02.09.2013

Fiestas gastronómicas bonaerenses: banquetes de tierra adentro

En la Provincia de Buenos Aires se celebran más de 80 festivales gastronómicos en los que cada localidad rinde tributo a su alimento típico. Historias y curiosidades de los festines más convocantes.


Las organizan agrupaciones tradicionalistas, municipios o vecinos con vocación de parranda. Hay de todo: reivindicativas de un legado de la inmigración, promocionales de una marca turística o meramente celebratorias sin coartada. Las fiestas gastronómicas de los pueblos bonaerenses rinden tributo al producto típico o a la actividad económica que los identifica.

Pero estos homenajes, a veces, suelen oficiar tan solo de señuelos de una verbena común y silvestre. Con mayores o menores atributos para la cocina, abarrotan el calendario con un menú de platos macerados en folklore de alta rotación e imaginería telúrica.

En 2013, más de ochenta localidades celebraron o bien tienen programadas galas culinarias para todos los gustos. En la mayoría de los casos, las fiestas trascienden a los lugareños. Vecinos de comarca y turistas de todo pelaje son atraídos por la promesa de manjares a precios asequibles y un cartel que, en función del presupuesto, se nutre de leyendas o sucedáneos. El baile y un espíritu de kermesse de vieja escuela se entreveran para tentar a un público multitarget dispuesto a dibujar una chacarera con el estómago feliz.
 
Fiesta Nacional del Salame Quintero / 6 al 8 de septiembre, Mercedes. La ciudad emblema del chacinado artesanal está a sólo una hora de la capital y su fiesta aumenta cada año su poder de convocatoria a base de un menú de embutidos premium y números musicales de radio fórmula. En el medio, carreras de cerdos y de sortija, elección de la reina del salame y otras delicias. El Director de Turismo, Marcelo Melo, recomienda el asado, las pizzas y “por supuesto, una picada con salame quintero, bondiola, queso de chancho y jamón crudo”.

Fiesta de la Picada y la Cerveza Artesanal / 13 y 14 de octubre en Uribelarrea (fecha a confirmar).

Más allá de los peces gordos de la industria musical que revistan de gancho, esta fiesta se nutre de medio centenar de productores de fiambres, quesos, chacinados y cerveza artesanal. La municipalidad de Cañuelas organiza el encuentro a total beneficio de las instituciones de Uribelarrea. Núcleo lácteo de la provincia, también se puede degustar quesos regionales y sándwiches de fantasía.   

Fiesta Provincial del Dulce de Leche / 9 al 11 de noviembre, Cañuelas. Esta localidad tiene status de “Cuna Nacional de la Industria Lechera”, a instancias de hospedar a La Martona. Hay dulce de leche hasta en la sopa -50 marcas el año pasado- en los stands de una carpa que semeja una mini Rural. Pero no hay peligro de coma diabético. Hay grandes parrillas para morigerar los efectos de la cata de sirope de vaca. Incluyen bandas de rock como Los Auténticos Decadentes o Bersuit, una apuesta que en estos marcos sabe a experimentación de riesgo.
 
Fiesta Nacional de la Corvina Negra / 22 al 25 de noviembre, San Clemente. Desde el año pasado, la organización corrió la celebración hacia noviembre para coincidir con la fiesta del patrono del balneario. Miles de visitantes son agasajados con un cortejo de corvinas a la parrilla en las instalaciones del Vivero Cosme Argerich, mechado con espectáculos musicales mainstream –el año pasado cantó Marcela Morelo–, concursos de pesca y el clásico de todo infierno grande: la elección de la reina nacional, en este caso, de la susodicha pesca barbuda.

Fiesta de la Omelette Gigante / Primer domingo de diciembre, Pigüé. Los primeros huevos se rompieron en 1999, cuando llegó a esta localidad una delegación de una agrupación tradicional de Bessières, impulsora de esta celebración en Francia. La versión local, la Cofradía Mundial de los Caballeros de la Omelette Gigante de Pigüé, se encargó de gestionar esta oda a la cocina gala y consensuó programarla en coincidencia con la fecha fundacional de la ciudad bonaerense.

El rito comienza con medialunas y chocolate por la mañana. Tras la misa y el desfile, el acontecimiento principal: una omelette que este año será de 16.000 huevos, cien kilos de jamón, cebolla de verdeo y perejil. El plato es confeccionado en una sartén de 4,30 metros de diámetro, según se entusiasma Silvia López Pomies, de la organización.

El revuelto alimenta en forma gratuita a unas 7000 personas por edición, que lo digieren mientras escuchan a popes vintage de la música melódica o revoleadores de ponchos. Para acompañar, mulitas, choripanes y vaquillona al spiedo. La buena vida a la vieja usanza. A 20 minutos de coche de allí, también vale la pena untar el pan cada febrero en la Fiesta de la Carbonada de Espartillar, encuentro de pretensiones más humildes pero que honra el paladar con esa aleación de duraznos, chorizo, porotos, zapallo y compañía. Todo junto sabe a gloria.
 
Festival Gastronómico en Mar del Plata / 6 al 13 de diciembre, Mar del Plata, General Pueyrredón. El año pasado coincidieron 50.000 personas en los nueve días de programación. Muchos de ellos hincaron el diente en un súper alfajor de 500 kilos o en un trineo de chocolate gigante. Pero esto es la playa y aquí se llevan las medallas los frutos de mar. Año a año, los organizadores van en procura del santo grial gastronómico: el plato marplatense. El verdadero.
 
Fiesta Nacional del Ternero y Día de la Yerra / Segunda semana de marzo, Ayacucho. Durante siete días, Ayacucho “abre sus tranqueras” para recibir a los miles de visitantes que se acercan a conocer sus raíces “tradicionalistas”. Un destilado de la argentinidad de escarapela. No falta nada en el catálogo. Truco, taba, rebenques. Los chacareros del mundo responden: 100.000 espectadores convocó el año pasado, en una pasarela de reinas y payadores de pelo en pecho y gauchaje que suda en celeste y blanco.

A la hora de los bifes, un canto de amor a la enseña patria, que es la vaca. Miles de kilos de asado al asador, otros tantos chorizos reverberan en las parrillas. Litros de vino y empanadas, saboreados en los fogones del final. Hedonismo para el estómago nacional y popular.
 

Fiesta Nacional de la Pasta Casera / Fecha a confirmar, General Las Heras. Los presupuestos previstos para la edición de este año terminaron destinados a paliar las consecuencias de las inundaciones de La Plata, aunque no se descarta una reprogramación hacia septiembre. La fiesta nació en 2011 para dotar al municipio de proyección nacional. A su vez, Pastalinda –la histórica fábrica de máquinas de hacer pastas– cumplía 60 años de actividad en la ciudad y surgió entonces la idea de un homenaje.

La chef Dolli Irigoyen hizo de madrina y el experimento funcionó. El año pasado, 22.000 personas se acercaron a la Plaza Principal, donde unos cuantos chefs les ofrecieron platos de pasta tuneados con su sello a precios módicos.

Fiesta Nacional de la Cebada Cervecera / Segundo fin de semana de enero, Puán. La originalidad no es la mayor de las ambiciones. Ni la de los anfitriones ni la de los huéspedes. Ningún chupito de hidrógeno puede competir con unos asadores dándole calor en cruz a 2500 kilos de vaquillonas y 5000 chorizos. Para Cristina Corral, de la Comisión, el predio también ayuda.

Unas 20 hectáreas a la vera de la laguna, un bálsamo para bichos de ciudad y otras latitudes. Unos 30.000 visitantes se dieron cita en la última edición y pudieron disfrutar de la clásica comparsa de jineteadas con tropilla, putting green y deportes varios. También se pueden contemplar maquinarias de los productores o muestras de granos. Da igual. La atracción principal no tiene rivales.
 
LA QUE YA PASÓ
Fiesta Provincial de la Ensaimada Mallorquina / 17 al 19 de agosto, San Pedro. En el Paseo Público de San Pedro, a menos de dos horas de Buenos Aires y Rosario por autopista, se puede degustar las múltiples formas que adopta esta masa de hojaldre, santo y seña de la gastronomía de las Islas Baleares. “Y también símbolo de San Pedro”, sentencia Juan Manuel Gomila, de la Agrupación Mallorca. El postre, en este encuentro con entrada libre y gratuita, se acompaña de otras delicias mallorquinas como el pan con sobrasada o la coca y un line up de números con impronta chalchalera. 

LA FIESTA DESAPARECIDA
Desde su bautismo en 2000, el nombre le granjeó simpatías a los cuatro vientos. La Fiesta del Chancho Asado con Pelo de San Andrés de Giles siempre tuvo un perfil ajeno a las fanfarrias de malón. Como propuesta gastronómica, un homenaje al colesterol de los buenos. El hito, cocinar 132 chanchos de una tonelada en cuatro días. José Sosa, ingeniero agrónomo y mentor de la celebración, aclara que la fiesta sigue en stand by, aunque no descarta un regreso para este año.

En el principio fue un chancho asado en un campo. Luego unos cuantos en una cancha de papi y antes de que el fuego arrebatara a los borricos, tenían repartidos 30.000 tenedores en el Parque Municipal. Todo sin infraestructura oficial. “El escenario lo armábamos nosotros, las sillas las teníamos que alquilar. Todo a pulmón”, rememora Sosa. Hasta que un día las cosas se torcieron. Una convocatoria coincidió con una tormenta y la ilusión se terminó. “Los que quedamos tuvimos que solventar las pérdidas”, se lamenta. Los chanchitos están en duermevela. A la espera de que se reactive la llama. 

Por Aníbal Mendoza

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