27.04.2016

Aderezos, salsas y dressings: 18 productos ideales para sofisticar tus platos

¿Querés hacer una comida italiana pero nunca lográs conseguir ese gustito a trattoria? ¿Qué es ese sabor entre agridulce y picante que tiene el pollo chino? ¿Y esa barbacoa con la que marinan las ribs? Te contamos los secretos de algunos productos para hacer la diferencia en tus platos.


Los productos ready to use son una salvación para el cocinero aficionado. Las mismas salsas que le dan vuelo a la comida de un restaurante están ahí, al alcance de todos, en las góndolas “gourmet” de los grandes supermercados, en el Barrio Chino de Belgrano y -sobre todo- en almacenes y delis especializados, al estilo de The Pick Market, uno de los que cuenta con mayor variedad de frascos, botellas y latitas, tanto nacionales como importadas. 

Todo es cuestión de saber qué querés cocinar y qué sabores buscás. ¿Qué elegir entre tanta variedad? Salimos a recorrer, probamos varias salsas y aderezos, y elegimos algunas que merecen un lugar en tu alacena. 

PARA PLATOS ITALIANOS

Aceite de oliva en spray FILIPPO BERIO ($142). No es el mejor aceite de oliva que vas a probar en tu vida, de hecho ni siquiera es Extra Virgen: se trata de un blend de refinados y vírgenes. El truco es que su difusor sí es el mejor que vas a tener. Si el rocío vegetal nacional te parece un buen producto, este le da dos vueltas. Además, es una forma de darle gotas de oliva a un queso o ensalada sin generar desperdicio. Ideal para saltear cualquier salsa o darle un toque de oliva al parmesano. 

Sugo all’arrabbiata DE CECCO ($60). Pulpa de tomate, puré de tomate, aceite de oliva extra virgen, cebolla, ajo, perejil, sal, azúcar, peperoncino. Un lujo. Además de hacer buenas pastas secas, De Cecco hace grandes salsas con tomates italianos. Con una buena consistencia bastante líquida, no se necesita nada más: hacé la pasta, entibia la salsa ¡en el microondas! y listo. Te van a aplaudir. 

Pesto alla Sicilliana DIVELLA ($125). En su etiqueta dice pesto, pero no te confundas. Lo importante es que dice alla sicilliana y eso significa que además de albahaca lleva tomate y un poco de queso. El de Divella, una marca italiana de buenos productos pero de segunda categoría en Italia, está hecho a base de tomates secos y eso le aporta su textura granulosa. El sabor está muy bien logrado. Ideal para combinar con casarecce, una pasta acanalada típica del sur. Si no te salen, comprá penne rigati y poné cara de Massimo Bottura.

Pesto RECETAS DE ENTONCES ($150). Desde 1985 que la gente de Alcaraz envasa productos de alta calidad bajo la línea Recetas de Entonces. Y este pesto genovés está a una altura digna de sus competidores italianos. Albahaca de buena calidad, parmesano, oliva, ajo y nueces cortadas pero no deshechas, que le agregan una nota diferencial. Nada de acidez, buena carga de ajo. Por supuesto que podés hacer vermicelli, pero la gracia del pesto es darle una vuelta de tuerca: se lleva bien con vegetales asados, con el pollo y algunos pescados blancos, como el lenguado. Una fácil, puré de papas con pesto. 

Peperoncino DROGHERIA ALIMENTARI ($100). Seguro conocés los productos de esta marca: los distinguís por su envase retacón, algunos de ellos con el molinillo en la boca. Su sal marina es excelente y su pimienta negra, de las mejores. El Peperoncino no se queda atrás: como buenos italianos eligen lo mejor del área monzónica –Pakistán, India, Banglasdesh– lo secan y lo meten en el frasco. Picante fuerte y duradero, típico en algunos antipastos, bruschetta o tartine. 

 

PARA ENSALADAS

Dressing de cassis MULLER & WOLF ($90). El trabajo que hacen Mariana Müller y Ernesto Wolf en Bariloche no se parece a nada. Desde su restaurante Cassis –en el podio de los mejores del país–, hasta la línea de vinagres y dressings hechos con frutos silvestres de la Patagonia. El dressing de cassis tiene un balance ideal: en el paladar es un término medio entre un vinagre de alta gama y una esencia dulce, completando aquella parte del paladar que cualquier vinagre deja ausente. Decir que sirve sólo para ensaladas es poco, pero un buen tomate corazón de buey con sal, oliva y este dressing deja de ser un tomate: se transforma en arte. 

Ranch dressing TAU DELTA ($50). El ranch dressing fue creado en 1954 por Steve y Gayle Henson en Santa Bárbara, California. Allí tenían el Hidden Valley Ranch, un rancho turístico donde servían un aliño a base de mayonesa y suero de manteca o crema agria (buttermilk ó sour cream) que se transformó, en 1992, en el aliño más vendido en Estados Unidos. Aunque le falta ese toque de acidez clásico de la ranch americana (tal vez porque sería un sabor no apto para paladares argentinos), la versión de Tau Delta no es mala. Atún, lechuga, tomate y ranch. A probarla.  

Aceto Andinode frutos del bosque SAN GIORGIO ($100). De lo mejor que tenemos en el mercado. No pienses en el aceto que comprás en cualquier lado. Tampoco en esas botellitas de Módena imposibles de pagar. Frutas rojas maceradas en vinagre de vino: menos sutil que el de Müller & Wolf, para quienes buscan una cachetada de sabor. Queso azul, tomate deshidratado, frutas secas y un poco de San Giorgio. Potenciador de sabores fuertes por excelencia. No falla.
Salsa a la pimienta verde GRANJAS PATAGONICAS ($75). Ideal para ensaladas con carnes blancas, papas o batatas, sorprende por su sabor sutil. Con buena textura, un poco más líquida que una mayonesa, y su final apenas picoso con aires de pimienta verde ahumada, levanta el promedio de las salsas nacionales. En su mezcla tiene mostaza, verdeo y yema de huevo. Buena amalgama. 

 

PARA CARNES

Mermelada de pimiento amarillo ALQUIMIA ($70). No te proponemos un viaje a Oriente, no todavía. Tampoco que marines la carne con esta mermelada. Sin embargo, con un pedazo de vacío o de tapa al horno, funciona a la perfección. El sabor del morrón está muy adelante y potenciado por el azúcar, se vuelve natural. La textura es de mermelada, pero si tenés un puré o una ensalada terminás por balancear. También funciona con pollo y mucho más con vegetales a la parrilla, pero no con pescado. Gran producto, muy original. 

Mostaza de Dijon FRENCH’S ($59). Perfecta para los argentinos. Hecha en Estados Unidos, resulta un buen promedio entre la mostaza local y una moutarde Maille, aunque algo más lejos de ésta y más cerca de la Heinz. Con la misma textura que las nuestras, pero con sabor más complejo (algunas notas ahumadas, algo de vino blanco) se luce en un sándwich de milanesa fría. Si te gustan las francesas, olvídate. Si buscás el perfil centro-europeo, también. Si estás pensando en un hot dog, ésta es tu mostaza. 

Chutney MQA GOURMET ($70). Ácido, dulce, salado, picante. Un balance perfecto de estos sabores es lo que debe tener un chutney. Nacido en India y globalizado por la corona británica, MQA produce el más argentino visto hasta el momento: Cayote con Torrontés. ¿Y voy a mezclar eso con un asado de tira? Sí, y mientras sentís cómo el ácido y el dulce equilibran la grasa de la carne y entendés por qué el picante abre las papilas para que todo tenga más gusto, vas a decir “no está nada mal, eh”.  

 

PARA COCINA ASIÁTICA

Salsa Teriyaki LEE KUM KEE ($160). En japonés, Teri significa “brillo” y Yaki asado. Por eso cuando se habla de salsa Teriyaki, se hace referencia a esa combinación japonesa que hace que el pollo, el cerdo o el atún brillen lo suficiente para tener ese nombre. Si bien la receta original lleva shoyu (salsa de soja japonesa, es más oscura y densa que la china), Sake (vino de arroz), Mirim (licor de arroz), azúcar, ajo y cebolla de verdeo, la versión de Lee Kum Kee incluye otros ingredientes y no está mal para ser una envasada que viajó a buen precio desde Oriente. No la pruebes sola: mariná una pechuga en la heladera durante unas horas y después cocinála, pintando cada 15 minutos con la salsa. Acompañá con arroz.

Salsa agridulce HASHI ($42). Seguro la conocés porque siempre te la dan con los arrolladitos primavera. Esa salsa roja, agridulce, es un clásico chino. Y hay tantas recetas como habitantes en Pekín y alrededores. Lo importante, sin embargo, es el color: debe tener un rojo claro, algo transparente. Hay quienes lo consiguen bajando kétchup; otros, con simple puré o agua de tomate. La de Hashi, es concisa y directa: tiene un toque de manzana que, con el vinagre y los morrones, funciona. La textura está muy lograda. Si no te gustan los arrolladitos, buscá dumplings o mariná vegetales al vapor. 

Salsa de soja y miel TAU DELTA ($50). Un clásico de la cocina oriental hecho en occidente, más un poco de aceite de sésamo. El resultado es una salsa muy fácil para los argentinos y excelente para marinar carnes, sobre todo cerdo. Su textura espesa la empata con ciertas salsas japonesas. Comprá una bondiola, ponele mucha salsa de soja y miel, envolvela con papel film y dejala en la heladera toda la noche. Después horno, parrilla o lo que quieras. No falla. 

Salsa de ostras LEE KUM LEE ($130). La salsa de ostras es un líquido espeso, negro, con dejos dulces y sabor a mar. Es muy popular en la cocina del sudeste asiático, en la china, en la coreana y en la japonesa. ¿Para qué se usa? Como una salsa de soja con un toque dulce que aporta el marisco. La de Lee Kum Lee tiene un sabor definido que realza vegetales y carnes salteados. Ideal para principiantes de esta cocina. 

Salsa de ají extra picante QUINTO SABOR ($56). Al tope de la pirámide ardiente. Y funciona para lo que está hecha: disfrazar sabores indeseables, entrar en calor y dilatar las papilas. Ideal para sopas y guisos, porque podés disolver un par de gotas y levantar enseguida la temperatura. No le pidas la complejidad de sabor de un gochujang, ni la amabilidad de un aceite de ají chino. Va derecho al centro del dolor y la transpiración con buena profundidad y duración. Cuidado, genera adicción. 

 

UN CLÁSICO PARA ASADOS AMERICAN STYLE
La historia de la Salsa A1, de Kraft, es tan larga y compleja que llevaría toda esta nota contarla. “For steak, pork and chicken”, explica su etiqueta: para carne, cerdo y pollo. Nació en el Reino Unido y viajó a Estados Unidos para condimentar, sobre todo, carnes de caza. Es un típico sabor de muchas carnes asadas servidas en Estados Unidos y tiene un parentesco –en su promedio de vinagre y dulzor– con el chimi. No es una salsa barbacoa, es más líquida y se pone en la mesa. En nuestro país la hace Kraft. Si sos un conservador del asado, olvidáte.  Si buscás el sabor callejero del pollo de Alabama, ésta es tu salsa. La conseguís a 75 pesos.

Por Tomás Linch 

comentarios

Los comentarios y opiniones enviadas a este espacio de expresión, son de exclusiva responsabilidad de sus autores. Groserías, acusaciones sin fundamento e insultos serán eliminados por el moderador. Al dejar su comentario el usuario acepta recibir nuestro newsletter y autoriza a Planeta JOY a incorporar su mail a su base de datos.

Dejá tus comentarios