02.07.2011

Spirits de lujo: botellas por las que vale la pena pagar más de $400

Cada vez se ven más destilados que superan la barrera de los 400 pesos. Recorrimos las marcas más caras del mercado argentino y te recomendamos en qué invertir.


Los tiempos cambian. Hace treinta años, el símbolo del lujo alcohólico eran los whiskies de 12 años. El que viajaba en avión, traía del freeshop una botella de Chivas 12 años y era un langa total. Pero eso ya pasó. El siglo XXI marcó la llegada del consumo "super premium". Una palabra nueva, que irrumpió con fuerza en el diccionario del consumo local.

¿Qué es una bebida super premium? No es un modo de elaboración, tampoco un tiempo de añejamiento, ni siquiera un tipo de materia prima. La única manera de definirlo es según el precio. Poniéndolo simple: una bebida super premium es una bebida supercara. Sólo que decirlo en estos términos no queda bien. Es más: parecería un capricho snob de la clase alta. Y, en gran parte, lo es.

Muchas de las bebidas que valen cientos de pesos no valen lo que cuestan. Son un invento del marketing y de la promoción. Incluso, varias botellas que en la Argentina son muy caras, cuestan menos de la mitad en los países del norte. Por eso, para dividir las aguas (y el alcohol), pusimos un valor mínimo de 400 pesos, salimos a la góndola y te contamos qué botellas merecen ser compradas.

Chivas 18 ($400)

El precio de los whiskies escoceses es menos caprichoso que en otras bebidas, ya que está casi siempre relacionado al añejamiento. Un 21 años es más caro que un 18, y un 18 cuesta más que un 12. Pero esto también lleva a una confusión: más años de barrica no siempre significa un whisky más rico. Un buen ejemplo es el Chivas 18, niño mimado de la casa Chivas. Hemos probado otras botellas de esta marca (incluso el carísimo 25 años) y nuestro preferido sigue siendo el 18. Más allá de la omnipresente madera, este scotch muestra las bondades de un blend que hace del equilibrio su leit motiv. Es el blend de alta gama que gusta a todos. El que podés regalar con los ojos cerrados. El upgrade natural del clásico 12 años.

Johnnie Walker Blue Label ($990)

Si el Chivas 18 es un todo terreno, este JW es exclusivo para amantes del scotch más intenso. Tiene el perfil potente de la marca, ese “keep walking” que termina siendo un “keep drinking”. Tan seguros están de la calidad de esta botella, que la gente de JW se dio el lujo de no poner en la etiqueta los años de añejamiento. Se sabe que hay dentro whiskies de hasta 50 años, pero posiblemente haya otros de mucho menos. Y a nadie le importa. Apenas lo bebés (sólo, con dos o tres gotas de agua para bajar un poco el alcohol), te inunda con su sabor. Tiene algo de irreverente, de joven: gran whisky para festejar que tu equipo ganó el Clausura.

The Macallan Cherry Oak 12 ($475)

Da rabia pagar más de $400 por un whisky de apenas 12 años, pero en este caso hay que hacerlo. Es más: si podés, comprate el 18 años de la misma marca. Pero al menos empezá con esta etiqueta. Es que The Macallan es el emblema del éxito de los single malts mundiales. Representa claramente a su zona de elaboración, Speyside, sin ahumados brutales, sin aristas extrañas, sino pura suavidad, de aromas florales y ajerezados. Una botella que te hará pasar por un entendido en cualquier lugar del mundo. Por equilibrio y delicadeza, es ideal para bebedores de grandes vinos. Cuesta mucho más que su competencia. Pero lo vale.

Caol Ila 18 ($499)

En el otro extremo a The Macallan surge esta malta de Islay, de donde vienen los whiskies más ahumados del planeta. Y eso es Caol Ila. Cuando decimos ahumado, no es chiste: su sabor recuerda al caucho quemado, al alquitrán, y tiene algo salado, algo de yodo y de algas marinas. Acá la palabra equilibrio carece de sentido: la balanza se inclina toda para un lado. Y esto, que para muchos es un asco, para otros es el paraíso. Es un whisky que hay que tener en la casa, al menos como curiosidad. Eso sí: no lo bebas antes de comer o de beber otra cosa, porque perdura por largo rato en boca. Es, más bien, perfecto para beber justo antes de ir a dormir, al menos treinta minutos después de la comida.

Patrón Reposado ($470)

El tequila es uno de los spirits de lujo más buscados en países como Estados Unidos y Londres. En eso mucho tiene que ver esta marca, la favorita de los celebrities del jet set mundial (léase Paris Hilton, Jennifer López, Tyra Banks y otras beldades). Lo bueno de esta etiqueta es que sigue siendo un tequila, sin intentar emular a los cognac. Es que, muchas veces, para aumentar el precio de un destilado, se lo guarda en barricas por decenas de años, lo que hace que pierda su identidad. No es el caso del Reposado: apenas seis meses de barrica suavizan aún más a este tequila que ya nació suave. Nada que ver con lo que tomás en la discoteca. Servilo en vaso de whisky, con hielo. Se abre un nuevo mundo.  

Cognac Rémy Martin X.O y Cognac Hennessy XO ($1100)

Es mucha plata gastar más de $1000 en una sola botella. Pero ninguna barra de lujo puede obviar el cognac, el destilado más exclusivo del planeta. A su manera, el cognac es a los destilados lo que el champagne a los vinos. Tan rico, meloso y suave que los 40° de alcohol apenas se notan. Las dos marcas más comunes en la Argentina son Rémy Martin y Hennessy, ambas excepcionales. Si no llegás a los XO, comprá VSOP que también la rompen y cuestan bastante menos. En cambio, los VS pierden buena parte de su encanto (cada sigla refiere al tiempo de añejamiento de la bebida). Obvio, con cigarros y con chocolate amargo. Pero también en pequeñas copas junto a una bella cita.

Lepanto Gran Reserva ($580)

Los brandies de Jerez son la respuesta española al cognac francés. Ambos destilados de vinos complejos, ricos y añejos. Pero más allá del origen, también hay una importante diferencia en el modo de elaboración. La DOC de Jerez exige un sistema complejo de añejamiento llamado "criaderas y soleras", en el que las barricas se amontonan unas arriba de las otras, y se va pasando el destilado de arriba hacia abajo, sacando y reponiendo líquido de cada bota. Es un trabajo complejo y minucioso, que da como resultado una bebida súper interesante, con personalidad propia. Y, dato no menor, suele ser bastante menos costosa que el cognac. Es una figurita difícil: muchos tienen whiskies, cognacs y rones en su barra. Pocos tienen un buen brandy de Jerez, como éste.  

Zacapa Centenario XO ($850)

Este ron de Guatemala no se distribuye en el país. En Mercado Libre lo venden a $850, pero en los Estados Unidos cuesta unos 110 dólares. Vale la pena conseguirlo: para muchos es el mejor ron del mundo. El truco parece estar en que se envejece en un sistema de soleras (como el jerez), que las barricas se guardan a más de 2000 metros sobre el nivel del mar y que, diferencia de casi todas las otras marcas, se hace con el jugo virgen de la caña de azúcar (como las cachaças), y no con la melaza. Pero todo esto no significaría nada si el producto no fuese increíblemente rico. En este caso, lo es.

Sake Gekkeikan 1,8 litros ($750)

Existen muchas variedades de sake (que dependen del modo de elaboración y del tipo de arroz que se usa), y a la Argentina no llegan los mejores. Es más: la mayoría de los sakes que se consumen aquí se hacen en los Estados Unidos. Gekkeikan es una de las marcas más tradicionales de Japón, y tiene algunos productos bastante buenos. Pero no es por eso que elegimos este precioso barril tradicional (se llama òtaru), sino por una cuestión más terrenal: es posiblemente una de las últimas oportunidades de comprar sake japonés que haya llegado a la Argentina antes de Fukushima. Y, radioactividad mediante, no estamos muy seguros de querer beber las que vengan después.

Compass Box The Spice Tree ($507)

Un último whisky en la lista, muy distinto a todos los mencionados. Mientras que las otras marcas exhiben historia y tradición, Compass Box es lo contrario: un flaco norteamericano que trabajó para la multinacional Diageo decidió independizarse, y sacar sus propios blends, comprando maltas a distintas marcas. Ninguna de sus botellas dice los años de barrica, ya que acá no se trata de una edad, sino de un estilo y personalidad. Ese flaco se llama John Glaser, y realmente hizo ruido en el mundo del scotch. A la Argentina llegan cinco variedades: la más interesante es The Spice Tree (acaban de entrar las primeras botellas), que se añeja en barricas usadas (como todos los whiskies), pero con tapas de roble nuevo. Una moderna oveja negra en un mundo que es pura tradición.  


Por Ignacio Rivera

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