03.07.2018

Cómo es Narda Comedor, el restaurant de la chef más famosa de la Argentina

Tras 17 años sin estar al frente de un restaurant, Narda Lepes volvió con una gran apuesta en el Bajo Belgrano; lee la nota y conocé nuestra reseña.


La apertura de “Narda Comedor” fue la más esperada de 2017. Ansiada por personas tan disimiles como los integrantes del mundillo gastronómico, los foodies y hasta los cholulos que estaban intrigados por conocer el restaurant de la jueza de Masterchef.

Hoy, a seis meses del debut, se puede asegurar que la intriga era innecesaria, ya que Narda Comedor es como Narda Lepes. Lo que siempre pregonó está plasmado ahí; es la bajada a lo concreto de su concepción sobre la cocina: protagonismo del producto, cuidado de la materia prima, variedad de ingredientes, estacionalidad, etc.

Todo es claro, en sentido literal y también abstracto. El local -diseñado por el celebre Horacio Gallo- es super net, todo blanco, bien luminoso y con la cocina abierta. Solo las sillas y las mesas -que combinan madera clara y metal- aportan la cuota de color a ese fondo blanco Ala que invita a relajar la mirada.

Gallo y Lepes lograron crear un ambiente que transmite a la perfección la idea de un comedor -un lugar para comer al paso, sin detenerse en detalles decorativos-, pero que a la vez es acogedor y chic. 

De la cocina a la mesa

El servicio, otro de los pilares que marcan la reputación de un restaurant, merece un reconocimiento, ya que es muy poco frecuente en el mapa gastronómico porteño. Todo el personal, desde el que está en la barra hasta el que atiende el salón, tiene un profundo conocimiento de la carta, saben de dónde viene cada producto, por qué se lo eligió, cómo se cocinó el plato, cómo se vincula con la filosofía del lugar y, por supuesto, transmite todo eso con mucha dedicación y amabilidad. Es más que un servicio correcto, es un servicio informado, pero no desde un lugar asimétrico -el que sabe y el que no- porque esa información no se transmite como un speech sino que da inicio a una charla, a un intercambio porque la comida también es una cuestión social y ese aspecto, en Narda Comedor, no se descuida.

La carta, además, está pensada para compartir. Los platos vienen en dos tamaños chico y al medio, que sería como una porción y media. Para dos personas que comen bien, dos chicos y uno al medio es más que suficiente o cuatro chicos si la idea es comer más variado.

 

Verde que te quiero verde

Narda hizo algo disruptivo, eligió poner vegetales enteros en el menú, como puede ser un akusai o una lechuga con un huevo cocido a baja temperatura, y le dio a “las plantas”, como las llama, el status que hasta ahora solo tienen las carnes en la dieta argentina.

Más allá de ese gesto -que les sirvió a sus detractores para criticarla-, todos los platos de la carta poseen, como mínimo, un 50% de vegetales. Pero a no confundirse, leer “palta que lo parió con queso halloumi” ($270) -una reinterpretación del plato que hizo en Masticar- no significa que llegue a la mesa una palta abierta al medio con queso derretido por encima. Por empezar, se eligen los vegetales cuando están en su esplendor, de proveedores que cuidan el producto y luego ese mismo cuidado se traslada a la cocina: hay técnica y detalle. 

 

Tampoco falta la carne, por supuesto, es que, quien conoce a Narda, sabe que eso de poner determinados grupos de alimentos en la lista negra no forma parte de su filosofía.

A comer

Los platos se nutren de su vida pasada de cocinera nómade y tienen un poco de la cocina nipona, otro del Medio Oriente, algo mediterráneo y varios etcéteras.  

El menú se propone, además, como una “Venganza de los nerds”, ya que se revalorizan productos relegados, como la polenta, el repollo o las legumbres. 

Para arrancar, vale un plato que ya se consagró como un clásico de la casa: “Cebolla, crema de papa y jugo de carne” ($260), un puré super cremoso para mezclar con una sabrosísima base de caldo y cebolla glaseada.

El Medio Oriente llega con el “arais de cordero crocante recién hecho” ($330), rodajas de un pan crujiente y fino que encierran carne de cordero picado bien fino, todo cubierto con una salsa de yogurt de leche de búfala, pickles de rabanito y hojas de perejil y cilantro; una combinación de sabores y texturas que explotan en el paladar.

Ideal para este invierno, el plato al medio de poutine, hongos, bife de pastura, fondo, papas crocantes y provenzal ($460); sale en el punto justo de cocción y es super sabroso y abundante.

Narda Comedor es apto para familias, hay menú wachines que trae “un poquito de cada cosa” ($120) y sillas altas para bebés. Además, la amplitud del salón es amiga de los cochecitos. Y También es “canchero” para almorzar, merendar o cenar con amigos.

Ir a comer a lo de Narda es caro, sí, pero al conocer la propuesta en detalle, los precios se justifican y la cuenta ya no es dolorosa. Si el bolsillo está flaco, vale la pena visitarlo, aunque sea para tomar una rica merienda, ya que las premisas se mantienen: producto fresco, de estación y mucha presencia del mundo vegetal -frutas, verduras, etc.-

Dónde:
Sucre 664, Belgrano.
Martes a domingo de 8.30 a 23.30

Por María Paula Bandera. 
@paubande

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