20.05.2016

Bajo Núñez, el nuevo polo gastronómico que asoma

En el extremo norte de la ciudad, entre la Avenida Del Libertador y el Ferrocarril Mitre, surge una nueva camada de restaurantes que moderniza el mapa gastronómico del barrio.


Desde que Palermo es Palermo y la gastronomía explotó llevándolo, por momentos, a un punto de saturación, comenzaron a crecer los barrios aledaños al principal polo gastronómico porteño. Almagro, Colegiales y Villa Crespo, por caso, levantaron vuelo propio con propuestas interesantes y atractivas. Allí encontraron su lugar cocineros que ofrecieron platos de autor (iLatina, Astor) y restaurantes étnicos y casuales, como Malvón, o La Crespo, por mencionar dos. Pero no solo en los alrededores de Soho y Hollywood florecen restaurantes originales. Veamos lo que ocurre en Núñez, en la frontera norte de la ciudad: allí, sin amontonar locales y preservando la calma en sus calles, el barrio recibe cada día más comensales, tanto de la zona como de otros puntos de Buenos Aires y del conurbano. ¿Las posibles causas de su alza gastronómica de la zona? Nuevas y modernas construcciones y el creciente número de empresas que mudan sus oficinas a las cercanías de Avenida del Libertador.

Tal vez hablar de un “boom” sea apresurado, pero la zona ya recibió su sobrenombre y ahora muchos hablan de “salir por el BaNu”, en referencia a un supuesto “Bajo Núñez”. Más allá de las definiciones, los siguientes son siete lugares que resumen el crecimiento de un polo en plena expansión, sin precios exorbitantes y, fundamentalmente, con cartas que atraen.

FRANCIS PLATZ
Es un día de semana, son las 19.30 y la esquina de 3 de Febrero y Quesada está llena de jóvenes de veinti-treintas. Vaso de cerveza en mano (hay happy hour de 17 a 20), conversan de pie o sentados en largas mesas comunitarias, que resumen la idea central de esta nueva hamburguesería: un lugar de encuentro, muy concurrido en el horario post jornada laboral. De su cocina a la vista salen ocho tipos de hamburguesas (todas a $80) con toques de distintas latitudes: está la Nórdica, con queso azul; o la Mexicana, con sardo, huevos revueltos, cebolla y panceta; aunque la Criolla es un tanque: trae provolone, salsa criolla y chorizo colorado. Ante semejante muestra de fidelidad carnívora, el público vegetariano con razón podría sentirse rechazado, así que para evitar cualquier denuncia por discriminación, también hay hamburguesas de soja. Papas fritas, cerveza artesanal (en ocho variedades) y jugos completan la oferta. 
Quesada 1892 / T. 3481-0886 

 

BODEGÓN NÚÑEZ
Antes de abrir, en junio de 2015, los comentarios de los vecinos de Núñez eran poco alentadores: en donde hoy se ubica Bodegón Núñez, ya se habían levantado otros restaurantes (Balthazar primero, el efímero Tino’s después) y, para todos, el destino había sido el mismo: bajada de telón y cierre. Contra todos los pronósticos, y a fuerza de tapeos, grandes milanesas y productos elaborados in situ, este neo bodegón se mantiene con viento a favor. En su carta, pensada por el chef Andrés Blasco (docente de IAG), están los imprescindibles de cantina, como la tortilla de papa o la mila napolitana para compartir ($165). Pero así como hay clásicos, también hay otros platos con sello propio, como los canelones de carne y champiñón con fondue de cebollas ($184) o el salmón con crema de camarones y espinaca ($209). Por las tardes, la vereda se torna muy receptiva para el picoteo de frutos de mar, papas bravas y los bocaditos de acelga, una grata sorpresa, especialidad de la casa.  
Arribeños 3198 / T. 4702 - 3650

 

LA REPUBLIQUETA DE ACRACIA
Un viejo caserón y una florería lindera tenían un destino casi seguro: convertirse en una torre con todas las amenities. Sin embargo, Juan Pablo Dorato se adelantó a cualquier negocio inmobiliario y el lugar se convirtió en un renovado restaurante, de 110 cubiertos, con vitraux, faroles clásicos y paredes de ladrillo de la antigua vivienda, con una barra completa, y una terraza amplia, para grupos o parejas. La carta, que apunta a la gastronomía porteña, también tiene influencias de la cocina mediterránea, representada en la entrada de pintxos ($168) y la tabla de mar ($170). Para continuar, y en porciones abundantes, se puede escoger la trucha al romero ($194); una lasaña de cordero muy sabrosa o, de la parrilla a leña, el bife de chorizo en reducción de Malbec con fritas ($202). La Republiqueta tiene además una carta de cócteles clásicos, se puede tomar vino por copa y los días de semana, al mediodía, hay menú ejecutivo a $135, con postre. 
O’Higgins 3574 / T. 4704 - 9206

 

NUÑEZ CITY GRILL
En las paredes y sobre unos estantes está la camiseta de los Lakers, unos muñecos de jugadores de la NBA y otros objetos decorativos made in USA. La impronta gringa del lugar termina de confirmarse al conocer las opciones de la cocina tex mex: sobresalen los tacos -de carne, pollo y mixtos con chilli- a 85 pesos, y las fajitas, el fuerte de la casa, con versión veggie incluida -zucchini y champiñones- a 90. Además se sirven variedades de hamburguesas caseras de 180 gramos (por $75 en promedio) y las infaltables costillitas de cerdo con barbacoa ($170). Para almorzar en la semana el menú del día incluye un plato, la bebida, el café y no supera los 115 pesos. Otro punto a tener en cuenta es su gran terraza, muy aconsejable para visitar con alguno de los tragos clásicos de la carta (oscilan entre los 55 y 70 pesos). Dato final: cuenta con servicio de delivery.
Manuela Pedraza 1810 / T. 4703 - 5024

 

HIPÓLITO LIVING CAFÉ
Hipólito funciona como bar hippie chic para jóvenes y como confitería para señoras que buscan tomar el té de las cinco. Ahí hay estudiantes, freelancers, parejas con hijos y también novios en sus primeros meses. Multitarget en su público, Hipólito también es diverso en su carta: para el desayuno o la merienda, podés tomar un té en hebras ($68) o una chocolatada ($36). Si buscás algo suculento, el brunch para dos (disponible inclusive en horarios que no son de brunch) trae tostadas con mermelada y queso, dos cuadrados de torta (lemon pie, cheesecake), medialunas, mini sándwiches y huevos revueltos, todo con dos infusiones de café ($350). Al mediodía, podés elegir entre hamburguesas, pizzas individuales o picadas (para dos, $260). La última incorporación al menú fueron los helados artesanales, suaves y con sabores auténticos. 
11 de septiembre 3102 / T. 4704-9036

 

OPORTO ALMACÉN
Pionero de la nueva generación de restós de Nuñez, Oporto es, además, un destino elogiado por varios motivos: tiene una vasta oferta de vinos, una preciosa terraza y una rotisería para llevarse a casa algunos tradicionales platos porteños. Por el lado de la cocina, a cargo de Tomás Di Lello, al mediodía hay clásicos, como la mila napolitana en tamaño generoso ($140), aunque también se pueden elegir pastas rellenas, como los ravioles de berenjena ($155). Opciones más livianas pueden ser las ensaladas y, sino, por $200 un menú de principal, bebida y café. A la noche se suman platos con más elaboración, como el magret de pato o el chivito con risotto de quinoa ($330). Respecto a los vinos, enumerar la lista abarcaría toda la revista; mejor es saber que el entrepiso de Oporto guarda más de 500 etiquetas, listas para llevar o beber ahí mismo. Revolucionario desde su apertura en 2013, su concepto y estética fue imitado por varios otros comercios gastronómicos de la ciudad.
11 de septiembre 4152 / T. 4703-5568

 

DE COPAS POR NÚÑEZ
Si en Belgrano ya estaban las buenas barras de Mad, Sálvame María y Puerta Uno, ahora la coctelería llegó a Núñez. Donde antes había un estudio de fotografía venido abajo, los arquitectos Ezequiel Hurtado y Pablo Medeot (los mismos de Crisol y BA Green) idearon un elegante speakeasy, con una ambientación en la que sobresalen los sillones Chesterfield y las mesitas bajas. Se llama Luz Mala es, casi se podría decir, un mini 878. El trago estrella es el Negroni Espresso Maestro ($90), que lleva un toque de Kahlua. El clásico cocktail, ahora con notas de café, no defrauda. La lista de tragos no abruma por su extensión, pero nadie podrá dudar de su originalidad. Otra recomendación, más frutal, es el Venerancia ($90), con ron, syrup de frutos secos, jugo de pomelo y vodka de mandarina. La carta de platos, pensada por el chef Martín Arrieta, tiene como protagonista al finger food (platillos entre 80 y 120 pesos), y se completa con ensaladas, dos principales -risotto a las gambas y bondiola a la cerveza negra ($110)- y tres opciones veggie. ¿Música? Miércoles y jueves va del jazz al funk, mientras que viernes y sábados los ritmos viran a la electrónica. 
Arcos 2950 / T. 3567-4232

 

Por Nicolás de la Barrera 

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