19.11.2013

Buenos Aires Cóctel: la nueva cara de las barras porteñas

La coctelería local se amplía y crece. En 2013, se sumaron speakeasies, barras de hotel aggiornadas y bares best buy, entre otras novedades. A continuación, 20 de las mejores barras de Buenos Aires.


Los bares de hotel se modernizan. Los bares ocultos se multiplican. Los bares de alta coctelería se afirman. Los bares de restaurantes afinan sus cartas. Los bares cerveceros mejoran su propuesta. Los bares de Buenos Aires surcan un nuevo camino con un carácter bien definido. En esta nota te ofrecemos un listado esencial para saber quién es quién dentro de cada rubro, una auténtica Guía T para tener siempre a mano cuando cae el sol.
 
AL AIRE LIBRE
A pocas semanas del verano, ya dimos inicio a la temporada de patio, balconcito y vereda. Y uno de los hits entre los bares con muchos metros descubiertos es Soria (Gorriti 5151, Palermo), que todos los findes convoca a una larguísima cola de gente sub30, hipster y canchera (impresionante la cantidad de personas que llegan en bici). Un dato a destacar es que, si bien se trata de un lugar con mucha movida y una barra que no para, la coctelería (si bien nada ambiciosa) es correctísima. En un pizarrón ofrecen a precio promocional ($45) un trago clásico y uno de la casa, como el exitoso Aperitivo Soria, de Cynar, tónica y naranja. Se puede comer tapas, pero sentarse en Soria tiene poca gracia: es un lugar para beber de parado, charlar con amigos o conocer gente.

Para una movida más ejecutiva pero igualmente veraniega, el Sky Bar del Hotel Pulitzer (Maipú 907) es una verdadera isla en el Microcentro, ideal para escaparse de la oficina y quedarse hasta que oscurezca. El fuerte de la carta son los gin tonics, con diversas variedades de gin (solían ser hasta ocho; desde que hay problemas con las importaciones, vale aclarar, la oferta se ha reducido). Los viernes a eso de las 19, en días lindos, suele estar en su pico, con DJs y una onda más up. El resto de los días es más tranquilo. 

SPEAKEASIES
El concepto de speakeasy, un bar escondido o al menos con entrada “discreta”, ya no es novedad en la ciudad: primero fue Ocho7ocho, luego Frank’s (ambos siguen abiertos y funcionan a todo trapo) y la oferta crece. Pero el desafío es cómo seguir sorprendiendo, cómo mantener el misterio ahora que los porteños ya entienden la idea. De la dupla detrás del 8, Julián Díaz y Tato Giovannoni, llegó este año Florería Atlántico (Arroyo 872): al igual que en su proyecto anterior, es un speakeasy en el que todos son bienvenidos. Gente de todos los estilos y edades llena el local cualquier día de la semana: jamás está vacío. El bar presenta una carta de tragos muy ambiciosa (de Tato, obvio), dividida por países: brillan la versión del Bloody Mary, en la sección española (“Mitaz Bloody Mitaz Gazpacho”) y los tragos a base de Príncipe de los Apóstoles, el gin elaborado por el propio Giovannoni. La comida es de parrilla y exquisita, con fuerte en carnes pero también algunos ricos platos a base de mariscos. Sin dudas, la gran apertura de 2013. No por nada la revista Drinks International lo ubicó en el puesto 35, entre los mejores bares del mundo.

De los dueños de Frank’s, en el mismo plan chic y exclusivo aunque menos bolichero, Harrison’s es el nuevo misterio de la ciudad, a metros de la esquina de Malabia y Costa Rica, Palermo Soho. Ubicado detrás de un restaurante de sushi llamado Nicky, el acceso en este caso es más complicado: no hay, como en Frank’s, una contraseña cuyas pistas se difunden en las redes sociales, sino que depende del boca a boca (y la voluntad de dejarte entrar de los encargados). Por dentro, el bar emula a la perfección el ambiente de los bares de los años 20, en plena Ley Seca. Todo es impecable y cuidado al detalle: desde los tragos de Seba García, hasta la música y la ambientación. Al igual que Frank’s, es para quien gusta sentirse parte de la movida más cool de la ciudad. Nomás andá preparado, la exclusividad se cobra (unos $85 por trago).

LOS INFALIBLES
Pocos negocios más volátiles que la gastronomía: por cada lugar que abre son varios otros que quedan en el camino. Y los bares no son excepción. No obstante, algunos resisten, a fuerza de un equilibrio entre una propuesta consistente y renovada, y se han convertido ya en clásicos. Tal vez ya no te sorprendan como cuando abrieron, pero sabés que siempre vas a beber bien. Ocho7ocho (Thames 878) es, desde ya, un ejemplo: manteniendo una carta amplísima de tragos de autor y un reparto grande de bartenders infalibles, además de una buena cocina, es una opción siempre efectiva. 

El otro éxito de largo plazo, un clásico de culto, es Doppelgänger (Juan de Garay 500): hace ya más de cinco años que Guillermo Blumenkamp colonizó el sur profundo de la capital con un bar con tragos potentes, creativos y correctos hasta la obsesión (si tratás de cambiar las proporciones de un Negroni o sacarle hielo al Old Fashioned te van a explicar que así no se toma). Este año agregaron el “Humpty Dumpty”, la posibilidad de diseñar tu propio trago con ayuda del bartender, ponerle nombre y volver a tomarlo cuando quieras. Armate el tuyo y acompañalo con una de sus famosas hamburguesas caseras, no te vas a arrepentir.

En su 15º aniversario, brilla y resiste el Gran Bar Danzón (Libertad 1161), algo así como el abuelo de los bares de tragos de esta época, que este año perfeccionó su propuesta gastronómica a fuerza de principales sofisticados y mucho sushi. La barra la comanda Ciro Tarquini, con una carta dominada por clásicos y algunas versiones sofisticadas de típicos tragos de boliche, como la sección de caipis. También, manteniendo vivo uno de los íconos del lugar, ofrecen una extensísima carta de vinos.

HOTELES CON TWIST
2013 fue, sin dudas, el año del cambio de look de los hoteles. La cabeza de esta movida fue el Four Seasons (Posadas 1086, Retiro), que (estrictamente a finales de 2012) se avocó a una renovación de toda su propuesta gastronómica. El resultado fue muy interesante, tanto por su restaurante Elena, como por su bar, Pony Line. La idea era devolverle a las barras de hotel, que habían quedado un poco anticuadas, el lugar que supieron tener en la noche porteña. ¡Y si lo habrá conseguido Pony! Una carta de tragos donde se destaca la sección de tererés: tragos de mate que se sirven en jarritos tipo julep con un coladorcito de metal con bombilla incorporada, y que podés ir cebando mientras bebés. El precio del cocktail ronda los 65 pesos. Complementan un menú de comida sencilla pero excelentemente ejecutada (“el mejor sándwich de milanesa de la cuadra”, gustan de vanagloriarse) y un ambiente joven y canchero, donde no importa si no sos famoso o no estás vestido de gala, te tratan como un duque: no puede fallar.

El Artesano (Suipacha 1036) va en esta misma línea, pero en este caso se trata de la barra de un hotel nuevo, el Alvear Art, una versión un poco más joven y moderna del clásico Alvear Palace. Se trata de un bar sencillo, más clásicamente hotelero que el Pony, y la carta definitivamente le hace un guiño a esa mística: diseñada por Tato Giovanonni, incluye tragos de la autoría de bartenders de la “era de oro” de la coctelería argentina (entre las décadas del 30 y del 60), como Pichín Policastro, Enzo Antonetti y Eugenio Gallo. También hay algunos tragos de autor, un poco más complejos pero igual de efectivos, como el Café Porteño (whisky, nespresso, bitter de cacao, terrón de azúcar). El precio de un cóctel ronda los $85 y hay opciones de finger food para maridarlos.

RESTAURANTES
Ya no es novedad que la frontera entre restaurantes y bares es a veces difusa: los bares sofistican sus propuestas gastronómicas y los restaurantes se proveen de botellas interesantes y movida nocturna. Fue el caso de Leopoldo (Cerviño 3732), por ejemplo, que incorporó al bartender Carlo Contini (ex Prado y Neptuno), para crear una carta con guiños a la coctelería italiana (uno de los pocos lugares donde sirven tragos como el Cardinale, primo del Negroni a base de gin, vermouth dry y Campari) para maridar con su gastronomía de influencias orientales y europeas. Los fines de semana hay DJ y suben la música después de las 23.

En 2013 el reconocido Chila (Alicia Moreau de Justo 1160) cerró por tres meses para reabrir sus puertas completamente remodelado. Los platos creados por Soledad Nardelli ahora hacen claro foco en los productos autóctonos, cuyo origen se detalla en la carta. Siguiendo esa línea localista, la nueva barra del restaurante de Puerto Madero contiene una larga sección de “tragos porteños”, que incluye clásicos como el Coloradito (Campari, vermouth dry y twist de limón) y homenajes como el Galante (ron, vermouth dry, kirsch y cereza marraschino). El ambiente es high end, pero distendido y amable, ideal tanto para una comida de negocios como para una cena romántica frente al los diques.

También, luego de un cambio de dueños, se renovó completamente Sucre (Sucre 676): además de cambiar toda la carta de principales redobló la barra, con tapas y tragos muy ambiciosos y bartenders expertos, comandados por Nicolás Castro (para no perderse su variante de Bloody Mary, que es ¡verde! gracias al “jugo verde misterioso” que Nicolás combina con vodka, tabasco, sal y limón). Al igual que en Leopoldo y Chila, si bien la comida es más bien cara, los tragos y las tapas están a precios similares a los de bares como Ocho7ocho o Florería, permitiendo que una nueva clientela se acerque en horario post cena.

BEST BUY
El furor de la coctelería implicó una ampliación importante del mercado y, consecuentemente, una segmentación: los tragos ya no son solo para la gente que puede darse un lujo, sino también para quienes tienen ganas de experimentar sin necesidad de gastar $200 en una noche. A este nuevo público están dirigidos lugares como Duarte, Verne Club y Rey de Copas.

A cargo de los hermanos Bertero (Agustín, en la barra, y Juan en la cocina), Duarte ofrece tragos que rondan los 40 pesos y jarras para compartir a 80, además de una carta de tapas y principales caseritos y económicos también (imperdibles los ñoquis de batata con estofado y las papas Duarte). Sobre la barra, comandando el lugar, hay una pizarra explicativa de la coctelería más clásica, lo que habla de una intención de educar a un público neófito; sin embargo, algunos sencillos y súper efectivos tragos de autor, como el Lila (gin, ciruela, naranja, menta y azúcar) y el Barbosa (Jameson, manzana, lima y gotita de Jäger) se han vuelto hits entre la creciente clientela, en general sub30, canchera y ligeramente bohemia. Queda en Palermo: Godoy Cruz 1725.

El concepto de Verne Club (Medrano 1475), que abrió este año, es bastante ambicioso: en homenaje a Julio Verne, la parte central de la carta recorre La vuelta al mundo en 80 días. El hit es el Opium Fashioned, invento del bartender Federico Cuco, una variante de Old Fashioned con humo de eucalipto que perfuma el local todos los viernes y sábados. También hay una sección de tragos argentinos a base de aperitivos que va a andar muy bien en el verano, y degustación de absenta y de whisky. El toque décontracté lo da la comida: informales picadas y panchos (ahora también de soja para los que buscan opciones veggies). El público es mixto, la música retro.

Finalmente, Rey de Copas (Gorriti 5176) recorrió un camino extraño. Abrió el año pasado como un bar y restaurante que pintaba más bien paquete y tuvo un comienzo accidentado, con su chef top y sus dos bartenders de salida a poco de inaugurar. Pero cambió de rumbo gracias a los happy hours y promos en un lugar muy amigable donde tu dinero vale. En una de las locaciones más bonitas de la ciudad, una casa antigua poblada de obras de arte (al estilo de Milion, pero sin jardín, aunque con techo corredizo), Martín Vespa (ex Soria) sirve tragos clásicos y de autor, incluyendo algunos muy logrados como el Tango Manhattan (whisky, vino especiado y Punt e Mes) o el Marrakesh Julep (base de brandy soberano añejo, syrup de menta especiado, bitter de naranja y canela), que suelen salir en dos por uno. Además, los miércoles hay descuento en mesa de chicas. 

FASHION 
Entre los lugares para ver y ser visto, uno que ya tiene unos años es Isabel (Uriarte 1664), que sostiene su propuesta más disco que bar, pero con coctelería y gastronomía de alta gama. Si lográs atravesar la política de puerta (ponete lindo y sacá tu mejor cara de celebrity), Lucas Dávalos te deleitará con alguno de sus tragos (no siempre están en carta, vale la pena acercarse a charlar con él) o con cualquier clásico perfectamente ejecutado, cosa no menor en un lugar así de exclusivo, que podría limitarse a servir champagne. 

Lupita (con locales en Las Cañitas, Puerto Madero y el más nuevo en Palermo) viene pisando fuerte con una clientela menos jet set. La idea es más bien refrescante, en uno de los pocos locales que pone a la cocina mexicana en primer plano y que lleva ese concepto a la coctelería: vale la pena regar tus quesadillas con un refrescante Chido, a base de tequila, lemongrass, cilantro y agua de peras, o con algunas de las reversiones del tradicional Margarita. Se pone a partir de los jueves, y la onda es súper relajada, similar a la de Soria, perfecta para conocer gente.

AFTER OFFICE
Para los que se cansaron de la clásica oferta de after office (cerveza y papas fritas), 2013 llegó con nuevas opciones. Una de las más exitosas, la apertura de BASA (Basavilbaso 1328), de los dueños del Danzón (con el heredero y eximio bartender Ludovico Di Biaggi a cargo), que en un local enorme muy estilo Los Ángeles combina una excelente cocina con una carta original de tragos: muchos almíbares y no más de tres o cuatro ingredientes. Se destacan el Moscow Mule (vodka, lima, ginger beer, almíbar y soda) y The Blinker (Jim Beam, almíbar de frambuesa y pomelo) y, para picar, la sartén de hongos con huevos, aceite de trufa y brioche. Los precios son razonables, particularmente en los tragos, que rondan los 50 pesos.

El que definitivamente despegó y dejó de ser un secreto a voces es Dill & Drinks (San Martín 986), el bar bistró comandado por Juan Sebastián Ruiz, a pocos metros de Plaza San Martín. Se hizo célebre su promo de tragos y tapeo para dos, ideal para las siete de la tarde. Y si te quedás hasta más tarde, podés probar una deliciosa sopa crema o uno de los principales que cambian todos los días (la especialidad son los pescados y mariscos). Juanse le sumó a esto un ficherito donde los clientes arman sus recetas de Negroni preferidas (un juego similar al Humpty Dumpty de Doppel), una propuesta que suma en calidez y consolida clientela. 

CERVECEROS
Finalmente la birra, que se reinventó luego de un tiempo en el que fue un tanto relegada del mundo gourmet. Hoy los amantes de la cerveza tienen muchísimos espacios para sofisticar sus consumos. El pionero y aún hoy el más conocido es Antares, cadena originada en Mar del Plata, cuya sucursal de Palermo en Armenia 1447 (tienen otra en Cañitas) congrega muchísimos adeptos todos los días a partir de las 20. El punto fuerte son las cervezas de su propia marca, ideales para principiantes que recién salen de las etiquetas masivas (el orgullo de la casa es la Scotch, roja estilo imperial). Los precios son más que amables: con una pinta (dos medias si sos de tomar despacio para que no se entibie) y compartiendo unas tapas, no deberías gastar mucho más de $120. Eso sí: si querés ir un jueves o viernes, reservá. Y si no te gustan las multitudes, huí.

Si ya tenés el paladar entrenado y querés profundizar, la opción es Cervelar, con tres sucursales en la ciudad (Microcentro, Belgrano y Caballito). La carta apabulla con más de 120 variedades, incluyendo 40 importadas y muchas locales poco conocidas: entre ellas, la Kraken, de excelentes ejemplares provenientes de una pequeña fábrica de San Telmo. Para acompañar hay picadas y tapas (desde cazuelas de salchichas hasta boquerones). Nada descollante pero más que aceptable. A diferencia de Antares, un lugar eminentemente nocturno, Cervelar abre temprano y es lunch friendly. 

Por Tamara Tenenbaum

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