06.08.2013

Food sherpas: lo último en turismo gastronómico

De México a Malasia, estos guías turísticos ofrecen tours personalizados para descubrir las joyas ocultas en el mapa gastronómico de algunas de las ciudades más importantes del globo. Un Bourdain a tu servicio.


Es cierto: recorrer el mundo y hallar tesoros culinarios escondidos es posible aunque no seas Anthony Bourdain. Pero es probable que, para lograrlo con éxito, necesites un poco de ayuda de los food sherpas, los nuevos guías gourmet que son furor en las principales ciudades del mundo, y que son la clave para llegar a los rincones más valiosos de cada gastronomía local.

En su reciente artículo “Follow Them to the Food” (“seguilos hacia la comida”), The New York Times presentó a estos gurús del turismo foodie bautizándolos “food sherpas”: del mismo modo en que un tradicional “sherpa” ayuda a los montañistas a descubrir los misterios y las maravillas escondidas en los picos del Himalaya, estos nuevos guías son expertos en conducir al turista hambriento hacia pequeños paraísos de difícil acceso en el mapa gastronómico de ciudades como París, Roma, Barcelona, México, Los Ángeles y Estambul.

Pero ¿qué hacen exactamente? Organizan tours para grupos pequeños –entre dos y doce personas–, cobran una tarifa fija (que a veces incluye las comidas y otras, no) y llevan a sus clientes a conocer esa tienda camuflada dentro de un estacionamiento que vende las mejores tortas de todo Penang (Malasia), ese muy poco glamoroso local de thai noodles oculto en Los Ángeles (favorito de Bourdain en uno de sus viajes) o esa cafetería en Roma que parece estancada en los años 70 y ofrece los capuccinos más deliciosos de la ciudad italiana. También los hay temáticos: Meg Zimbeck, por ejemplo, es una especialista en quesos que lleva a los visitantes a mercados y oasis queseros inimaginados en París, además de brindarles degustaciones junto al Sena.

El servicio de los food sherpas no es barato: tres o cuatro horas de excursión tienen un costo de 75 ó 100 dólares por persona, o bien 1.000 dólares por grupo reducido. Pero tanto estos anfitriones como sus clientes aseguran que la experiencia vale la pena. Será cuestión de tiempo que la tendencia haga eco en Buenos Aires. Al menos, eso esperamos.

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