17.03.2017

Escapada foodie por Montevideo: dónde comer al otro lado del río

Desde chivito hasta platos franceses preparados con productos locales y técnicas culinarias modernas, la capital de Uruguay ofrece variedad gastronómica para deleitarse durante un fin de semana.

Foto Wikimedia

Poco más de 200 kilómetros en línea recta separan a Buenos Aires de Montevideo, una ciudad tranquila y armónica, nutrida de vida y repleta de atracciones que vale la pena conocer: desde el coqueto Teatro Solís hasta el glorioso Estadio Centenario, pasando por el Mercado del Puerto, el parque Rodó y la Rambla, orgullo charrúa que permite disfrutar del Río de la Plata en todo su esplendor.

La cercanía y la comodidad de la capital uruguaya la convierten en la urbe ideal para una escapada de fin de semana largo o simplemente para respirar un aire diferente durante 48 horas. La calidad de sus carnes, verduras, frutas y lácteos, la aparición de restós que buscan romper con la tradicional y las parrillas de siempre, el dulce de leche y el Tannat, así como el típico servicio de primera convierten a Montevideo en un destino perfecto para un gasto tour. Cruzamos el charco, probamos de todo y te damos ideas para que armes tu propia agenda foodie. 

DESPUÉS DE AMANECER
Para empezar la jornada de paseo con el pie derecho es fundamental un buen desayuno. ¿Y qué mejor que uno de hotel? El del Sofitel Montevideo Casino Carrasco & Spa. Se sirve en el Restaurante 1921, un hemiciclo con ventanales gigantescos que miran al Río de la Plata y combina lo local con un toque francés. Incluye café de french press y espresso, canasto con viennoiseries y baguetín para chuparse los dedos, smoothie del día, jugo de naranja y un buffet imperdible con frutas de estación, yogur, patisserie, fiambres, quesos y platos calientes, además de opciones a la carta: “hay que probar el Huevo Benedictino, es lo que más se pide y lo que más vamos a aconsejar”, recomienda el chef ejecutivo Kaywa Hilton. Esta comida brinda la excusa perfecta para recorrer Carrasco, una de las zonas más coquetas de Montevideo. El barrio fue trazado a principios del siglo pasado por el paisajista francés Carlos Thays. Por la Av. Arocena, eje central del barrio, se pueden descubrir casonas que dejan sin aliento, mientras que en Rostand el paseo es por tiendas y comercios.



Las primeras horas del día son una buena exclusa para caminar por Palermo, barrio que durante el siglo XIX fue residencia de inmigrantes italianos, y que hoy es centro de actividad durante el Carnaval porque allí tiene lugar el Desfile de llamadas, fiesta popular con comparsas y candombe. Sí, también hay comida y de la buena. Entre los edificios de fachadas antiguas se encuentran dos de los mejores spots montevideanos para brunchear los fines de semana: Candy Bar y Cebollatí.


En un pequeño local de esquina en el que destaca una barra antigua y repleta de bebidas se puede disfrutar del exclusivo brunch de Candy Bar. Exclusivo no por el precio, que es muy amigable, sino porque sus mesas están repletas los domingos de 12 a 14 horas. ¿La estrella? Los panqueques esponjosos cubiertos con frutas de estación y bañados con syrup, ideales para acompañar con un buen café. A pocas cuadras, en un callejón empedrado está Cebollatí 1326, con un formato bien hipster de brunch-lunch self service en un ambiente ecléctico donde una mesa de pool ocupa el centro del salón. No hay carta fija, sino que hay que acercarse hasta la gran mesa manejada por el chef Martín Sanjinés para buscar los tres pasos: el primero incluye variedad de platos con verduras, quesos y proteínas, fiambres y diferentes tipos de panes; un principal que va desde huevos revueltos hasta una carne y el postre, del que destaca una carrot cake de ensueño. Sale con jugo o licuado, aguas frutales y cafecito.


Facebook Candy Bar Palermo

DE PASEO POR EL CENTRO
La Ciudad Vieja es un must stop en cualquier recorrido por Montevideo. En sus cuadras alberga al casco antiguo, a los edificios gubernamentales, a museos y galerías de arte, al puerto y, por supuesto, múltiples spots para comer tras conocerla, como el imperdible Mercado del Puerto cuyos orígenes se remontan a 1836. Repleto de puestos, brinda opciones bien tradicionales que hablan del pueblo y la cultura charrúa: parrillada, pescados, empandas y vino. Música, charlas intensas y aroma a carne completan la escena en que el turista se ve obligado a sumarse, ya sea en una de las barras frente al asador o en las mesas del centro del edificio.

Es también en la Ciudad Vieja donde viven proyectos de cocineros jóvenes que, sin dejar de lado los productos locales, buscan escapar de lo tradicional y servir sabores renovadores. Los ejemplos sobran. Entre ellos está Jacinto de Lucía Soria, discípula de Mallmann, que abre sus puertas con platos simples y bien frescos, con panes caseros (ineludible pedir uno para llevar) y bocados dulces ideales para acompañar un buen café. Otro representante de esta tendencia es Santé Café & Cocina, con una propuesta concreta donde todo es homemade “si pudiese haría mi propia harina”, confiesa Irene Del Ponte, una de las encargadas del desarrollo. Allí,  los platos son bien sabrosos, desde el principio hasta el final de cada almuerzo (no se puede salir del local sin probar la crema cítrica caramelizada sobre bizcocho de oliva, almendras y sorbet de manzana) y durante el brunch buffet de fin de semana, que es un boom. 


Facebook Santé

CAE LA NOCHE
Luego de una jornada completa de city, resta algo muy importante: la cena. Como durante el resto del recorrido gastronómico, la selección es heterogénea: desde un chivito con un buen pedazo de lomo acompañado con cerveza en alguna de las sucursales del clásico restaurante La Pasiva hasta una cena elegante en el Restaurante 1921 del Sofitel.

“Los platos están preparados con productos de estación típicos de Uruguay pero con texturas y técnicas novedosas. No intento cambiar lo que se come sino cómo se lo come. Busco hacer una cocina como la de Francia, pero acá”, explicó a Planeta Joy Kaywa Hilton, un brasilero de 26 años que, luego de trabajar durante 7 en restaurantes de estrellas Michelin en París, se hizo cargo de la cocina del Sofitel hace pocos meses. Platos como las vieiras gratinadas en queso colonia con mousseline de calabaza con avellanas o la corvina negra perfumada con lavanda, texturas de coliflor y caviar de Río Negro, son excelsos ejemplos de la visión del chef. El final de la cena llega en carro. Tanto el de quesos con mermeladas caseras como el de pequeños postres, muestran el ADN del establecimiento. Prohibido dejar pasar el chariot sin pedir un  macarrón relleno con dulce de leche. 


Facebook Sofitel Montevideo Casino Carrasco & Spa

Los vinos uruguayos merecen un párrafo aparte, ya sea que se prueben al mediodía o a la noche, en la Ciudad Vieja o en Carrasco. Al ya clásico Tannat y a los blancos suaves, se le suma el refrescante Tannat rosado, un must durante un viaje gastronómico por Montevideo. Para probar un poco de cada uno, nada como el Wine Flight del Restaurante 1921, que incluye tres copas de un maridaje exclusivo a cargo de Federico de Moura, sommelier del hotel y uno de los mejores de Uruguay. Su atención, como la de todo el personal del salón, hacen que el mimo de antes de ir a dormir sea un completo lujo. Un lujo como todo el viaje por esta entrañable ciudad.



DÓNDE ALOJARSE Y CÓMO LLEGAR
El Sofitel Montevideo Casino Carrasco & Spa es la mejor opción para hospedarse durante un viaje foodie pues ofrece servicio de primer nivel y una sofisticada oferta culinaria desde hace más de un siglo. El majestuoso palacio de estilo francés fue inaugurado en 1921 y se convirtió al instante en el spot de veraneo y de encuentro de la aristocracia local y porteña. En 2009, comenzó el proceso de restauración, que tomó 400 días, con el que recuperó la elegancia de sus orígenes sumándole los servicios de lujo propios de la cadena Sofitel. El restaurante, el lobby y las 93 habitaciones y 23 suites son verdaderas obras de arte con puertas, muebles y esculturas originales, que combinan a la perfección con las comodidades del siglo XXI. Pero eso no es todo. La experiencia en el hotel se completa con el casino y el spa del que se destaca la piscina in/out de mármol marrón con toques grises y el único hamman de la ciudad.



Montevideo siempre estuvo cerca, ya sea vía terrestre, aérea o acuática. La más rápida es el avión: los vuelos entre el Aeroparque Jorge Newbery y el Aeropuerto Internacional de Carrasco tardan entre 30 y 40 minutos y varias aerolíneas realizan el viaje. Por ruta, son 600 kilómetros y la duración del recorrido depende si es en automóvil particular o en alguno de los ómnibus que sale desde Retiro hasta la prolija terminal Tres Cruces. Otra opción es el viaje en ferry en Buquebus, Seacat Colonia, Colonia Express o Cacciola. Hay viajes directos hasta la capital uruguaya o hasta Colonia del Sacramento o Carmelo y el tramo restante se hace en colectivo.

Por Mercedes Spinosa


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