24.01.2014

¿Por qué todos los famosos van a Gardiner?

Abrió a fines de los 80 y no pierde vigencia: lo eligen desde Susana Giménez y Marcelo Tinelli hasta Jorge Lanata. ¿Vidriera o exclusividad? ¿Los famosos son cholulos de los famosos?



Llamamos al 4788-0437 y pedimos una reserva para dos. Es jueves y sabemos que en este restaurante es la noche más caliente de la semana, así que no nos sorprendemos cuando nos prometen una mesa “para las 23:15, con espera”. ¿Cómo con espera? “Sí, depende de cuánto tarden en levantarse los del primer turno”. Gardiner trabaja a pleno todas las noches, pero sobre todo los jueves, cuando se arma plan combinado con el boliche Tequila, ubicado a pocos metros y de los mismos dueños. Tenemos suerte de haber conseguido mesa.

Cuando llegamos, el estacionamiento nos da la primera pista del tipo de habitué de Gardiner: el 80 por ciento de los autos son de alta gama. Audis, Mercedes, BMWs. A un costado, algunos choferes charlan entre ellos. El primer obstáculo que debemos sortear es un custodio en la puerta que nos pregunta si tenemos reserva. El segundo, una joven recepcionista que nos pregunta lo mismo, pero chequea en una lista que estemos diciendo la verdad. Otra chica nos acompaña a la mesa. Pensamos que, por no conocer a nadie, nos van a mandar a la Siberia del restaurante, pero no: nos ubican en un lugar bastante decente, a mitad de camino entre la puerta que da al deck terraza y el salad bar.

Apenas giramos la cabeza nos topamos con el primer famoso de la noche. Susana Giménez, entubada  en un vestido azul, vuelve del baño y se sienta con un grupo reducido (tres amigos) en una mesa junto a la pared. Nadie saca celulares para robarle una foto. Bueno, sí, solo una persona: una mulata despampanante que se saltea el acuerdo tácito de no importunar a las celebrities, por lo menos dentro del restaurante, y le muestra a sus amigas la foto con la diva en su smartphone. Le preguntamos al mozo qué suele comer Susana. “Variado, a veces pescado, a veces pasta, a veces carne. Va cambiando”, es su respuesta.

A pesar de que es tarde, en el horizonte van apareciendo otros famosos e hijos de famosos. Iván de Pineda hace una ronda de saludos por varias mesas –se detiene en la de Susana, claro–.  En una mesa más apartada, la hija del Conejo Tarantini y Pata Villanueva cuchichea divertida con dos amigas. En otra, el hijo de Teresa Calandra hace la previa con un grupo de amigos. El rango de edad es amplio: veinteañeras con cabelleras alisadas y vestidos con brillos, y a los pocos metros una mesa de veteranos con pinta de funcionarios judiciales. Entre los habitués de Gardiner se cuentan Marcelo Tinelli (almuerza allí casi todos los domingos, en familia), Adrián Suar, Martín Insaurralde y Jessica Cirio, Jorge Rial y La niña Loly (festejó aquí sus 26 años con una troupe de famosos hace pocos días), Karina Jelinek, Graciela Alfano, Jorge Lanata, Juanita Viale, entre muchos, muchísimos otros.   

¿CÓMO ES?
Con capacidad para 250 cubiertos, está claro que Gardiner es un restaurante grande, imponente. Lo segundo que es que es un sobreviviente. Está ubicado en Avenida Costanera y Pampa, frente a la parrilla Aquellos Años (anteriormente llamada Los Años Locos) y muy cerca de Clo Clo y de Happening. En una zona que se cayó a pedazos como polo gastronómico desde mediados de los noventa, Gardiner logró atravesar modas, estéticas y gobiernos, y salir airoso. ¿Cómo lo hizo? Es la gran pregunta. Como referencia de que no muchos pueden lograrlo, a pocos metros están las ruinas del Pizza Banana (aquel de Liz Fassi Lavalle), ícono del país de la pizza con champagne. Gardiner también es un poco noventoso –¡absolutamente noventoso!, dice una experta de la movida de los restaurantes–, pero de un noventismo refinado, elegante, no kitsch, más Punta del Este que Miami. ¿El último reducto menemista?  

Las mesas son amplias, las sillas cómodas, el servicio híper atento, con mozos de oficio. La iluminación es muy tenue –casi imposible “instagramear” platos– y suena una música baja, que acompaña. Uno de los sectores más lindos es el deck terraza con sillones, farolitos en los árboles y mesas de madera noble. Muy concurrido en tardes-noches de verano, se puede salir a fumar o a charlar sin preocuparse por las pertenencias que quedan adentro. Casi todos se conocen, se saludan, arman planes para después de la cena.

¿QUÉ SE COME?
La carta de Gardiner es bastante clásica: cocina mediterránea, con preeminencia de vegetales, pastas y pescados. El chef ejecutivo es Sebastián Tricarico (ex Blonda, Happening y Massey Cañitas) y entre los platos del menú sobresalen el salmón rosado al hierro con chips de batata, palta y salsa criolla de langostinos, el risotto al limón y los fettucini con burrata. Hay también otros más sencillos como los ravioles de ricota y parmesano, las supremitas de pollo con ensalada fresca y papas fritas con cáscara o la lasaña. Una porción de papas fritas cuesta $40, los precios de los principales oscilan entre los 90 y los 160 pesos, y el cubierto, veinte. Todos los platos están bien, pero no son muy diferentes a lo que se puede conseguir en otros cien restaurantes de Buenos Aires. Entonces, ¿por qué Gardiner?  La pregunta sigue picando. “Son platos no complicados, comprensibles. Es como comer en tu casa”, dice un habitué. 

GASTRONOMÍA Y BAJO PERFIL  
Los dueños de Gardiner son los hermanos Osvaldo y Fernando Brucco, dos empresarios gastronómicos, de bajísimo perfil. Jamás hacen promoción, prensa ni publicidad, a tal punto que el restaurante no tiene una página web, perfil de Facebook, ni cuenta de Twitter. Los Brucco sufren cada vez que Tinelli los nombra en la tele o en alguna entrevista. Sus padres eran dos publicistas que a principios de los años setenta abrieron Happening, un lugar que congregó a celebridades y artistas de la época –Marta Minujín hacía allí sus happenings (eventos), de ahí el nombre–, tuvo un pico de popularidad en los ochenta y hasta hoy se mantiene como una parrilla de alta gama, donde se puede comer uno de los mejores bifes de chorizo de Buenos Aires. Los Brucco tienen un cariño especial por Happening. O sea: casi como una cuestión hereditaria, saben cómo tratar a las celebridades.

En 1989 decidieron abrir Gardiner y dos años después Tequila, más tarde Tequila Punta del Este y algunos proyectos en asociación a otros gastronómicos, como Bruni, junto con el Zorrito Von Quintiero. Pese al éxito, confiesan que jamás se les pasó por la cabeza abrir una sucursal de su restaurante estrella. Gardiner es uno y único.

¿POR QUÉ LO ELIGEN?
En cada época la farándula tuvo sus restaurantes favoritos. Estuvo el tiempo de Fechoría, de Edelweiss, de Los Años Locos, de El Corralón. Lo raro de Gardiner es que perdure por tantos años, y también la manera en que sabe alternar alta y baja farándula sin perder glamour ni elegancia. La vedette más arribista y el conductor consagrado, la diva de la televisión y un cirujano pescado en una cámara oculta de fiesta con un travesti, los hijos de un futbolista y de una modelo top. En Gardiner parecen entrar todos. Entonces… si no es una cuestión de dinero ni canje (según sus dueños, las celebrities pagan su cuenta como cualquiera), ¿cuál es la razón para que los famosos sigan llegando en manada a bordo de sus autos importados? “Se sienten cómodos, no hay fotógrafos que los molesten. Los tratamos como si fueran uno más. Creo que todo esto hace que estemos en el subconsciente de la gente”, arriesga Osvaldo Brucco, desde Punta del Este. Eso es casi lo único que concederá, tajante en su decisión de no comunicarse con la prensa.

“Los cholulos son cholulos de los famosos –dice la periodista Analía Franchín–. En Gardiner ves gente que tal vez no invitarías a cenar porque no tenés tanta confianza, pero con la que está todo bien. Así que charlás un rato, te sentás en su mesa. Además, para los cuatro de copas es un lugar donde saben que se pueden cruzar con Marcelo Tinelli o Susana Giménez; en otro lado no los van a ver”. Luis Ventura, quien fue varias veces pero no es cliente habitual, es un poco más gráfico: “Gardiner es para los famosos como el dulce de leche para las moscas. Van una y van mil. Primero por la vidriera y mucho, mucho después, por la comida”.

Porque no hay fotógrafos, porque es una vidriera, porque se sienten como en casa, porque les gusta la comida y encontrarse con amigos, porque les recuerda a una época dorada donde estaban 1 a 1 con el jet set internacional. Cualquiera de estas respuestas o una combinación de varias puede ser la indicada. Mientras tanto, el 4788-0437 sigue sonando. Y no para.  


EL ABC DEL CHIMENTO

Uno de los clientes más fieles de Gardiner es Jorge Lanata. Cena allí dos o tres veces por semana y le preparan una mesa especial en la cava para que pueda fumar. En una ocasión se cruzó con Marcelo Tinelli y todo el restaurante fue testigo de que no se saludaron: Lanata había dicho que el conductor iba a quedarse con acciones de YPF y Marcelo lo trató de mentiroso en Twitter. Gardiner es el lugar donde se inician relaciones, suceden encuentros, comienzan negocios. Cuentan que una noche coincidieron Cacho Castaña y Mónica Gonzaga y revivieron su fogoso romance ochentoso. Y que un ex insistente de Susana cada tanto se da una vuelta por Costanera para intentar recuperar el amor de la diva.

Por Cecilia Boullosa

 

comentarios

Los comentarios y opiniones enviadas a este espacio de expresi�n, son de exclusiva responsabilidad de sus autores. Groser�as, acusaciones sin fundamento e insultos ser�n eliminados por el moderador. Al dejar su comentario el usuario acepta recibir nuestro newsletter y autoriza a Planeta JOY a incorporar su mail a su base de datos.

Dejá tus comentarios