias:

Precios polarizados. En este escenario de crecimiento se da un fenómeno curioso: a diferencia del negocio del vino, en el que la mayoría de las etiquetas nuevas tienen precios que van de 100 pesos para arriba, en los espumantes la góndola crece en los extremos. Por un lado, hay marcas nuevas que apuestan fuerte en el segmento bajo, con productos de notable calidad como el recientemente lanzado Colón Extra Brut ($34), Estancia Mendoza Extra Brut ($34), Suter Extra Brut ($28)y  Los Árboles Extra Brut ($43) que compiten codo a codo con marcas que ya estaban, como Mercier ($25) y Novecento ($38), por ejemplo. Concentran un cuarto del consumo de burbujas y por lo general ofrecen frescura y sencillez, con el precio como principal atractivo. Por otro lado, en el otro extremo de los precios, crecen las etiquetas caras. Por arriba de 80 pesos, el boom es el más acelerado –acumula el 20% anual– y se trata en la mayoría de los casos de espumantes elaborados por el método tradicional (champenoise). Allí El Esteco y Dante Robino lanzarán etiquetas en breve, y hay productos flamantes como Salentein Brut Nature ($150), Cadus Brut Nature ($300) y Mantra Extra Brut ($135), que se suman a los más conocidos Álamos Extra Brut ($120), Perdriel Extra Brut ($110), Rosell Boher Brut ($240) y Bohème Brut Nature ($306).

La mejor relación calidad precio. A la hora de las compras, a todos nos gusta saber cuáles son las burbujas que defienden nuestro bolsillo. Y esos best buy, hoy están entre los 50 y los 80 pesos. Como en este segmento se vende el 40% de los espumantes argentinos, las bodegas se esfuerzan por ofrecer complejidad de sabores, armonía y elegancia. Ahí es donde se lanzaron en los últimos años las principales novedades: productos muy ricos y competitivos como los nuevos Leo Extra Brut ($69), Emilia Extra Brut ($62), que se suman a los  más conocidos Finca La Linda Extra Brut ($70), Trapiche Extra Brut ($70), Séptima Extra Brut ($65), Navarro Correas Extra Brut ($62), Novecento Cuvée Extra Brut ($62), Nieto Senetiner Extra Brut ($75) y María Extra Brut ($74), entre otros. 

Espumantes dulces. El último grito de la moda. El año pasado anticipamos que el azúcar era una tendencia que venía con fuerza. Y 2013 es el año en que las burbujas dulces coparon definitivamente la góndola. Con los lanzamientos ya consolidados, que van desde Norton Cosecha Tardía ($50), Capriccio ($52) y Emilia Dulce Natural ($62); de Callia Dulce ($50) a Délice ($75) y Cafatate Sparkling Dulce ($57), pasando por los flamantes Dilema ($34), de Estancia Mendoza, Los Árboles Dulce ($45), Dadá 7 ($65), de Finca Las Moras, Navarro Correas Dulcet ($65) y Allegro ($70) de bodegas Trapiche –que salen a la venta este mes–, el azúcar es el nuevo favorito de los paladares locales. Inclusive New Age, líder en el mercado de vinos frizantes, ahora entra en el mundo de los espumantes y lanza (además de un Extra Brut) su propio sparkling dulce: New Age Sweet Gold ($50). ¿Por qué se da este auge? Porque las nuevas generaciones de consumidores formaron su paladar bebiendo gaseosas y el dulzor en el vino no solo les parece natural, sino algo deseable: la puerta la abrieron los frizantes hace poco más de una década y ahora ese rol lo cumplen los espumantes. Según las fuentes del sector este segmento crece a razón de dos dígitos por año. En el corto plazo aparecerán aún más variedades, tanto blancas como rosadas.

Rosados en alza (y con Malbec). En materia de gustos, los rosados conforman otra tendencia creciente que sigue sumando nuevos productos a la góndola. Lo interesante del caso es que el color se ha afilado mucho en los últimos tres años ya que, en general, pasaron de ser vinos casi tintos ligeros a ofrecer un color cobrizo, tipo piel de cebolla, que deslumbra. Si hasta ahora el Pinot Noir era la variedad tinta más empleada, últimamente también el Malbec aparece en cada vez más rosados. Uno de los primeros que incluyeron esta uva fue Finca Flichman Extra Brut ($65), pero luego se sumaron muchos otros como Navarro Correas Rosé ($62), Trumpeter Extra Brut Rosé ($105) y el flamante Deseado Rosé ($70, recientemente presentado en el Faena Hotel), que completa su volumen con Torrontés, otra variedad en alza. Asimismo, hay una incipiente intención de usar Bonarda en los cortes. Desde el primer espumante tinto de Alma 4 ($114) de Bonarda, a Novecento Rosé ($62), que la lleva en el corte.

El Torrontés hace espuma. Variedad aromática y de poco cuerpo, a priori el Torrontés no parece ser la uva perfecta para hacer burbujas. Sin embargo, desde 2010 empezaron a aparecer algunos ejemplares. Los primeros fueron dulces, precisamente porque el azúcar mejora el cuerpo del vino, como el que sacó La Riojana en su línea Santa Florentina Extra Brut ($38), el que ofrece Freixenet con su marca Vivace ($45) o Deseado ($70), de Familia Schroeder, cada uno con su particularidad. Pero en el último año se nota un viraje hacia espumantes de Torrontés más secos. Impulsado por el boom del Prosecco y del Moscato en Estados Unidos, que se hacen con uvas similares, ahora las bodegas locales se le animan a la toma de espuma y el Torrontés se consolida como una variedad “champanizable”. Navarro Correas lanzó su Torrontés Extra Brut Edición Limitada ($79), mientras que La Riojana lanzará Raza Torrontés Brut antes de fin de año y Bodega El Esteco también prepara un lanzamiento con esta uva.

Espumantes, ¡a las barras! Con los aperitivos se da un fenómeno inverso a lo que ocurre con las demás bebidas espirituosas: gracias a la facilidad con que se combinan para elaborar tragos directos, se venden en los supermercados tanto o más que en la barra de los bares. Así, se cuelan en las casas de los consumidores. Observadores de esta situación, en la industria del vino toman nota y buscan sumarse a la movida de la mano de los espumantes. De este modo, las propuestas de mixeo fueron creciendo en oferta y ganando sencillez. Del primer recetario que lanzara Chandon en 2010, donde había una docena de tragos complejos, a la facilidad de las recetas para Délice ($75) –basta una rodaja de pepino o unas hojas de albahaca– el cambio es notable. Como dato, en la feria Sparkling Nights 2012 fueron tres las marcas que hicieron tragos: Chandon, Navarro Correas y Norton con su Cosecha Tardía. También de la mano del Spritz –trago directo, que combina un espumoso y un amaro– las burbujas argentinas se cuelan en la coctelería hogareña y en las barras. Sin ir más lejos, Gancia cuenta con su Italian Secco, un espumante para combinar con Gancia Spritz (su amaro), mientras que Aperol acaba de presentar un pack especial con Norton Extra Brut. Y la tendencia parece imparable. Tanto, que incluso otras marcas, como Viniterra, apostaron por lanzar un Prosec ($57), algo dulzón, pensado sobre todo para coctelería.

Las bodegas más chicas también juegan. Si cuando comprás vinos te gusta conocer bodegas nuevas y jugártela por etiquetas poco conocidas, podés hacer lo mismo cuando busques tu sparkling. Porque en los últimos años emergió un grupo de bodegas pequeñas que ofrecen su propio espumante, aunque no suelen elaborarlo, sino que terciarizan la toma de espuma en otras bodegas expertas, por lo general mediante método champenoise. Prestale atención a ejemplares como Ramanegra Extra Brut ($75), Arístides Extra Brut ($68) y Vicentín Rosé ($93). Además, hay margen para la innovación en este grupo, como sucede con Las Perdices Vino Espumante sobre Borras Nature ($99), que comercializa solo en restaurantes. Es un espumante con tapa corona –como la de la cerveza– para que en el punto de venta degüellen la botella y retiren la borra antes de servirlo. Es dable esperar más novedades en este segmento.

Asoma una nueva vanguardia de champenoise. La década pasada las bodegas empezaron a jugar en el segmento de precio medio. Así construyeron sus primeras marcas en materia de espumantes. Y el juego para la década en curso parece ascender un escalón hacia el segmento de precios más altos –donde siempre estuvo a la cabeza el clásico Barón B Extra Brut ($135)– y más allá, donde el método tradicional de fermentación en botella es un factor clave. Al clásico Rosell Boher Cuvée Milesimé 2008 ($375), de cuya elaboración artesanal la bodega es impulsora, se sumaron recientemente Cadus Brut Nature ($300) y Zuccardi Blanc de Blanc Cuvée Especial ($250). Con más lanzamientos y trabajo de marcas, en este segmento de la categoría es donde habrá mayor cantidad de novedades en el mediano plazo.

La moda de la cosecha impresa. Se llaman Millésime y te ofrecen la posibilidad de probar espumantes de una añada determinada. En nuestro mercado ya existía Bianchi Stradivarius Cabernet Sauvignon 1998 (agotado, aunque aún se consigue en unas pocas vinotecas a unos $400), Bianchi Edición Limitada (vendimias 2000 y 2002), Barón B Brut Nature Millésime (vendimias 2002, 2008) y Grand Cuvée Millésime (con vendimias 2002, 2005 y 2008); ahora se sumaron Alma Negra Misterio Rosé 2010 ($126) y Norton Cosecha Especial Vintage 2010 ($130). Una tendencia que sigue un rumbo ascendente.

Burbujas orgánicas. En la Argentina se acentúa una creciente preocupación por un consumo sustentable y ecológico que se vislumbra en todo el rubro gastronómico: desde la compra de verduras de huerta, hasta el auge de mercados de productos orgánicos y saludables. Las bodegas no son ajenas a esta movida y en los últimos años se han elaborado vinos tranquilos eco friendly de primer nivel. Esas mismas casas productoras son las que ahora apuestan por espumantes orgánicos, una especialidad que tiene sus seguidores alrededor del mundo. Y así, por ejemplo, podés conseguir en la vinoteca Domaine Bousquet Brut ($86), Médanos Extra Brut ($70) y Familia Cecchin Espumante Dulce Natural ($69), ejemplos de una tendencia en alza. También Santa Julia tiene su producto green (Santa Julia Vida Orgánica), exclusivamente para el mercado de exportación. 

Nacen las primeras rutas de espumantes. Así como en Mendoza podés visitar decenas de bodegas para degustar sus Malbecs y Chardonnays, desde agosto de este año podés recorrer la provincia y probar Extra Bruts porque se inauguró la primera ruta turística de espumante argentinos. Es un circuito por tres bodegas de Luján de Cuyo en el que se da cuenta de todos los métodos de elaboración. El tour comienza en la zona Perdriel, en Cruzat, donde te ponen en sintonía con el método tradicional, especialidad de la casa. Luego, sigue en Dante Robino, especialistas en el método charmat de fermentación en tanque, y termina en Luigi Bosca, con una exposición histórica y una cata dirigida de sus espumantes –elaborados con ambos procesos– acompañada de una elegante picada. ¿Cuánto cuesta el recorrido? 240 pesos por persona.

Dos orígenes claros. Mientras que en materia de vinos la Argentina tiene un mapa completo, de Salta a la Patagonia, en materia de burbujas la geografía es bastante más acotada. En los últimos años se perfilaron dos orígenes bien claros. Por un lado, el Valle de Uco (especialmente Tupungato, de donde provienen la mayoría de las uvas para espumantes mendocinos) y, por otro, el norte de la Patagonia, con Neuquén a la cabeza. Esto es así porque para conseguir buenas burbujas hacen falta climas relativamente fríos. Y eso se comprueba en la buena acidez que tienen productos como Alambrado Extra Brut ($105), Saint Felicien Extra Brut ($155), Alta Vista Atemporal Extra Brut ($110) y María Reserve Brut Nature ($125), todos elaborados con uvas de Uco; mientras que de Patagonia, se destacan Mantra Extra Brut Rosé ($130), Agrestis Brut Nature ($80), Saurus Extra Brut ($68) y Canale Extra Brut ($62). Hay, sin embargo, un tercer origen que merece especial atención: San Rafael. De allí provienen algunos de los productos más clásicos del país, como Bianchi Extra Brut ($75) o el moderno Domaine Mumm Brut Nature ($134).

Por Joaquín Hidalgo


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