31.07.2014

Elba Rodríguez: de enfermera humilde a la mejor cocinera amateur del país

La joven ganadora de MasterChef se distinguió de sus competidores por su impronta simple y popular. Sus platos vencieron a otros de técnica más elaborada, despertando críticas y elogios por igual. ¿De dónde viene y cómo vive su repentina fama?


El domingo pasado, la vida de Elba Rodríguez dio un giro de 180 grados. En los próximos días, será protagonista en diarios, revistas, sitios online y programas de televisión: hasta ahora, un mundo completamente ajeno a ella. Sin embargo, la ganadora de MasterChef -la competencia de cocineros amateurs de formato estadounidense que Telefe adaptó a la pantalla local- lo toma con naturalidad. "Trato de disfrutarlo al máximo porque sé que puede durar poco", dice con un tranquilo entendimiento de lo que significa el vértigo de la fama. A comienzos de la semana, en plena vorágine de entrevistas, Elba se hizo un espacio para festejar su cumpleaños número 24 al igual que lo hace todos los años: cocinando una gran comida para sus amigos y familiares. ¿Qué sirvió? Pizzetas caseras, empanadas de pollo, de carne y de jamón y queso, ensalada rusa. Platos fieles al estilo sencillo que la condujo a obtener el primer puesto en el reality show. 

Elba recibió como premio $250.000, la edición de un libro de recetas y una beca para convertirse en chef profesional. A pesar de la opulencia de la recompensa en efectivo, la beca es lo que parece entusiasmarle más. Está empecinada en adquirir toda esa técnica que a sus rivales pareció servirles poco y nada. "Durante la competencia, yo era consciente de que me faltaban cosas. Nunca trabajé en ningún lado, nunca hice un seminario, ni siquiera un curso. Quiero ampliar mis conocimientos", asegura. "Convengamos que mi mamá me enseño a cocinar por una cuestión de supervivencia. Siempre me decía que, en algún momento, ella no iba a estar más y yo tenía que aprender a defenderme sola. Yo quería estudiar gastronomía, pero lo veía como algo muy lejano. No tenía los medios".

Por eso empezó a estudiar enfermería. Cursó la licenciatura y, justo cuando estaba a punto de recibirse, vio la publicidad de la convocatoria de MasterChef en la televisión. "Estás loca", le dijeron sus familiares. Pero no le importó la opinión del resto: grabó su video y se postuló para la competencia. "Yo luché para ganar de la misma forma en la que siempre luché en la vida", afirma. "No tengo nada en contra de la comida gourmet. Si yo no lo hice de esa manera, fue porque no tenía los conocimientos".

Junto Donato de Santis, Christophe Krywonis y Germán Martitegui; el jurado que la eligió entre 16 concursantes

A pesar del furor que causó la sopa de maní que preparó en el programa -que, además, es su plato preferido-, no se imagina poniendo un restaurante de gastronomía boliviana."Tengo mucha influencia de la cultura de ese país, porque de ahí son mis papás. Pero también tengo un montón de virtudes que se relacionan con otro tipo de cocina. Me gusta mucho preparar pastas, panes y platos muy típicos de acá como guiso de lentejas, locros y mondongos", asegura. Pero más allá del tipo de cocina, es determinante en un punto: cualquier proyecto futuro tendrá como filosofía vertebral ser accesible. "Quiero que sea algo apto para todos los bolsillos. Hay mucha gente trabajadora que no se puede dar el gusto de ir a comer afuera y yo me siento muy identificada con eso".

Elba no se la pasa cocinando. Trabaja de franquera en la Unidad de Pronta Atención y vive en un barrio de Lomas de Zamora al que le faltan cloacas y asfalto; un barrio lleno de buenos vecinos, que se revolucionó cuando resultó ganadora. Y les quiere retribuir su apoyo. "Me gustaría poder hacer una comida en la calle, bien popular, con los platos que preparé en el programa para que mis vecinos los prueben. Que me pidan doble porción", fantasea.

¿Qué fue lo que la convirtió en la número uno del certamen? No conoce con certeza la respuesta a esa pregunta. "Creo que tuvo que ver con mostrarme cómo soy: mantuve mi esencia, no hice un personaje. Todos vieron en mí esa necesidad de ir aprendiendo. Soy una mina muy abierta que no piensa que se las sabe todas; tengo una luz que no se encuentra en todos lados. Además, tengo el don de hacer de lo sencillo, algo sabroso. Me las arreglo siempre con lo que tengo. No necesito productos gourmet para hacer algo rico", concluye.

Por Florencia Pessarini

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