04.09.2009

Taxi al plato: la bloguera que le pide a los taxistas que la lleven a comer

Layne Mosler es una crítica gastronómica nada convencional. Cada semana, se sube a un taxi y pide al tachero que la lleve a comer a su lugar favorito. Luego describe la experiencia en un blog.


La idea de esta periodista gastronómica de 34 años nacida en Orange Country (California) suena ingenua: cada semana le pide a un taxista que la lleve a su restaurante favorito, le paga, se baja, come y después relata su experiencia en www.taxigourmet.com, su blog creado en mayo de 2007. Lo que se lee allí es mucho más que una guía para gente que quiere comer fuera del circuito on de restaurantes y bares. Layne logra mostrar el corazón de la gastronomía de Buenos Aires con una mirada extranjera (la suya) y otra local (la de los taxistas, que terminan cobrando más protagonismo que los platos).

“Vengo de una ciudad en el que tomar taxis no es tan común, pero desde que llegué acá empecé a tomarlos para ir a bailar tango o para salir de noche y me di cuenta que son un confesionario sobre ruedas. Los tacheros me han enseñado muchos sobre Buenos Aires”, explica Layne, que vive en Belgrano desde 2005. Tras haber estudiado antropología en Ecuador, habla un castellano fluido, que apenas deja traslucir su condición de inmigrante y ya ha incorporado los modismos que utiliza cualquier porteño. Llegó a la ciudad en plena ebullición del mundillo gourmet y sintió que tenía la posibilidad de desarrollar su carrera de periodista gastronómica. Desde entonces colabora como freelancer en medios escritos como Time Out, South American Explorer y Buenos Aires Herald, entre otros. Sus dos pasiones son escribir y comer. “En mi casa, mientras almorzábamos, ya hablamos sobre lo que prepararíamos para la cena”, recuerda.

El blog, escrito en inglés, ya lleva relatadas más de 50 aventuras taxi-gastronómicas. “La primera vez que lo hice, me llevaron a la Parrilla Peña, un lugar al que jamás hubiese llegado por mi cuenta y que hoy es uno de mis favoritos”. Anotá: Parrilla Peña queda en Rodríguez Peña 682, Barrio Norte. Layne destaca la provoleta, el bife de chorizo, el tiramisú y las segundas intenciones del taxista, frenadas por un oportuno llamado de su esposa al celular.

Layne define a los taxistas de Buenos Aires como “filósofos existenciales”, que así como tienen una opinión acerca de todo, también saben de restaurantes y comidas. “Mezclé esa filosofía urbana con gastronomía y llegué a lugares que están fuera de las guías turísticas. Lugares que muestran algo íntimo sobre la ciudad”. De esos lugares, su favorito es el clásico bodegón Albamonte (Corrientes 6735, Chacarita), del que destaca sus rabas y sus ravioles, aunque el pesto de los fucilles no tenía nueces y la salsa de tomate le pareció demasiado dulce. El peor: Manhattan (Cabildo 1792, Belgrano), un lugar sin onda y “comida tipo industrial”.

HONESTIDAD Y EL COQUETEO
“Tengo un pedido medio raro: lléveme a su lugar preferido para comer algo rico y que no sea turístico”. Así empiezan los viajes de taxi gourmet. “Algunos tacheros lo entienden y lo captan de una; a otros se lo tengo que explicar de nuevo”, dice Layne. La primera reacción que tienen es llevarla Puerto Madero. La segunda, ir a un lugar cercano. Muchas veces tiene que insistir en que no le importa cuánto tenga que viajar y pagar: que ella va adonde la lleven. Entonces empieza un coqueteo que por ahora nunca fue más allá de la puerta del restaurante, aunque muchos taxistas quieran seguir el viaje hacia otros rumbos.

“Hubo uno que me llevó hasta la pizzería San Antonio (Garay 3602, Boedo) que ya en el viaje me hablaba sobre todas las minas que se había levantado. Yo le seguía la corriente, pero cuando llegamos al lugar me dijo que no me dejaba bajar si no comíamos juntos. Al final le dije que sí, pero le aclaré que después cada uno se iba para su lado. Entonces él dijo que no. Siempre buena onda. Acá el coqueteo se usa todo el tiempo para todo. En EE.UU. somos más reservados”. Por las dudas, antes de tomarse un taxi, la soltera Layne se pone el anillo de casada de su abuela.

Si bien confirma el mito del tachero que busca levante, su experiencia echa por tierra la leyenda que habla del tachero estafador. Se tomó un taxi una vez en Parque Cententario y ante su pedido, el taxista le dijo: “No te puedo estafar. Bajate y cruzá la calle: ahí enfrente tenés Los Chanchitos (Angel Gallardo 601)”. Luego en su blog, Layne escribiría sobre su lomo a la pimienta y sus famosas pizzanesas. “Estas cosas me dan fe y me demuestran que el proyecto tiene que ver con la confianza mutua; no sólo con la comida”.

Para confirmar su teoría acerca de la honestidad de los taxistas, Layne sueña con ir a Nápoles “donde tienen fama de ser los más estafadores del mundo”. Por ahora, se debe conformar con Nueva York, donde estará en mayo y junio de este año, buscando exportar su blog. “Va a ser diferente: en Buenos Aires el tachero es de acá y vivió siempre acá. En EE.UU. puede ser de Rusia, México o Paquistán. Va ser más difícil porque son más reservados”, supone. Pero ya lo intentó un par de veces en San Francisco y no le fue tan mal: un chino la llevó a comer mariscos en el corazón de Chinatown y un paquistaní la condujo a un lugar donde vendían shawarma.

CARNE: LA COMIDA DEL ALMA
Los taxis la han llevado a través de toda la ciudad. Desde la parrilla La Provinciana, en Avellaneda (Belgrano 775), hasta Vicente, en Coghlan (Rivera 3801), pasando por el clásico y céntrico El Cuartito (Talcahuano 937). Pero los mejores lugares los ha encontrado en la zona sur de la ciudad, por lo que siempre prefiere tomar parar su taxi “más allá de Rivadavia”. Los lugares a los que más la han llevado son parrillas. “La carne es la comida del alma de los argentinos”, asegura Layne.

Cuando le preguntamos por su top 3 de tacheros favoritos, duda. No sabe a cuál elegir. Menciona a Roque, el pastor evangélico que tiene su propia iglesia en Lanús, pero que maneja un taxi 4 días a la semana para mejorar su ingreso. Su sacerdocio no le quitó las ganas de flirtear con su pasajera mientras duró el viaje que terminó con las clásicas empanadas de La Americana (Callao 83, Congreso). Finalmente se decide y coloca en el puesto número 3 al honesto que le sugirió Los Chanchitos. El número 2 para el tachero paraguayo que no podía tener hijos y se pasó todo el viaje hablando de Felipe, su gato, y la llevó a Parrilla 29 (Brasil S/N, entrada Ferrylineas, Madero Sur), donde la comida fue desastrosa. Y el number one para Enrique, un taxista uruguayo que la llevó a Chiquilín (Sarmiento y Montevideo, Congreso), que le contó sobre cómo fue perdiendo todo lo que tenía con las diferentes crisis económicas de los últimos 20 años. “Fue muy triste, pero me enseñó mucho”, concluye Layne.

Así, salen a la luz realidades que exceden la comida en sí misma, como aquel día en que se subió a tres taxis diferentes y las tres veces recibió la misma respuesta: “No te puedo ayudar: hace años no tengo plata para ir a comer afuera”. 

EL TOP 5 DE LOS RESTAURANTES TACHEROS
A fin de año último, Layne Mosler escribió en su blog el top 10 de restaurantes a los que los taxistas la llevaron en 2008. Este es un resumen de los cinco mejores:

5. Mi Sueño. “Fernando, el taxista tanguero de Olivos, me dijo que no todos los choripanes son iguales. El de Mi Sueño es el caso. Su chorizo de cerdo hecho a base de vino blanco, morrones y un toque de orégano es de lo mejor.”
Carrito de Costanera Sur

4. La Mezetta. ”Por razones que nunca llegué a determinar, al taxista Martín no le gusta esta pizzería de barrio. Pero por suerte dejó de lado sus gustos personales y me la recomendó igual. En La Mezzeta la pizza sale tan rápido que las porciones se preparan casi a pedido. Todavía no encontré en todo Buenos Aires una fugazzeta tan increíblemente cargada de queso.”
Alvarez Thomas 1311, Colegiales

3. Don Lechón. ”En Argentina, el lechón es un plato que normalmente se prepara en ocasiones especiales. Caro de comprar y difícil de preparar, tiene un rol pequeño pero muy valorado en el ensamble carnívoro nacional. Tierno hasta el hueso y cocinado a la perfección, el de Don Lechón amerita una visita cualquier día del año. ¡Que bife, ni bife!”.
Elcano y Alvarez Thomas, Colegiales
 
2. Don Zoilo. “A pesar de que la ciudad rebalsa de parrillas, es fácil de entender por qué Don Zoilo es una de las favoritas del taxista Jorge. En un barrio alejado de los circuitos turísticos, este amable restaurante tiene sus leales seguidores gracias a su buen bife de chorizo y a sus precios que desafían la inflación. Si todavía te queda hambre después de la carne, la natilla de limón es una forma dulce / ácida / decadente, de terminar tu cena.”
Honorio Pueyrredón y Luis Viale, Villa Crespo

1. Albamonte. “Esta no es la tradicional pizza de molde argentina, pero a los locales, incluyendo al taxista Antonio, les encanta igual, gracias a su horno a leña que deja la masa crocante bajo generosas porciones de muzzarella y salsa de tomate súper fresca. Andá para la cena y andá temprano: cualquier día de la semana, se llena de familias, amigos y amantes de la pizza."
Av. Corrientes 6735, Chacarita

por Claudio Weissfeld / fotos: Pablo Mehanna

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