22.11.2013

Saint Andrews: encanto brasileño lejos de la playa

Este hotel boutique está enclavado en las sierras de Gramado, un Municipio de Brasil más parecido a Suiza que a las playas paradisíacas de catálogo. Conocelo.


La postal de Brasil con las palmeras, el sol y el carnaval tiene un sinfín de atractivos fuera de cuadro. Uno de ellos es Gramado, la cenicienta del Estado de Río Grande du Sul (fronterizo con Uruguay), en medio de unas sierras gaúchas (gentilicio correspondiente a esa zona del sur) que convidan al remanso de una intimidad subtropical, con ríos y montañas que le hacen sombra a las cidades maravilhosas.

En un paisaje afín a los Alpes europeos se emplaza el Hotel Saint Andrews, que en solo tres años puede vanagloriarse de exhibir galones que otros emprendimientos no consiguen en una centuria: a los nueve meses de su apertura fue elegido “Mejor Hotel de Lujo” del país por la prestigiosa guía Quatro Rodas y este año el establecimiento de categoría seis estrellas atesoró el premio de “'Mejor Hotel Boutique de Brasil”, concedido por World Travel Awards gracias al voto de la gente.

Y al contemplar la gran casona, empiezan a justificarse las insignias en los anaqueles. Su nombre y su arquitectura se inspiran en los castillos de la región homónima de Escocia, con decorados que rememoran y homenajean a la patria del whisky. Sin embargo, su concepción de la elegancia no es solo relectura: sus atributos le conceden una personalidad imponente.
 
CLÁSICO Y MODERNO
El Saint Andrews se emplaza en el condominio residencial Vale do Bosque, a dos kilómetros del centro de Gramado. Desde sus ventanas se atisba el deslumbrante Vale do Quilombo, considerado uno de los paisajes canónicos de la ciudad.

La oferta es exclusiva: puede cobijar a 22 huéspedes privilegiados, que se alojan en ambientes proyectados y decorados con una óptica de sofisticación atemporal. Los muebles y los objetos clásicos –algunos de ellos creados por el arquitecto y decorador Luiz Mori Neto– maridan con los diseños minimalistas de los tejidos y empapelados importados de Inglaterra, dándole al entorno una impronta intimista.
 
El hotel recibe a sus visitantes en un hall donde reina una lámpara de araña María Tereza de cristal checo con 18 brazos. Al lado, un welcome bar y una conserjería evocan a las fortalezas del Imperio Británico. Entre los objetos de decoración hay réplicas de piezas de los siglos XVI a XVIII pintados a mano con detalles en bronce.
 
Por su parte, el restaurante del Saint Andrews es bien íntimo: tiene apenas cinco mesas, cada una con su propia araña de cristal en color champagne o blanco. Junto al salón, un gazebo estructurado en acero y vidrio proporciona una explosión de luz, con vista hacia el lago y el jardín. Otro ambiente de excepción es la sala de cenas reservada, que acomoda hasta seis personas en una mesa rectangular estilo Chippendale, donde se puede comer a la luz de las velas mirando al valle.
 
La piscina climatizada se ubica en un área cubierta con columnas, inspirada en las antiguas termas romanas. Dos fuentes con figuras de leones completan el paisaje de regresión a tiempos inmemoriales.   

Las suites son un caso aparte. Cada una de las once tiene una decoración única, con diferentes objetos y colores relacionados con su filiación, ya sea Jade, Perla, Esmeralda, etcétera. Todas ellas cuentan con servicio de mayordomo las 24 horas y un mobiliario de chiches tecnológicos para quedarse a vivir.

LA SUIZA BRASILEÑA
La estética europea del hotel no hace, en absoluto, eco de las pousadas, el alojamiento típico de nuestro país vecino. Pero está muy bien enmarcada en la singularidad de Gramado, un mundo propio que poco tiene que ver con las cartas marcadas del turismo brasileño.
 
Su skyline lo conforman casas adornadas por jardines de cuentos de hadas que llevan la firma de los colonos alemanes que se asentaron en el siglo XIX. A Gramado se lo menta como la Suiza brasileña: desde los 900 metros de altura, el paisaje recuerda a un entorno alpino, más aún en invierno, cuando las sierras se cubren de nieve.

Esta identificación geográfica alcanza su máxima expresión en el parque temático Mini Mundo: una maqueta gigante cuyo itinerario de castillos, plazas, iglesias, lagos y casas típicas reproducen los estilos de la herencia germana.

Por otro lado, el embellecimiento del espacio urbano es política de Estado y vocación irrenunciable de sus habitantes: las calles lucen impolutas y las flores no faltan en ninguna estación. De clima templado y con temperaturas que promedian los 20 grados, esta villa se convirtió en el destino por excelencia del sur, elegido por el turismo interno que llega cada año para descansar del verano perpetuo, la congestión y el soundtrack de las batucadas a deshoras.

Asentado en el corredor turístico conocido como “Región de las Hortensias”, en Gramado confluyen sierras, valles, arroyos cristalinos y bosques con árboles de otra época. Así bendecida por la naturaleza, esta tierra forma parte de la Ruta del Vino del sur de Brasil, cuyas parras devuelven en los últimos años un producto que compite en las mejores catas del mundo, legado de las colonias de italianos que se asentaron en la región. Más no se puede pedir.  
 
DATOS ÚTILES
La ciudad de Gramado se encuentra a 110 kilómetros de Porto Alegre, donde está el aeropuerto Salgado Filho. TAM ofrece vuelos hacia allí con escala en San Pablo. Desde el aeropuerto de destino, un chofer lleva a los huéspedes hacia el hotel. Los precios para alojarse en las once suites de Saint Andrews parten de los 770 dólares por habitación. Hay programas especiales como Escapada Romántica, Día de Novios y Festival de Trufas Blancas. Más información en www.saintandrews.com.br. Reservas escribiendo a reservas@saintandrews.com.br.

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