19.12.2017

Vico Wine Bar, un concepto único y nuevo en Argentina

Con 140 etiquetas de vinos por copa y un aceitado sistema de self service, este wine bar llegó para revolucionar la forma de consumir vino fuera del hogar; lee la nota y enterate porqué


Consumir vino en bares y restaurantes no es fácil para los argentinos. Sobreprecios, malas condiciones de guarda y servicio y una oferta limitada son solo algunos de los obstáculos que se imponen a la hora de disfrutar de la bebida de Baco fuera del hogar; tal es así que muchos enófilos prefieren pagar descorche y llevar botellas de su cava personal.

Por suerte, los wine bars empezaron a cambiar ese panorama y cada vez hay más opciones que combinan precios competitivos, buena variedad de etiquetas y servicio correcto. La última apertura del rubro es Vico, un paraíso para los amantes del vino.

Son varias las razones que hacen de este wine bar un lugar único. En primer lugar, funciona bajo la modalidad self service; así, cada cliente al ingresar recibe una tarjeta para utilizar en las 18 máquinas dispensadoras, las famosas Wineemotion, que conservan el vino en perfecto estado durante un mes y lo sirven a temperatura correcta en tres tamaños: degustación (35ml), media copa (75 ml) y copa (150 ml). 

“La carta acá no se lee, se la camina, hay que recorrerla”, grafica Pablo Colina, sommelier y uno de los dueños de este templo vínico. Con 140 etiquetas, el abanico de opciones incluye vinos de diferentes regiones, cepas y estilos. 

 

Los precios son accesibles, a partir de $30 es posible degustar una copa de vino blanco, ya en el caso de líneas de alta gama e ícono las cifras trepan hasta llegar a multiplicarse por diez. 

En los fuegos está el chef Julián del Pino; con variedad de opciones y platos elaborados, su presencia se advierte solo con leer la carta. 
Si la idea es que la comida funcione como un mero acompañamiento de los vinos, lo mejor es pedir las selecciones de fiambres, pero cuando el objetivo es disfrutar de una cena completa, el menú ofrece raciones y principales. 

Además, varios platos vienen en las dos presentaciones, así que el comensal puede armar la experiencia gastronómica a su medida: pedir varias raciones y hacer un tapeo, elegir solo una a modo de entrada o ir directo al grano y ordenar un principal. 

Vale la pena probar el pulpo con papas y alioli de pimentón ($135) y los langostinos con crema ácida de almendras y apio crocante ($95). Para un tinto potente, nada mejor que el cordero braseado con gnocchis de queso manchego ($120 o $230).

Mención aparte merecen los linguini de semolin con ragout de rabo ($95 o $180), son tan buenos que no probarlos es como irse de Vico sin tomar una gota de vino.  

 

Y para darle un respiro a la copa, ofrecen una carta de cócteles diseñada por el reconocido bartender Carlo Contini, también socio de este proyecto. Con precios que rondan los $150 ofrece opciones de aperitivos, negronis y creaciones de autor como el Chamolile julep (Tullamore dew, cordial de flores, menta y manzanilla) y El Dominicano (Barcelo Gran Añejo y bitter de mani y naranja). Sentarse en la barra y ver la dedicación y prolijidad con la que trabaja el bartender Emanuel Dobryden, es un plan que bien vale una visita aparte. 

Al mejor estilo “Elige tu propia aventura”, Vico deja que los comensales diseñen la experiencia gastronómica a su gusto y lo bueno es que, a diferencia de la colección de libros, aquí todas las opciones son correctas.


Gurruchaga 1149, Villa Crespo.
De martes a sábados de 18 a 1 am. 

Por María Paula Bandera. 


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