30.05.2013

Reapertura y renovación: así es el nuevo Chila

Luego de tres meses de obra, reabrió uno de los mejores restaurantes porteños, en Puerto Madero. El local luce más moderno y la propuesta gastronómica de Soledad Nardelli es cada vez más creativa.


Después de tres meses de estar cerrado por obra, a mediados de mayo reabrió Chila, uno de los restaurantes más ambiciosos de la ciudad en cuanto a su propuesta gastronómica. Creación del empresario Andrés Porcel, el local que funciona en Puerto Madero desde 2006 se ha renovado, sobre todo en su estética. Se agrandó la cocina y ahora está a la vista: de hecho, es lo primero que uno ve ni bien ingresa al salón. La barra de tragos (donde también se puede comer) se ubica en el fondo, frente al salón con capacidad para 68 cubiertos divididos en dos espacios, separados por un ventanal de vidrio.

La vista al dique se mantiene intacta. Chila luce más descontracturado y moderno: ya no hay manteles blancos hasta el piso sino mesas de madera con individuales y centros que irán variando cada quince días. En las paredes y columnas, predomina el negro y el gris cemento. Otro cambio radical es que ahora abre solo de noche convirtiéndose, de esta manera, en el único restaurante de Puerto Madero que cierra al mediodía. En los fuegos sigue la creativa Soledad Nardelli que ofrece un menú fijo de siete pasos ($550, o $750 si se lo marida con vinos Chandon), y otro de 3 pasos ($350), en el que se puede elegir una entrada, un plato y un postre.

MUCHO MÁS QUE UN PLATO BONITO
Cada plato es un pequeño cuadrito. Una obra única, tanto en presentación como en sabor. ¿Ejemplos? El riñón de cordero con hongos de Valeria del Mar y piñones de araucaria, o el boga del río Paraná con olivas negras de La Rioja y limón. En los platos (que irán varíando cada dos meses) siempre se resalta el origen de sus materias primas y, de hecho, se entrega junto con ellos un mapa de la Argentina donde se detalla de dónde llega cada producto. La argentinidad se percibe también en la carta de vinos: las 250 etiquetas de su cava a la vista son locales, salvo algunos champagnes.

Los postres merecen un párrafo aparte. Algo tan simple como un típico Queso y Dulce puede resultar algo completamente distinto a lo que te imaginás. Te llega en un plato con una bochita de helado (ese es el dulce de batata) y un círculo formado por lo que parecerían ser piedritas blancas y otras de colores brillantes. La piedritas blancas son el queso Lincoln. Las demás: cayote, yacaratía (madera comestible) confitado y aguaí (típico fruta de Misiones), entre otras frutas disecadas. Una experiencia diferente. Y muy sabrosa.

EL CUIDADO DE LOS DETALLES
Chila es uno de esos restaurantes que mima al cliente, desde el comienzo hasta el final de la comida. Desde el appetizer de entrada (una mousse de queso Lincoln con paté de hígado), pasando por su ya clásica panera (panes de maíz, de chicharrón, de hongos, al Malbec con pasas, focaccia, entre otros), hasta los petit fours a elección que llegan en bandeja con el café (Nespresso). Para elegir el té (Ivy) te traen tubos con hebras para que sientas el aroma. Y cuando te vas, te regalan una mermelada casera. ¿Algo más?

Por Claudio Weissfeld


Chila
queda en Alicia Moreau de Justo 1160, Puerto Madero / T. 4343-6067
Abre todos los días a partir de las 20 horas.

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