08.05.2009

¿Por qué tienen tanto levante los bartenders?

Mientras la gente se amontona en la barra para conseguir un trago, ellos cancherean. Los bartenders tienen poder. ¿Será por eso que las chicas suspiran cuando reciben su daiquiri? En esta nota, te lo contamos.


La culpa de todo la tiene Tom Cruise. ¿Se acuerdan de la película Cocktail? Esa de fines de los 80, con el entonces agnóstico Tom en el rol de un bartender fachero y carismático que trituraba corazones femeninos con sólo revolear botellas en la barra de un bar jamaiquino. A partir de entonces, hartos de rebotar en las matinés, los adolescentes de toda una generación empezamos a creer que la fórmula para tener éxito con el sexo opuesto era muy simple: trabajar de barman. Pero ya sabemos que no todo lo que ocurre en las películas es verdad… ¿o sí?

Fuimos a preguntarle a los bartenders de Buenos Aires cuánto hay de cierto en este mito urbano. Y nos encontramos con que no sólo Tom Cruise es un winner cuando de sacudir cocteleras se trata.

“No sé si se aplica a todos los bares, pero tiene su grado de verdad: del otro lado de la barra sumás puntos”, admite Santiago Giovanelli, del dinner club 647, en San Telmo. Mariano Ramírez, bartender del catering para eventos Placebo, coincide: “Un bar es un lugar con mucha afluencia de gente y al estar sirviendo tragos tenés más onda que la de otros puestos, como el de camarero”, cuenta este joven, que vio a decenas de chicas babeándose del otro lado de la barra durante los años que trabajó en Hard Rock Café, de Recoleta. “De por sí tenés mucho diálogo con la gente y eventualmente…viste cómo es el ser humano… pasa en todos los ámbitos: con solo hablar se puede generar una afinidad”, comenta, como si tal cosa.

ELLAS SON LAS QUE SE ACERCAN
Así de fácil. Mientras nosotros relojeamos el boliche buscando una destinataria para nuestro inútil ‘¿de qué signo sos?’, estos muchachos están ahí sirviendo tragos y a la espera de que alguna chica se les acerque a hablar. “Sí: siempre son ellas las que se acercan”, dice Diego Olivera, actual barman de Maat, con más de una década de levante en bares como el Danzón y Mundo Bizarro. “Creo que el bartender está en una posición privilegiada”, admite el muchacho, hoy de novio y sin participar del aquel paradisíaco circuito mujeriego.

Todos los guachos… perdón… los bartenders consultados coincidieron en que no es lo mismo trabajar en un bar de cocktails que en un boliche, donde el ambiente es más “suelto” y las chicas van directamente al grano, muchas de ellas con el sólo fin de beber gratis. Así lo confirma Federico Cuco, barman de 788, en Barrio Norte: “El personaje de la mina manguera de bolichito roquero es típico”, cuenta. “Se lo chapa al barman para tomar birra gratis. Y la mitad de las veces agarrás viaje. Pero después de comerte así a dos o tres chicas, te convertís en un tipo al que ya nada lo sorprende”, cuenta Cuco, recientemente casado, pero con un largo anecdotario en su lista de encuentros furtivos copa mediante.

A esta altura tal vez sintamos que estos muchachos están cuentan dinero delante de los pobres, pero la cosa no termina ahí. Cuco asegura que la facilidad de levante se eleva al cuadrado cuando llega el verano y se trabaja en barras playeras. Y cuenta esto: “El último verano trabajé en Blue Punta del Este y tuve un ayudante de barra que se puso de moda (entiéndase: el tipo se puso de moda). Las mujeres estaban relajadas, divertidas y era una situación de: “y bueh… me aprieto al barman”. Ahora lo ves al pibe en junio, en Buenos Aires y no gana una mina ni por equivocación. Sale a trabajar y a estudiar Derecho con un traje de Johnson y no tiene ni la mitad de la onda que tenía en verano, bronceadito, en musculosa, y batiendo caipirinhas”.

Moraleja: podrás ser un pelmazo en la vida, pero en la barra, serás un campeón.

"NI LA CONOCES, Y YA LE PREPARASTE UN TRAGO"
Mariano refuerza esta teoría: “Inclusive si sos medio hosco, el puesto de barman te suelta porque te lleva a hablar con el cliente. Vos le preguntás si le gustó el trago, o no, y ellos te preguntan cosas sobre las bebidas. Hasta el más tímido termina siendo sociable detrás de una barra”, explica. A la hora de recordar viejas anécdotas, menciona la de aquella chica en el Hard Rock que esperó a que su novio fuera al baño para llamar a uno de los bartenders, enchufarle un sonoro beso y entregarle un papelito con su número de teléfono.

¿Por qué?, nos preguntamos, mientras seguimos girando por el bar en busca de alguna chica nos sostenga la mirada durante más de un segundo ¿Qué tienen ellos que no tengamos nosotros? La respuesta, en parte, la tiene Diego: “Hay dos estereotipos de chicas que van a la barra. Están las que tienen la fantasía de levantarse al barman, y las otras, a las que simplemente les gustaste y les caíste bien. O están borrachas”.

¡Claro! Así cualquiera. Nosotros gastamos nuestros ahorros para comprarles una cerveza y ellos tienen todas las botellas a disposición. “Rompés el hielo de antemano”, cuenta Mariano. “Ni la conocés y ya le preparaste un trago”. Ahora entendemos un poco más… el viejo y malintencionado truco de emborrachar a la chica.

UN SIMPLE CALCULO ESTADISTICO
Sin embargo, la principal herramienta de seducción pasa por un costado mucho más racional que los secretos de un buen mojito: la estadística. Cuco nos da un ejemplo: “Trabajaba en Caix, donde cada fin de semana había 6000 personas, de las cuales, supongamos que unas 2500 pasaban por mi barra. Y que de ahí, la mitad eran chicas. ¡Te ven 1250 mujeres por semana! A una, aunque sea a una, le vas a gustar”. Elemental, Watson. “Y encima, después de las 4:30, cuando a gente se empieza a ir, quedás ahí solo… y sí: sos fácil”, agrega.

¿Los resultados? Diego estima que en sus buenas épocas llegó a ganar dos o tres chicas por semana, entre las que dejaban su teléfono y las que esperaban a que cierre el bar para ser escoltadas hasta la puerta de su casa y, la mayoría de las veces, también hasta su habitación.

Dejemos de rechinar los dientes.

Miramos el reloj. Son las 5 de la mañana y por ahora no ganamos nada más que un diálogo de tres minutos con una rubia que de repente dijo que tenía que ir al baño y nunca regresó. El barman nos sirve nuestro quinto cuba libre, mientras habla con una chica. Sospechamos que él no amanecerá solo y que es feliz. Pero no. El levante, dice, tiene sus desventajas. Veamos si estos desgarradores testimonios logran generarnos algo de lástima.

• Falta de tiempo: “Estás trabajando y no tenés tiempo de comerte a una chica. A lo sumo podés pedirle a un compañero que te cubra durante 20 minutos y en ese lapso tenés que hacer lo que puedas. Y si la querés invitar para otro día, se te complica porque trabajás de noche” (Cuco)

• Falta de seriedad: “El barman no tiene grandes romances porque no lo toman en serio. Un año hice temporada en Punta del Este y estuve todo el tiempo con una chica. Cuando le dije que quería seguir viéndola en Buenos Aires me contestó ‘esto es real, no una película’. Claro… porque soy el barman” (Cuco)

• Cuestión de imagen: “Si trabajás en una barra y estás todo el tiempo de levante, das una mala imagen, como si estuvieras de joda. Es ambiguo: puede estar bueno, pero también te juega en contra” (Mariano)

• Cuestión de espacio: “Me pasó varias veces que clientas me preguntan dónde podíamos ir a hablar sin una barra de por medio. Uno de los pocos lugares para ir en esos casos es el baño, pero el baño no está bueno para hacer determinadas cosas” (Diego)

Se encienden las luces del lugar y alguien nos invita a retirarnos. El bar cierra. Afuera amanece. Tambaleamos por la vereda hasta parar un taxi. Pensamos en que esta semana debemos empezar de cero, largar el laburo e irnos a vivir a Jamaica.

En el fondo, parece, Tom Cruise tenía razón.

De yapa
ELLAS TAMBIEN GANAN
La actividad de bartender está históricamente relacionada al mundo masculino, pero hoy no es extraño ver a mujeres al mando de las cocteleras. Si los hombres son codiciados por las chicas cuando sirven una copa, es de suponer que también ellas reciben todo tipo de propuestas cuando están detrás de una barra. Para comprobarlo, hablamos con una de las bartenders más codiciadas del circuito de bares de Buenos Aires: Mona Gallosi, de Empire, en el microcentro. “A los clientes les genera algo… estás en una vidriera y es fácil generar la ilusión”, cuenta, y aclara que nunca “hizo uso” de su capacidad de seducción. “Además, hace tres años y medio que estoy casada”, advierte. “Pero es un juego de caras y gestos que genera una cuestión de seducción, sin querer (al menos de mi parte) y eso se logra mucho más en la barra que en el salón”.

¿Cuál fue el intento de levante mas extraño que recuerdes?
Una vez me abordó una señorita. Me estuvo mirando toda la noche. Hasta que en un momento se atrevió a sentarse en la barra, me dio una tarjeta, anotó su teléfono y me dijo ¿me llamas? Pedile permiso a él, le respondí, y le apunté a mi marido, que estaba sentado al lado. Pobre chica… me habrá visto en musculosa, con pelo corto y habrá pensado que…

Como mujer… ¿qué te parece que le ven las chicas a los bartenders?
Te seduce que la mayoría son cancheros, saben de bebidas, y saben escuchar. Muchas veces una chica lo que busca es alguien que la escuche. El barman es básicamente un tipo con muchas botellas atrás. Hay copas, buenos cócteles, y eso seduce. Y si estas un poco bajón y te prepara algo que te ponga alegre sin que quiebres, empieza la seducción.
 
Por Claudio Weissfeld


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