Algunos lectores quizás ya lo sepan porque no me canso de decirlo: soy fanática del Delta. Con mi marido tenemos planes bastante inmediatos de tener una casa allá, así que vamos cada vez que el clima nos deja. En verano, nos instalamos allá el mayor tiempo posible, y durante el año tratamos de vivir de lunes a jueves acá y de viernes a lunes allá. Al menos en los meses cálidos.

Como ya deben saber, en el Delta sólo se puede acceder con lancha y no hay agua corriente ni gas, aunque sí internet, electricidad y teléfono. No hay supermercados ni delivery, obviamente, salvo en ríos muy concurridos en los que puede haber algún vecino que hace comidas caseras para vender.  Pero en general, sólo hay alguna proveeduría con cosas básicas, que no siempre está cerca de tu casa o es inaccesible sin un bote.

Se preguntarán ustedes, entonces, cómo comen los 10,000 isleños que viven en la zona.  Bueno, algunos traen compras desde el continente, otros tienen huerta y gallinero, pero la mayoría compra de una forma que a mí me encanta y que uso siempre:  en la lancha almacén.

lancha almacen delta parana

Casi todos los ríos y arroyos tienen por lo menos una lancha almacén, una panadera, y a veces alguna de bebidas, o heladera (sí, heladera. En verano podés comprarle un cucurucho a una lancha). Mientras más grande el río, más lanchas.  En una época, hasta Disco tenía una, pero desde hace un par de años que ya no pasan porque la gente le sigue comprando a la Raquel, la Anita, la Mabel o Susana Mirtha, que son de la isla y los conocen.En general, tienen horario, pero es aproximado. Nosotros ya aprendimos, como todos los isleños, a reconocerle el motor, y podemos estar haciendo cualquier cosa que la escuchamos acercarse cuando ya está a cien o doscientos metros. En ese momento, alguno de los dos va hasta el muelle de la casa y le hace señas para que pare o si está ocupado, deja una bolsa atada al muelle para que lo espere.

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Es verdad que el surtido es limitado, pero tienen todo lo necesario para una comida sencilla. Una pequeña sección de verdulería con balanza (que sólo ofrece fruta y verdura de estación, muchas veces de la isla, rica y a buen precio), algo de carne para el asado, bebidas, golosinas, una sección de almacén (no le pidan granola Quaker pero sí galletitas de salvado o facturas), un pequeño surtido de fiambres (salamín y queso, sobre todo) y limpieza, espirales, velas, repelente, garrafas y todas esas cosas vitales en la isla.


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Con el tiempo, uno se transforma en cliente habitual y paga mucho menos, porque las lanchas suelen cobrarle más a los turistas que a los isleños. Además, resulta muy fácil conseguir una cuenta corriente como en los viejos almacenes, porque  saben en donde vive cada persona ¡Si paran en tu muelle!. Incluso podés dejarle un sobrino en el mostrador durante un rato, como hago yo, para que se entretenga, y te lo devuelven sano y salvo junto con la sandía y el carbón que compraste.

lancha almacen tigre delta

Esta lancha que ven en las fotos es “La Anita”, mi preferida, que recorre el río Capitán, Arroyo Toro y Andresito. Muchas veces nos han traído un Caladryl desde la farmacia de la estación de Tigre o un ramo enorme de albahaca para aprovechar las nueces pecán que ya estaban cayendo del árbol y pedían a gritos hacerse pesto.  Y todo de un día para el otro, mucho más rápido de lo que hoy en día tarda Coto para traerte un pedido.