02.08.2010

Confiterías retro: 8 lugares donde comprar locatellis, fosforitos y tortas borrachas

En esta nota, locales que detrás de estética demodé, guardan algunos de los mejores ejemplares de panadería y pastelería.


Triples de pavita, cerezas al marrasquino y merenguitos en decoraciones rococó. La verdadera repostería de la abuela no está en las nuevas y modernas casas de té, sino en las confiterías de antaño, esas en las que las señoras coquetas compraban un kilo de masas para tomar el té con amigas. Salimos a recorrer las confiterías con historia, aquellas que fueron sinónimo de refinamiento y distinción, y descubrimos que detrás de una ambientación anticuada, se esconden delicias dignas de ser probadas.

1. Santa Paula

Aunque de espacios de reducidos, la confitería Santa Paula no ahorra en objetos grandilocuentes: una escultura dorada del David en miniatura convive con pequeñas palmeras artificiales y columnas romanas en tonos bordó. El roble domina el local y las vitrinas despliegan una variedad de tortas decoradas con abundante crema, cerezas y merengue triturado. Con más de 60 años de historia, la “de la casa” es una delicia de bizcochuelo de vainilla, duraznos, crema y frutillas. Atención a los sándwiches de miga bien frescos, especialmente, los de roquefort y apio. Para antojados de rosca, la de nuez y almendras es irresistible.
(Scalabrini Ortiz 3154, Palermo)

2. Quebec

El dorado es sinónimo de glamour de antaño en cualquier confitería que se precie. Y la confitería instalada desde 1964 en la esquina de Callao y Arenales no iba a ser menos. Con una caótica exposición de bocaditos dulces y salados, y tortas como la Selva Negra borracha con picos de chocolate, firuletes de crema y cerezas al marrasquino. Hay postre Balcarce, torta de ricota y un intento de modernización con budines de coco y dulce de leche. A la hora del salado, memorable la torta rusa y los pletzalej. Lindas mesitas para sentarse y tomar un té con masas. Dato de color: Rolo Puente es un cliente habitual.
(Avenida Callao y Arenales, Recoleta)

3. El Greco
Hoy convertida en un clon de tantos otros pizza-café, la confitería más tradicional de Caballito continúa ofreciendo sus tortas de siempre como la babaroisse de almendras y frutillas, y el soufflé de limón y ricota. Las masas ocupan el centro del amplio local espejado con detalles de vidrios esmerilados y tapizados en tonos bordó imperiales. Abundan las masas finas frutales con rulos de crema chantilly. Tienen productos ya envasados: pan dulce, bombones con ositos de regalo y alfajores. Las especialidades saladas del servicio de lunch y cocktail no se dejan opacar: irresistibles los abundantes canapés de palmitos y salsa golf y los de salmón ahumado y camarones. ¿El toque de modernidad? Tiene wi-fi.
(Avenida Rivadavia 5353, Caballito)

4. La Esmeralda

Inaugurada en 1935, La Esmeralda conserva un estilo clásico, señorial y de buen gusto: vitrinas de madera oscura y un empapelado con arabescos en tonos verdes y grises y detalles dorados. El local tiene un salón para tomar el té con masas y fosforitos. Entre sus recetas más antiguas, está la del postre Gallardo (merengue relleno de crema chantilly con durazno, ananá y  frutilla cubierto por frutillas y medallones de chocolate) y la de las masas venecianas con simpáticas caritas de animales de azúcar. Para probar algo salado: los mini strudels de panceta y queso gruyere.
(Avenida Juramento 2123/25, Belgrano)

5. Vicente López
Las medialunas de grasa son la especialidad de esta confitería, aunque hay que probar también la verdadera torta vintage en forma de cono nevado con azúcar impalpable y una cereza al marrasquino como detalle de color. Adentro, es un bizcochuelo borracho con dulce de leche, nueces, crema, merengue, marrón glacé, duraznos y ananá. Las vitrinas de roble exponen cientos de modelos de cajas de bombones con osos de peluche incluidos. En el café de la esquina, hay muffins, mini tarteletas y combos de té abundantes para compartir. El estampado animal print de las camisas violetas de las vendedoras necesita un rediseño urgente.
(Avenida Maipú 701/707, Vicente López)

6. Las Violetas

Con 125 años de historia, esta confitería se mantiene fiel a su estilo. El dorado, el color champagne, las tonalidades en bordó y los espectaculares vitreaux ofrecen una composición de lugar que transportan a la época de esplendor del salón de té en la década del 50. La tradicional bandeja María Callas viene con una selección de productos de elaboración artesanal: tostados, fosforitos, masas finas frutales, porciones de Selva Negra, alfajores de maicena, chips de jamón y queso, arrolladitos de dulce de leche y budines repletos de frutas secas. Las tortas, especialidad de la casa, son puntillosas en sus decoraciones con rulos de chocolate, firuletes de crema chantilly, cerezas al marrasquino, frutillas fileteadas y merengue flambeado o triturado.
(Avenida Rivadavia 3899, Almagro)

7. La Exposición
Ocupa una de las esquinas más paquetas de la ciudad (Juncal y Libertad). Si bien su aspecto parece venido menos, nunca perdió su reconocida fama en la elaboración de productos de confitería. Aquí, las especialidades son varias. Los sándwiches de miga tienen una amplia variedad de ingredientes para elegir. La crema pastelera es la gloria de la tarta de frutillas y las facturas vienesas de manzana se agotan antes del mediodía. Para destacar: todas las tardes, se reparten canastos con pan del día a personas carenciadas.
(Libertad 1299, Recoleta)

8. Ritz
La confitería Ritz es el imperio de los sándwiches de miga. El pan es fresco y bien aireado. Los rellenos son multitud: de palmitos, de atún, de salmón, de jamón crudo, de queso, de lechuga, de huevo, de pavita y hasta de durazno, entre otros. Todos se pueden combinar entre sí. Lamentablemente, el toque de distinción del nombre (que remite al hotel parisino famoso por su refinamiento y perfección) no coincide con la ambientación de vitrinas y mesas baratas. Los productos son de buena calidad, aunque la abundancia de detalles decorativos confunde. En cuanto a lo dulce, la torta Mil Hojas asegura una presentación sobria y un sabor delicioso.
(Avenida Federico Lacroze 2425, Belgrano)

por Cecilia Acuña

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