La semana pasada fui, como les había prometido, a Smeterling, la nueva boutique de tortas de Recoleta de la que está hablando todo el mundo. El nombre de boutique, que a alguno puede parecerle ambiguo, en este caso le calza justo porque sólo tiene una mesita con dos sillones y una barra para comer algo rico mientras miramos cómo bañan tortas o rellenan alfajores de dulce de leche adelante nuestro. Aunque se puede y son bienvenidos, la idea no es ir a tomar el té ahí, sino pasar y llevarse algo para tomarlo en casa, tranquilos.

La vedette de la tienda son sus 18 tortas, creadas y diseñadas (digo diseñadas porque gran parte del atractivo es, justamente, el diseño) por Isabel Vermal. Vienen en dos tamaños: uno individual y uno normal, de ocho porciones, y cubren todo el rango de sabores dulces que se imaginen: desde un cheesecake liviano con arándanos hasta el mousse de chocolate más denso y cremoso que puedan imaginar. Además hay algunos dulces (macarons, cookies, alfajorcitos, vasos dulces, cakepops), té twinnings y café Illy.


Como éramos tres, pude probar bastantes cosas. Mi preferida fue una torta llamada Corazón de Velours, que debe ser una de las tortas más ricas que comí en la vida. Es indescriptible, pero para que se den una idea, es más o menos un corazón de chantilly de chocolate con leche (sabe como un mousse, no como la chantilly que conocen porque ellos usan cremas dobles, mucho más espesas) sobre un dacquoise de avellanas y un final crocante de cereales glaseados en chocolate.


La otra que me gustó mucho es el Postre blanco, que tiene un corazón de castañas en almíbar y nueces con biscuit de vainilla y coco completamente cubierto de escamas de coco de Tailandia.  Y para los más tranquilos, otra que me pareció una locura fue una tarta de peras williams rústica con crocante de azúcar rubia y avellanas que viene de una receta familiar de la dueña.

Otras dos cosas que hay que probar son los macarons que hace a mano, la dueña, porque es la única que sabe el punto ideal,  y los alfajorcitos de Azul (de masa sablé, con dulce de leche, clásicos) que también son la perfección. Los cupcakes no los probé, pero oí que tenían el mejor merengue del mundo. Habrá que volver y testearlo en persona. Yo, en ese momento, no podía comer nada más.

El café también es excelente y todos los meses, de acuerdo a las fechas que se aproximan tienen especialidades de estación. En Julio fueron vasos dulces con mousse de dulce de leche, en abril una torta-huevo de pascuas. Todo está hecho con chocolate belga y suizo y materia prima de la mejor calidad. Los mousses tienen crema 44% en vez de gelatina y la vainilla y el coco que usan es de Tahití y Tailandia. Y un capítulo aparte merece el packaging, que logra que las tortas lleguen a destino impecables, sin tocar el papel.

Los precios: $5 los macarons, $24 las tortas individuales, para darles algunos ejemplos, aunque en la web tienen la carta para chusmear qué más hay. Muy recomendado, voy a volver.