Archivo: la primera y la segunda, historias de los valles Calchaquíes

Mi primer viaje como periodista lo hice a Salta. Allá, entre el asombro y la duda, escuché esta espeluznante historia de boca de un paisano en la ruina de los Quimes. La transcribo tal y como se publicó a comienzos de 2004.

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Cuenta Don Martín, paisano de Quilmes, en la parte tucumana de los Valles, la siguiente historia que le aconteciera hace 42 años, a sus 23, cuando todavía quedaban chamanes en la región:

-Por cosa de joven, nomás, que yo quería andar con más de una mujer. Y entonces dejé a la que tenía sin correspondencia ni nada, y me avine a buscarme una Segunda. Como al año, en que yo nada había sabido de la Primera, sucedió una doma en un poblado vecino. Y yo le dije a la Segunda de ir; y nos fuimos nomás para allá. Contento estaba yo con la Segunda, sentado viendo bailar a la gente, cuando en eso entra la Primera. ¡Virgencita! Me dije. Y medio como que me escondí. Pero en eso va que se me acerca y me invita a bailar. Para no armar escándalo, nomás fui, porque la Segunda nada sabía. Y se conoce que bailamos un zamba y cada cual para su lado, contentos. Pero al día siguiente ni levantarme de la cama pude. Así estuve un día, dos, tres, ¡hasta 40! Tenía sueños malos, que una lechuza me miraba en la oscuridad y cada noche se acercaba un poco más a mi cama. Flaquito estaba, adelgazando nomás, que era el puro hueso y la piel. Tenía miedo y en mi casa creían que me moría y no sabían ya qué hacer.

Don martín, narrador nato, hace una debida pausa para medir la altura del sol y crear clima. Luego continúa:

-En eso bajó de la montaña una viejita que iba a ver a una bruja que vivía en San José. Y entonces mi madre le dio para que le llevara un frasco con mi orín, para que le dijera qué me pasaba. Dijo la viejita que la bruja, nomás ver el orín al rayo del sol, dijo que me estaba por morir a causa de un desquite que me habían hecho. Se conoce que cuando bailé con la Primera me deslizó un anillo embrujado en el bolsillo, y la muerte me venía consumiendo nomás, de a poco. Dijo también, que si quería curarme tenía que tomar un litro de leche con una cabeza de ajo, durante 30 días. ¡Madrecita! Y vieras, nomás, naides se me acercaba. ¡Ni la Segunda! Y que además, debía cazar tres lechuzas y comerles el corazón recién sacado, diciendo de rodillas: muerte, ahora te como yo. Y así fue nomás, que con mi hermano casamos las tres lechuzas y me comí los tres corazones crudos. Y aquí me tiene, con 65 años, gozando de salud.

 

Este texto fue publicado en la revista Club del Vino de Abril de 2004, en el marco de un especial sobre Salta.

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