29.11.2013

¿Qué hay de nuevo en el Barrio Chino?

El primer polo foodie de Buenos Aires está en mutación permanente: restaurantes que cierran, otros que se consagran y nuevos locales de comida al paso. Revisitamos la zona y te contamos cómo cambió.


Si no está en el barrio chino, no está. Si después de peregrinar por Ichiban, Asia Oriental y Casa China no encontraste esa figurita difícil, ese ingrediente importado o raro, más vale que vayas cambiando de receta.  Desde 2005, el barrio chino es el parque de diversiones de chefs y cocineros domésticos: el lugar donde podés conseguir desde tilapia hasta papa ñame, el amarillín para las papas a la huancaína, el goji antioxidante, cervezas de muchos lugares del mundo (la checa Staropramen, por ejemplo), pollo pekinés, pollo negro, patas de cerdo, sangre de cerdo (supongamos que uno quisiera comprar algo así), cangrejos, tendones y un larguísimo etcétera.  Un lugar donde uno se podría pasar horas y días y nunca terminar de conocer.

A ocho años de su explosión, el barrio –que para ser justos es mucho más que chino; es taiwanés, peruano, tailandés, japonés– presenta propuestas nuevas, para todos los paladares y presupuestos:

RAMEN-MANÍA
 
El ramen es el nuevo sushi. Originario de China, también se come en Japón y Taiwán y está de moda en buena parte del mundo: en Nueva York, por ejemplo, fue el chef David Chang el que desató la ramen-manía cuando abrió el primero de sus locales Momofoku. Hasta hace un año, el barrio chino carecía de un buen lugar para comer ramen (se pronuncia con la r débil), un plato cuyo principal secreto es el tiempo y la dedicación –más de 24 horas– que lleva la preparación del caldo base donde se cuecen los fideos. Pero entonces abrió Nobiru (Mendoza 1627), que comparte dueños con el japonés Fujisan y se especializa en este plato. En Nobiru preparan el caldo al estilo de Tokio, de una intensidad media, ni tan fuerte y concentrado como en la parte norte del Japón, más fría, ni tan ligero como en la zona sur, más cálida y húmeda.

Y viene en cuatro variedades: tonkotsu ramen, a base de caldo de cerdo, con fideos ramen, panceta chasyu (caramelizada y adobada con azúcar, anís estrellado, pimienta, cebolla de verdeo), huevo a medio cocer, verdeo, sésamo y alga nori; el shoyu ramen, donde se reemplaza el caldo de cerdo por el de pollo y se suman brotes de soja; el seafood ramen (con frutos de mar, no es tradicional de Japón, sino una adaptación para los locales) y el miso ramen, uno de los más sabrosos, con un caldo a base de pollo, cerdo y miso y con fetas de bondiola, vegetales al wok, choclo, brócoli y demás ingredientes. Nobiru también introdujo el concepto de izakaya (tapeo o menú degustación) que permite probar a cualquier hora del día un menú de siete platos por 150 pesos.

DULCES ASIÁTICOS
Desde nuestra perspectiva condicionada por las altas ingestas de dulce de leche, a los argentinos todos los dulces asiáticos nos parecen muy sutiles, sosos, sin gusto. Huímos de la pasta de poroto aduki, compramos las acartonadas galletitas de la fortuna únicamente para descifrar sus incomprensibles augurios y los mooncakes nos parecen divertidos y originales, pero jamás los pondríamos a rivalizar en nuestra alacena con un alfajor.

El único dulce al que nuestro paladar le dijo sí, sin condiciones, debe ser el helado Melona. Sin embargo, más allá de todos nuestros prejuicios, la oferta dulce sigue creciendo en el barrio chino. En la esquina de Arribeños y Mendoza, por ejemplo, abrió Break n’ Cake, una confitería que importó desde el Lejano Oriente una máquina (dicen que es "la primera de Sudamérica") para hacer Krum cakes, una especie de barquillos preparados con harina, huevo, azúcar y manteca, cuyo origen corresponde a Escandinavia pero que son muy consumidos en Taiwán, China y Japón. El paquete de seis cuesta 22 pesos. En Nobiru también venden manyu, un tipo de wagashi (golosina japonesa) que vendría a ser un mazapán relleno de pasta de aduki, y dorayaki, una especie de alfajor: dos tapas de masa de panqueque relleno de …¿adivinen? Sí, pasta de poroto aduki.


LA CONSAGRACIÓN DE HONG KONG STYLE

Hace treinta años que Lui Cheuk Hung se dedica a la gastronomía en Buenos Aires y hace siete que gerencia su restaurante en el barrio chino. En el último tiempo, y gracias al empuje que le dieron chefs mediáticos como Narda Lepes o Fernando Trocca, Hong Kong Style se terminó de consagrar entre los foodies locales. Este año, además, debutó en la Feria Masticar con stand propio y un plato que dio que hablar: cerdo laqueado en pan al vapor.

El cerdo también es uno de los platos más pedidos del restaurante, que relega a las últimas páginas la batería de chau mien, chop suey y chau fan que abundan en la carta (calcada) de la mayoría de los restaurantes chinos, y apuesta por platos más originales, típicos del cantón de Hong Kong, como el pollo con frutillas, los xia long pao, el sate de cordero, las sopas agripicantes o los shitakes rellenos con pasta de langostinos, además del mero entero, las vieiras y camarones salteados con castañas de cajú, la centolla con mango o la torta con nabo, entre otros imperdibles. Por derecho propio, Hong Kong Style (que, según su dueño, ni en sus sueños más fantasiosos tiene pensado abrir una segunda sucursal) es el mejor restaurante chino del barrio chino y uno de los mejores de la ciudad.  Está ubicado en Montañeses 2149.

COMIDA AL PASO
Si hay un rubro que proliferó en los últimos años en el barrio chino es el de los locales de comida al paso. Hay varios en Arribeños y también sobre las calles perpendiculares, y casi todos tienen una propuesta parecida (y un aroma intenso, perenne, a frito, por el que muchos vecinos se viven quejando y haciendo denuncias): tempura de mariscos, verdura o langostinos, brochettes de cordero, cerdo, pollo y chivito, albóndigas de zapallo, de carne y de pulpo, y tofu ahumado son algunos de los bocadillos que más se ven. Entre toda esta oferta de comida al paso se destaca un local de cocina express taiwanesa que abrió hace menos de un año, en Mendoza 1631.

No tiene nombre, ni menú ni pizarras y podemos apostar que sus encargados jamás van a ganar un concurso de simpatía y gentileza, pero lo que sí tienen es una mercadería fresca, con mucha rotación (suele haber fila en la vereda) y una barra al fondo del local para los que quieren comer en el lugar. A diferencia de los otros locales donde prima lo frito, acá todo se cocina en olla (siempre están preparando alguna sopa increíble, $25 el recipiente chico y $35 el grande), al vapor o salteado (bambú picante, empanadas de mandioca). Además, venden unos deliciosos pastelitos rellenos de crema pastelera y dulce de  leche, por solo 7 pesos.


CIERRES, APERTURAS Y CAMBIOS DE NOMBRES
El barrio chino está en continuo movimiento. Entre los restaurantes más nuevos, además de Nobiru, se encuentra Panda (“cocina china gourmet”), en Mendoza casi Montañeses, con local de comida al paso al frente y amplio salón al fondo. Otros, como el ex taiwanés Hsian Ting Tang, uno de los mejores de la zona, cambiaron de nombre (ahora se llama Apu) o se mudaron (Todos Contentos tiene nuevo local en Arribeños 2177). También están los que cerraron. El que más se extraña es Siempre Verde, el restaurante chino vegetariano que estaba ubicado en Arribeños 2127. 

LA BARRA DE ASIA ORIENTAL
Los Indiana Jones culinarios -es decir: los que gustan de comer rico pero con el plus de hacerlo en un lugar peculiar, secreto, que implique algún tipo de riesgo o emoción- van a encontrar en la barra de Asia Oriental una nueva parada para sus aventuras. Ubicada en uno de los costados del supermercado, e invadida por un penetrante olor a pescado y otros alimentos perecederos, es el lugar más anti-Michelin del mundo, pero así y todo tiene su gracia. Banquetas de caño despintado, una barra y una mesa alta, además de una vista preferencial a la góndola de fideos chinos componen su estética.

Lo mejor, de todas maneras, es ver ao vivo la maestría en el manejo del wok de los dos o tres cocineros que se rotan en la pequeña cocina. Uno de los platos estrella -hay que probarlo, al menos una vez- son los fideos con salsa de sésamo y un poco de cebolla de verdeo: perfección a cambio de 20 pesos. También hay buenas sopas agripicantes ($30), pasta de arroz saltado con mariscos ($50) o arroz saltado con camarones ($50). Comer en la barra de Asia Oriental seguramente sea lo más parecido a visitar un puestito de comidas febril y delicioso de Pekín sin salir de Buenos Aires.

Por Cecilia Boullosa

Fotos: Alieska Robles

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