Mucho ruido y pocas nueces: DeCata

Durante semanas estuve escuchando hablar de DeCata (Honduras 6100). Me lo recomendaron varias personas en twitter, lo vi en muchos blogs, encontré fotos fabulosas en su pinterest, y aunque todos coincidían en que la atención era muy mala, el menú y la oferta de patisserie parecía súper tentadora, así que le dije a mi amigo Pol que fuéramos a ver.

Me habían recomendado con énfasis las tortas, que al parecer son la especialidad de la casa, pero como era demasiado temprano, preferidos desayunar algo menos pesado. Mi amigo un café con leche, jugo y medialunas (que el mozo anunció exquisitas) y yo, que debo comer proteínas en todas las comidas que puedo, huevos revueltos sin la panceta, café y tostadas. (más…)

Báraka: un tropezón no es caída

El domingo pasado fuimos con amigos a comer a Báraka (Gurruchaga  1450), una suerte de deli con comida casera al que fui hace un par de años y en donde recuerdo haber comido rico. Aunque no iba a hacer mucho, en mi memoria aún era ideal para un almuerzo tardío o un brunch informal con amigos. Hoy les confieso que escribo con un poco de pena, porque no tengo más remedio que ponerlo en esta sección. Fui el sábado y aunque la atención fue esmerada y el lugar es cómodo, la comida estaba toda por debajo de los cinco puntos.

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Tucson: el hermano menor de Kansas

Hace una vida que quiero comer una hamburguesa rica en Buenos Aires y no he logrado probar más que sandwiches de carne seca o cruda, pan comprado y aderezos deleznables. Por eso, hace un par de semanas hicimos el esfuerzo de ir hasta Kansas a hacer la cola para comer. Sin embargo, cuando nos dijeron 90 minutos de espera en vez de unos simpáticos 45 o 60, uno de mis amigos enloqueció de ira, se gritó con la recepcionista, y nos tuvimos que ir corriendo para evitar el papelón. Y como buenos tontos e impacientes terminamos en lo más parecido a Kansas que encontramos: el lujoso y noventero local de Tucson (Libertador 4300) que está en el hipódromo de Palermo.

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Social paraíso: manden sal al Edén

La semana pasada fui a almorzar con mi amiga Natalia a Efímero Festín y, oh, sorpresa, estaba cerrado. Después fuimos a Demuru, que queda a dos cuadras, y tampoco estaba abierto. ¿Los motivos? No sé, no era lunes, ni feriado, ni fuimos en un horario extraño. Como fuere, no tuvimos más remedio que caer en Social Paraíso (Honduras 5182), un restaurante que siempre vemos de camino, pero al que nunca habíamos ido.


La verdad es que a primera vista, la propuesta es súper linda. Me encanta ese look antiguo con twist minimalista, me gusta el nombre en castellano (odio los nombres en inglés que ponen en Palermo, odio!), me encanta el tamaño del salón, que es chico pero amplio, aireado, bien abierto. También me gusta que tengan un menú de mediodía de dos pasos por $70 y que se pueda elegir entre varios platos. Lo único que no me gustó, tengo que decirlo, fue la comida. Pequeño detalle ¿No? (más…)

Spiagge di Nápoli: el infierno de Boedo

El sábado pasado nos tocó ir al teatro a Timbre 4, un teatro que queda entre Boedo y Balvanera. Como esa zona no es precisamente un polo gastronómico, mientras corríamos para llegar a la función, fuimos mirando qué restaurantes había cerca. A pesar de que caminamos como diez cuadras no vimos nada decente salvo por este bodegón que tenía 20 parejas esperando en la puerta y nos llamó la atención.

Así que a la vuelta, alentados por tamaña concurrencia, con mi marido decidimos que, a pesar de la ambientación, los carteles de la vidriera y los jamones colgando del techo, Spiagge di Napoli (Independencia, Av. 3527) tenía que ser un buen lugar para comer. Ahora sé que fue un grave error. Spiagge di Nápoli no sólo no es bueno para comer, sino que tampoco es bueno para estar, beber, hacer pis o salir con la ropa limpia. (más…)

Un Picnic en Florida y Diagonal Norte

Ayer fui al centro con mi amigo Pablo a sacar unos pasajes que nos llevaron tres horas de trámites. Terminamos tarde, de malhumor y hambrientos, así que entramos en el primer lugar decente que vimos. El muy publicitado fast food saludable, Picnic (Florida 102). La fachada es muy linda pero adentro no es más que un bar parecido a Mc Donalds. Mesas de melamina, sillas de PVC, aderezos en pomo y bandejas de plástico para llevar tu pedido a la mesa.

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El problema mexicano: Xalapa

Comer buena comida mexicana en Buenos Aires parece una misión imposible. Auténtica, ni hablar, es impensable, pero rica parece que tampoco es tan fácil. Nachos de paquete, tacos grasientos, platos pesados, totopos hechos con masa de empanada y burritos de rapiditas Bimbo son solo algunos de los problemas recurrentes en la mayoría de los restaurantes, incluso los que, por precio y prestigio, se supone deberían ser buenos. Xalapa (El Salvador 4800, Palermo) no es la excepción. No es terriblemente malo, pero falla en casi todos los aspectos.

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Cluny: no todo lo que reluce es oro

Aprovechando que siempre tengo reuniones por la zona y que su oficina queda cerca, con mi amiga Natalia vamos a almorzar por Palermo al menos una o dos veces por semana. En general, investigamos mucho los menúes de mediodía, aunque por épocas nos cansamos las sorpresas y la comida mala, y vamos solo a Osaka Yuku o a Efímero Festín. Hace un tiempo fuimos a un restaurante que nos habían recomendado, Cluny (El Salvador 4618), tentadas por el menú que incluía entrada, plato principal y postre por $84. Mala idea.

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Chabuca Granda: más que un restaurante, un comedero

Como ya les conté en otras oportunidades, los fines de semana con mi marido vamos al teatro y a comer afuera. Esta vez fuimos a ver una obra en el Abasto (todas las salas nuevas del circuito off están en esa zona, que no es la mejor para cenar) y por proximidad (¿probaron el app de Guía Oleo para iphone que te muestra qué restaurantes están cerca?) fuimos a conocer uno de los primeros bodegones peruanos que hubo por el barrio, Chabuca Granda.

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Pagar por no comer: Las Cortaderas

La semana pasada fuimos a comer con una amiga y su sobrina, que es americana y estaba de paso por Buenos Aires y caímos (un poco por apuro, otro poco porque siempre tomamos buen café) en Las Cortaderas (Báez 444) de Las Cañitas. Desgraciadamente, las fotos que quedaron en mi nuevo iphone y las perdí al restaurarlo, pero igual les quiero hacer una pequeña reseña, que trasciende la experiencia de comer como el culo y se posiciona en otro nivel, uno todavía mucho más bajo: el de ni siquiera poder comer lo que sirven.

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