16.03.2010

10 aderezos para darle un toque gourmet a tus comidas

Salsas, chutney y mostazas saborizadas para darle vuelo a tus platos.


Según la Real Academia Española, aderezo es el condimento que se usa para sazonar la comida. Pero, como suele pasar, ese significado no es el mismo que se le da en la calle. La sal y la pimienta no son realmente lo que llamamos aderezos. En cambio, sí lo son el kétchup y la mayonesa. Ensayando una breve definición ad hoc para esta nota, diríamos que aderezos son salsas y dips preelaborados que pueden usarse directamente al final de un plato (es decir, no necesariamente durante la cocción) para cambiar o sumar sabores. Cerrados, se la bancan por varios meses; una vez abiertos deben ir a la heladera.   

Recorrimos la góndola porteña en búsqueda de diez aderezos necesarios que siempre conviene tener en la casa, al alcance de la mano. Para mejorar platos simples, dar vuelo a platos de sabores planos y salvar las papas en caso de necesidad.

1. Ketchup Heinz
El ketchup está en las antípodas de lo que se considera un producto gourmet, pero gusta, y mucho. Ahora, qué kétchup elegir es otra cuestión. No hay tanta diferencia entre las marcas de primera categoría, por lo que una decisión apuntaría a la más barata. Pero en este caso, creemos que vale la pena desembolsar unos pesos más y elegir Heinz. La marca líder de Estados Unidos (con más del 50% del mercado), y con 130 años de historia, es algo así como Warhol y McDondald’s juntos: un verdadero ícono pop americano. Se elabora con tomate concentrado, vinagre, endulzante, sal, especias y extracto de hierbas, y logra un sabor que deambula por toda la lengua. ($11).

2. Chutney de tomate verde Almacén del Sur
Todo lo que hace la gente mendocina de Almacén del Sur es genial. Un packaging elegante, productos originales, y materias primas cuidadas. Uno de nuestros favoritos es el chutney de tomates verdes, algo así como lo opuesto al kétchup. Tomates de cosecha temprana, cocidos lentamente con especias (se percibe el clavo de olor) y una acidez justa lo convierten en compañero perfecto de carnes de todo tipo, en especial cordero, pato, vaca y cerdo… y ni hablemos de una gotitas sobre galletas con queso brie. ($26)

3. Salsa Worcestershire Lea & Perrins
La Worcestershire Sauce es integrante de la categoría “salsa inglesa”. Su sabor salado puede llegar a recordar en algo a la soja, pero no, no tiene soja. En cambio, lleva vinagre, tomate, tamarindo, algo de anchoas, cebolla y ajo, especias y más, todo concentrado en un líquido oscuro y muy sabroso. Es indispensable para tirar unas gotas en un Bloody Mary, pero también juega un gran papel en casi cualquier plato. En un bifecito de lomo, al saltearlo; en unos spaghetti, al terminarlos; o en un sándwich de pollo. La marca nacional Darama, con mango, hongos secos, jengibre, tampoco está mal, aunque tenga menos profundidad de sabor. ($20)

4. Tabasco
Junto a la salsa inglesa completa el Bloody Mary, pero el Tabasco va mucho más allá y suma fanáticos en todo el planeta. En la Argentina se venden tres variedades; la clásica roja (la más picante ), la verde (una versión liviana) y la jalapeño (aún más liviana y ahumada). La realidad es que no es muy picante (nada que ver a las salsas de ají tailandés que se venden en el barrio chino), pero cumple. Y si bien parece cara, una botellita suele durar unos cuantos meses. Para su elaboración, la mezcla de ajíes se fermenta y envejece durante tres años en barriles de roble blanco, lo cual –dice el marketing- le da su sabor especial. Desconocemos si esto es así; pero es cierto que hay que tener una botellita de Tabasco en casa. ($18)

5. Mostaza Soz Wasabi
La gente de Soz tuvo en su momento una buena idea: fueron unos de los precursores nacionales en sacar un lindo packaging con mostaza de calidad unida a la miel, logrando un sabor picante y dulce. De ahí en más, la empresa se entusiasmó y presentó varios productos más. Y así como la versión de jalapeños no nos convenció, hay que decir que la de wasabi está muy bien. Una mostaza bastante líquida, con un dejo a la raíz del wasabi, alimonada, una punta dulce y otra más salada de la salsa de soja. Una suerte de mostaza oriental, para darle una nueva cara a tu hot dog (y a muchas otras comidas más). ($18)

6. Chimichurri El Semillero
El chimichurri es “la” salsa argentina. Un digno motivo de orgullo que no tiene grandes secretos, si bien cada parrillero tendrá su receta favorita. Pero era hora de que una marca se decida a darle un toque de autor a la salsa más autóctona. Y eso hizo El Semillero, que en materia chimichurresca posee tres variantes distintas. Un chimi tradicional, otro picante (se nota la diferencia) y un tercero ahumado, para los muchos fanáticos del sabor intenso del humo. Un buen regalo para un turista; un buen set para la parrilla de la quinta. ($13,50)

7. Barbacoa Dánica 
Este tipo de salsas, basadas en el ketchup pero con agregado de aromas ahumados y más sabores, es muy popular en el hemisferio norte de América, en especial para marinar las ribs de cerdo al estilo texano (y al estilo del restaurante Kansas). Después de mucho intentarlo, logró convencer al paladar argentino y hoy está presente con varias marcas. Tras probar varias, nos decidimos por una marca menor, que a buen precio exhibe los sabores que buscábamos. Allí está el humo, está el tomate, están las especias y está la consistencia. No le hará mal sumar unas gotas de tabasco y otras de Worcestershire. ($4,60)

8. Salsa de vino Malbec De Mi Campo
El furor del Malbec se sintió muy fuerte en las regiones cuyanas, y de allí que muchas marcas de delis de Mendoza y San Juan hayan incorporado a esta uva en preparaciones alejadas del vinto tinto. Así, surgieron mermeladas, jaleas y salsas que no en todos los casos cumplían con lo básico: ser ricas. Por suerte, De Mi Campo supo hacer sus deberes con esta salsa que vale la pena probar. Si bien no tiene la delicadeza a la que puede aspirar un vino hecho y derecho, sí mantiene los mejores aromas a frutas rojas, ciruela, y un toque lingüistico de sofisticación. ($24)

9. Pesto Filippo Berio 
Para los amantes del pesto, la marca italiana está trayendo al país sus tres variantes. La clásica, pura albahaca picada bastante gruesa y queso; la de aceituna, con un 42% de aceituna negra (impecable para acompañar unos buenos spaghetti o tagliatelle al dente) y una tercera opción con tomates secos. Basta de esa esclavitud de picar la albahaca y el ajo en casa. Muy buen producto y casi sin competencia a nivel local, y con la yapa de estar humedecido en una de las marcas más reconocidas del aceite de oliva tano. ($21)

10. Salsa de soja Kikkoman
Cuando pedís sushi al restaurante japonés de tu barrio, la salsa de soja viene en una botellita de plástico individual rellena de una salsa de soja acaramelada y repleta de conservantes, comprada en bidones a precio de oferta. No arruines tu nigiri. En el barrio chino vas a encontrar varias marcas japonesas y chinas de calidad (las de Japón, conocidas como shoyu, suelen ser las superiores), y entre ellas está Kikkoman, con la ventaja de que viene en botellita de vidrio perfecta para la mesa más elegante.  Menos salada que las berretas, su color marrón rojizo evita el colorante y, sin exagerar, te hará conocer una nueva faceta de esta salsa requeteconocida. ($21)


Por Ignacio Rivera

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